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El periodista de EL LIBRE Paco Núñez.

Media vida deambulando por este mundo de arenas movedizas

Actualizado 15/04/2026 19:38

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Estuve a punto de no nacer. Fui un descuido afortunado de mis padres, esas pequeñas casualidades que se dan de vez en cuando

Viví de cerca el miedo a ETA porque mi padre, Manuel, era guardia civil en los años 70 y 80, los años de plomo. Nunca perdonaré a esos hijos de puta porque no sólo jodieron la vida de los que mataron y a sus familiares. También fastidiaron mentalmente de forma seria a los miembros más sensibles de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. «¿Seré el próximo?», se preguntaba el picoleto y clarinetista. Sufrimos esa angustia en mi casa a diario durante años.

He jugado más de 1.000 partidos de baloncesto y lo echo de menos. El tenis de mesa llena ese vacío (no es lo mismo, pero me sirve para soltar adrenalina). Fui padre a los 40 y el Gordo, ese año del Señor de 2015, acabó en 40 (gané más de 200 euros).

Como un gladiador, he tenido que luchar contra rinocerontes y otomanos con cimitarra que querían anclarme en el suelo del fracaso. Pude morir ahogado en una piscina en 1997, pero me salvaron in extremis y vomité agua (estaba empezando a ponerme morado, faltó poco para acabar en un nicho). Después de ese susto, aprendí a nadar.

También pude diñarla el día que, saltando a por un rebote en una pachanga baloncestística, pisé un balón de fútbol que me vino de sopetón y me caí de espaldas. Pero aquí sigo dando por culo.

Flirteando con la muerte

En agosto de 2008, mi mujer y yo volvimos a Sevilla desde Tenerife en avión. Era el modelo de Spanair que, un día después, sufrió un fallo y salió ardiendo. Murieron 154 pasajeros (sólo se salvaron 18). A veces, la diferencia entre la vida y la muerte es estar en el momento equivocado en el sitio erróneo. Si Dios tiene un plan para mí, está claro que quiere que siga por aquí quizá para seguir siendo el azote del Gobierno de Moreno Bonilla para que no privatice la sanidad.

Llevo con Laura más de 30 años y puedo decir que es una persona excepcional. Hemos pasado por todos los estadios posibles: pasión; fiestas locas; escapadas románticas; noches a la luz de la luna; viajes inolvidables a París, Roma, Venecia, Florencia, Palermo, Nueva York, Filadelfia, Washington, Londres, Cardiff, Lisboa, Oporto, Túnez, Tetuán, Madrid, Barcelona, Mallorca y Valencia; crisis relevantes; intercambios de pareceres (discusiones nunca, nunca, nunca); física y química a raudales; deportes compartidos; poemas dedicados; juegos de mesa en las tardes invernales… Unos auténticos supervivientes del amor.

Ahora somos padres y tenemos a Alicia como motor de nuestros actos. Es una niña increíble, un torbellino de respuestas sorprendentes y aprendizaje mutuo. Vamos los tres caminando de la mano hacia no se sabe muy bien dónde. Siempre recelo mucho de esos padres que se creen en posesión de la verdad y que escriben libros sobre la educación de sus hijos… Cada familia es un mundo y cada día es un auténtico reto para convivir los tres (dos que creen conocerse muy bien con una pequeñaja que empieza a hacerse adolescente). El tetris de encajarlo todo sin enfadarse. Ser firme, pero amable. ¿Cómo coño se hace eso?

Descubrí el Valle del Jerte con mis suegros, grandes senderistas (Lola, siempre en mi corazón), y conocí a fondo la Sierra de Huelva. Me bañé en Los Pilones sin darme cuenta de que me había metido los calcetines en los bolsillos del bañador. Había un motel llamado El Junco Feliz en Hervás, toda una experiencia. Fue un viaje inolvidable aquel verano de 1998 sin móviles ni GPS, igual que los cientos de debates de sobremesa con olor a barbacoa en La Dehesa.

Lazos familiares

Mi hermano mayor, Manuel junior, fue clave en mi crecimiento. Me llevó de la mano al cine a ver Arma letal, Karate Kid 2, Cobra, el brazo fuerte de la ley, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Panorama para matar, Indiana Jones en busca del arca perdida, GremlinsIndiana Jones y el templo maldito, Indiana Jones y la última cruzada, Dos pájaros a tiro, Rambo, Rocky IV y Rocky V, entre otras muchas.

Con su primera beca, compró un vídeo Beta marca Sony y fuimos de los primeros en tener un reproductor de esas características en el barrio de Las Colonias. También me inculcó el amor por los tebeos (aquellos cómics de Spiderman colocados en un tendedero… insuperable), la música y los cromos (las llamábamos estampas). Mi hermano y yo formábamos un tándem aparentemente indestructible, como Karl Malone y John Stockton o Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal…

Supongo que algunas relaciones son como la energía: no se destruyen, sólo se transforman, y hay veces que están con las pilas a tope y funcionan de maravilla y, en otras ocasiones, la batería baja dura demasiado tiempo y limita la interacción. De todas maneras, tenemos una química especial que durará para siempre. El Tato y yo, hermanos de sangre, de cancha, de barra, de cine y de escenario de parodias familiares.

Mi hermana Marioli, que también sufrió las inclemencias de aquella selva setentera y ochentera, con la delincuencia campando a sus anchas y demasiados cabezas de familia ahogando sus penas en alcohol, sacó su carácter, salió adelante y, a día de hoy, tiene una estabilidad laboral y económica que ya quisieran muchos. A veces, la ira le invade, como a un servidor, pero ahí están Oliva y Manolo junior para traer la calma.

En el colegio Juan Luis Vives fui feliz, aunque aquello era una jungla (años 80, gente de extrarradio…). Como era gordito, empollón y ligeramente superior a la media en inteligencia y ganas de aprender, recibí bastantes golpes (bullying lo llaman ahora). Una vez aprovecharon el descanso entre clase y clase para incrustarme en una oreja un bastoncillo para limpiar los oídos. Me lo metieron tan fuerte que todavía puedo sentir el pinchazo. Y en la Plaza de los Dolores, donde vivía, era peor, porque se trataba de la época de un yonqui en cada esquina con una aguja clavada en el brazo. A veces, tenía que sortear las jeringuillas que se amontonaban en los bajos de mi bloque. Triunfaban Los Chichos y Los Chunguitos.

Violencia cotidiana

Una vez, El Alacrán me amenazó con una navaja, pero no llegó a clavármela. Había un chaval, El Pikolín le decían, que un día me saludó dándome una patada en el pecho sin venir a cuento (había mucha familia desestructurada). Recibí dos pedradas en la cabeza (una de ellas era grande y el nota la lanzó desde arriba, a 30 metros de distancia). En esa jaula de grillos tenías que defenderte a golpes, pero mi madre me decía que no le pegara a nadie y a mí no se me daban bien los enfrentamientos. Yo hoy, a mi hija, le digo que lo primero que tiene que hacer si un niño le acosa es pegarle una patada en los huevos, porque luego ya se sabe: que si el protocolo no ha funcionado, que si el maestro de turno no vio nada… No quiero que le pase como a mí, que parecía el punching ball de mi idolatrado Rocky Balboa.

De todo ese ambiente tóxico me salvó el baloncesto. Me di cuenta que no se me daba mal (para el fútbol era un negado) y, cuando cumplí 9 años, empecé a lanzar el balón Mikasa a la canasta de minibasket del colegio. Y comencé a meterlas. Ganamos un año el campeonato escolar y ya no hubo marcha atrás. Yo iba a practicar desde entonces el deporte de Nikos Gallis, Petrovic, Epi y Villacampa. No llegué a jugar en el Madrid ni en el Caja San Fernando, pero sí en Anystar, uno de los mejores equipos de Huelva capital y también uno de los más longevos (acaba de alzarse con el Trofeo Mamba Basket de Veteranos). Gané con ellos dos ligas del Patronato Municipal de Deportes.

Cerca de tres décadas con la grabadora y el cuaderno

Tanto personal como profesionalmente, siempre he sido directo, nunca me han gustado los paños calientes ni las medias verdades. Estudié la carrera en la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla, donde conocí a auténticos personajes: capillitas recalcitrantes, pijos redomados, salidos insaciables, locos del Carnaval de Cádiz, uno que se bebía un litro de batido de una vez, otro que todos los días se comía un bollo de cabeza de cerdo y queso… En el bar El Guirigai descubrí los desayunos con sobrasada. Y todo lo que aprendí en la carrera estuvo bien, pero ningún profesor (ni siquiera el amargado de Rafael Galiana) nos preparó para la precariedad laboral que nos esperaba.

Llevo 28 años ejerciendo el periodismo casi sin parar: Teleonuba, La Voz de Huelva, Odiel Información, El Mundo, El Pueblo de Ceuta, Radio Nacional de España, Diario Marca, Huelva Información, Imagen y Comunicación del Sur, Ceimagen, Diario de Sevilla y EL LIBRE. Este último pertenece a la Asociación Justicia por la Sanidad y puedo decir que por fin he encontrado mi lugar en el mundo. Luis y Antonio, ha sido una gran suerte haberos conocido. Aprendo de vosotros cada día.

Yo entrevisté a Jesús Quintero

Tengo que estar satisfecho porque he entrevistado a gente muy interesante, desde un Manuel Carrasco recién salido de la Academia de Operación Triunfo hasta los actores José Coronado, Francisco Rabal y Jeremy Irons pasando por los deportistas de elite Arvydas Sabonis, Marc Gasol, Dejan Bodiroga, Gervasio Deferr, Diego Moisés Santos y Emilio Martín. Estuve con Pau Gasol, pero un jefe de prensa me dijo que no se podían hacer preguntas… Por lo menos, me llevé una firma y una foto y pude estrecharle la mano al hombre que, durante 20 años, insufló grandes dosis de felicidad a mi vida.

Escritores de la talla de Javier Cercas, María Dueñas, Juan José Millás y Almudena Grandes también pasaron por mi grabadora, igual que María León, El Brujo, Antonio Canales, Enrique Morente o Fran Perea. Y le conseguí a mi madre un autógrafo de Sara Montiel. El cantautor Ismael Serrano me dijo que le había gustado mucho cómo había quedado la página y Jesús Quintero también me felicitó tras entrevistarle. No hay premio más grande que ése.

Además de todo ello, he participado como actor en dos obras de teatro (hice un monólogo colgado del techo del Teatro Alameda de Sevilla en los años 90), tres cortometrajes y un vídeo musical. He escrito dos libros y, aunque no he plantado ningún árbol, sí tengo plantas en casa, incluido un pequeño naranjo en una maceta. También participé en una performance imitando las voces de Ramón Trecet y Andrés Montes en una sala del Mercado del Arenal y siempre he sido torpe para el bricolaje.

Estructura y coyunturas de una vida

Todo lo vivido ha sido increíble. Las vivencias ocasionales, excepcionales, se vuelven repetitivas gracias a la memoria. Y los actos rutinarios pueden tener un aliciente escondido. Me han dado con la puerta en las narices, pero he tenido narices para romper muchas puertas. He sido a veces un joker y he sacado algún que otro truco de magia en el último segundo para salvar la situación. He dado respuestas demasiado sinceras a preguntas demasiado atrevidas. He estado en situaciones berlanguianas y almodovarianas… y alguna que otra hitchcockiana.

He bailado más de 1.000 veces sin fiebre en sábado noche y he cantado que sobreviviré en tropecientas ocasiones. Reivindico el karaoke, el tenis de mesa y las tardes de café y conversación como tratamiento de choque para el alma. Disfruto viendo exposiciones: he tenido el privilegio de ver con mis propios ojos el legado de Tartessos, el Antiguo Egipto, el Imperio Romano, el arte japonés, las máscaras de Méjico y la vieja Cartago. Me he regocijado contemplando dibujos originales de maestros del noveno arte como John Romita, Fernando Fernández, Frank Miller, Joe Kubert, David Rubín, Todd Macfarlane y Francisco Ibáñez. He visto un cuadro enorme de Jason Pollock y un mamut de la Prehistoria… La cultura siempre ha estado presente en mi vida como revulsivo, como catalítico y como aventura inabarcable. Ojalá pueda transmitirle a Alicia ese amor por el conocimiento en cualquiera de sus manifestaciones. Por ahora prefiere el Youtube.

No quiero poltronas, prefiero la moto de Tron. No quiero tonterías, prefiero seriedades sinceras. No quiero eufemismos, prefiero la verdad directa y seca, como un trago de bourbon peleón. No me des coba, sólo un abrazo y tiempo para compartir. 

¿Lo he soñado todo? Si es así, no quiero despertarme. 

Lugares con un significado especial

El Bar Cotton, el Colegio San Pablo, la Ciudad Deportiva, los salones de don Manuel (el legendario Telesemanal), la mesa del corte, el García Lorca, la cancha de VOSA, el grupo de jóvenes de la parroquia, el IES Pablo Neruda, la discoteca Alameda 9, el Geranio, el Argantonio, la discoteca La Reja, el Nona, las Colombinas, el Calé, el cuartel de Eritaña, la Plaza de España, la casa de Gonzalo de Bilbao, la Parrapa, Nostromo Cómics, el Jomapa, Bodeguita Nicomede, Bodeguita Reyes, la Caseta de Antonio, el Monasterio de La Rábida, el Trastero, el Grial, la Pizzería Damichi, Julio el Argentino, el Savarín, la Biblioteca del Molino, la Casa de la Cultura, la Casa Colón, la calle John Lennon, la Plaza de las Monjas, el Parque María Luisa, el Parque de la Almendra, el Conquero, la Plaza de la Soledad, Benzú, Hytasa, Porto do Son, el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, la Aduana, Librería Guillermo, Papelería Toscano, El Pelao, la cancha de Bellavista, la mesa de ping pong de Zufre, la Tasca de Lupita, el Restaurante Chino País Divino, la cancha del Femenino (que en realidad era del Rábida), donde todo comenzó… Son elementos que se adhieren con resina a las arrugas de mi memoria. Vivencias vívidas vividas en media vida.

Y así, haciendo katas en la colina de la esperanza, golpeando moscas con los nudillos, mirando de reojo a las nubes negras, palpando la rugosidad de un rostro ajado, goteando sangre por ser coherente, gritando en el pantano del confín del mundo, superando alguna que otra traición, hipotecando mis principios y mis finales y tallando en piedra mis aciertos y mis muchas cagadas, ha ido pasando el tiempo.

Viento, tiempo y entendimiento, tres puntales de la existencia que las nuevas generaciones deben tener muy en cuenta. De Los Dolores al dolor de la preocupación adulta. Del olor a tasca de vino y mus de Las Colonias a las pizzas a domicilio del Área Metropolitana de Sevilla. La vida es una canasta, un aro que a veces se hace grande o pequeño en función de las expectativas.

El azote de los políticos

Comienza la segunda parte del partido de mi vida, como diría Banderas, lleno de incertidumbre, con una posible remontada por delante, cicatrices en piel y corazón y bombeando esperanza… A esta edad, la ilusión se viste de raciocinio y de sentido común. Sólo quiero que a mi hija le pasen cosas buenas y que no haya paz para los malvados, que cada cerdo encuentre su peste porcina particular. Que los amigos sean de verdad, tenerlos más presentes en mi vida, no sólo por WhatsApp sino en persona, con una cerveza de por medio. Y seguir viendo anocheceres desde mi casa del Aljarafe, con colores indescriptibles, un horizonte mágico que me depare toda la felicidad posible mientras sigo siendo el azote de los gobiernos sucesivos de la Junta de Andalucía y de todo aquel político que falte a su palabra y se ría de los ciudadanos. Tampoco cejaré en mi empeño de denunciar periodísticamente a bancos, compañías de teléfono, de seguros y de electricidad que ningunean a diario a los clientes. Eso se tiene que acabar.

Hay que seguir luchando, poniendo el granito de arena necesario para que esta cueva de Platón tenga algún sentido. Hay que abrazar, tocar, querer, reír, jugar y desahogarse. Hay que poner semillas en malas tierras porque lo bueno no es siempre lo que parece. Tenemos que ayudarnos mientras podamos.

Los viejos valores

Seguiré dando un paso detrás de otro por este mundo surrealista, de guerras híbridas y codicia sin fin, de arenas movedizas que te van engullendo si no estás atento, si no te agarras a la rama adecuada. Hay que culebrear para salir adelante, pegarse pellizcos cuando estás desfallecido y desconfiar de la sonrisa exagerada. Tramar postulados que defiendan los viejos valores (honestidad, respeto, tolerancia…) y rebajar la furia. Pero este puto mundo de locos saca de quicio a cualquiera.

Perdonen por dar tanta tabarra, pero comprendan que llevo meses padeciendo la crisis de la llegada del quincuagésimo cumpleaños. ¿Ha valido la pena todo esto? ¿Tendré achaques dentro de cinco años? Si ayer estaba jugando con los muñecos de Star Wars, ¿cómo puede ser que ya tenga tantas canas y no aguante de pie dos horas viendo un concierto? En tiempos de agobio, me aferro a tres mujeres que han marcado mi vida, con tres nombres preciosos que pasarán a la posteridad como personas de una nobleza inconmensurable: Oliva (mamá), Laura (la mujer de mi vida no matter what) y Alicia, la diástole de mi día a día.

Cuando ya no esté, queridísima Alicia, no te olvides de poner la banda sonora de Rocky en mi funeral. Quiero atesorar ese recuerdo del año 2006 subiendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia gritando: «¡Lo he conseguido!».

Postdata

Hoy, 22 de diciembre de 2025, es mi 50º cumpleaños y llevo en la cartera varios décimos. ¿Y si me toca el Gordo? Empezaré la cuesta abajo (o arriba, según se mire) con una sonrisa de oreja a oreja. Las tres cicatrices de mi cabeza (y la de la rodilla, consecuencia de haber atropellado yo a un coche parado cuando era crío) me siguen recordando cada día que, aunque la vida a veces duela horrores, se atisba un rescoldo de ilusión al final del camino, cuando todos seremos luz.

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2 respuestas

  1. Una radiografía estupenda de tu vida!!! Ojalá en los próximos años sigas haciendo más y que no te tengan que hacer de otro tipo…Gracias por desnudarte ante nosotros. Un placer. Feliz cumpleaños y feliz año. Un abrazo

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