libro basura

Una ilustración que significa la degradación de la cultura en España.

Cultura, Opinión

La muerte pegajosa y el calor con moscas de toda la cultura española

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Pintores sin una perra gorda, escritores pobres de solemnidad, músicos que vuelven a tocar en la calle, cineastas que buscan curro en grandes almacenes… la ruina entera

España siempre manejó las mismas estadísticas, aproximadamente desde hace 25 años, cuando este país se quitó la roña del franquismo y a base de comunicaciones, poquito a poquito, empezamos a ser modernos. El apunte de libreta es el siguiente: el 55 por ciento de la población no lee nada (ni prensa), y del 45 restante, solo el 16 por ciento lee cinco libros al año. Aquí jamás se premió el desarrollo intelectual, nunca fuimos Francia, Inglaterra o Alemania. Los tipos más listos -los del yate y el avión privado- hicieron gala televisiva de su analfabetismo: El Pocero, en últimas nupcias, antes Gil y Gil, por ahí todo seguido y a doble espacio. Se hacían y hacen ricos los más brutos, sí. Una cultura pobre genera un país pobre. No hablemos de la covid-19, no hablemos de la crisis actual del látex y lo hidroalcohólico por vía manual, vayamos atrás. Marcha atrás en este calentón.

No hablemos de novela, ni de géneros mayoritarios. Teatro. Impartido en varias escuelas, universidades y facultades nacionales… con un público cautivo rendido en el patio de butacas, con empresa y negocio privado. Vamos allá. Analicemos tres autores.

Francisco Nieva, en primer lugar, académico desaparecido y con todos los premios habidos y por haber, del Nacional al Príncipe de Asturias. Nieva compila su obra completa en 1991. Editada por la Junta de Castilla-La Mancha. Estuche de tela, 100 páginas de dibujos, una maravilla completa. Rafael Conte le dedica una página entera en la tribuna más orgullosa de ABC. Se pregunta entonces por el destierro del teatro de la literatura, loa la maravilla. Obra publicada en revistas, mucha inédita, aquí y allá, todo precario. Un lustro tendría que esperar Nieva para ver estas páginas amarillas subidas a las tablas, hoy pasto de librería de viejo, almoneda y baratura, sobras completas, escombros y despojos de casquería, cero interés público, rara vez en un estante. No es UVI lo que entonces era cultura española sino pura morgue. Muertos sin sepultura. Nieva editado a lo rico por una comunidad autónoma en plan boletín. De risa y llanto.

Vayamos con otro gigante del teatro, venga. Arrabal. Compila su obra en dos ocasiones. Una en Madrid, año 1997, en Espasa, y ahora viene la broma entera: pagado por la Ciudad Autónoma de Melilla (¡otro boletín!). La última en León, Ediciones Everest, año 2009: pagado por la Junta de Castilla y León además del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Acojonante. Muy completa esta última: fotos, dibujos, afiches personales. Ambas ediciones da igual si se venden o no, cero tiradas sucesivas. Se publican una vez (por riego institucional) y a correr millas. Pasto de almonedas y librerías de compra-venta, sin opción a una segunda reimpresión, sin la supervivencia clásica de los derechos de autor para quien firma los tochos, obra tan viva en papel como muerta. Luego ya, suelto, escolar, puro bachiller, algún título en Cátedra, igual de desolado, destinado a EGB, ESO o derivados. Así premia España. Nieva y Arrabal, difícilmente más famosos en su campo, en la pura cuneta editorial y lectora patria, apenas una broma, saldo y esquina. Así premia España: madrastra antropófaga con sus mejores hijos naturales. Vayamos con un tercero.

El tío que más dinero ha ganado con el teatro en España ha sido José Luis Alonso de Santos. Reunió su obra en dos tochos, Editorial Castalia, 2008, con la Diputación de Valladolid detrás, según rezan las guardas. Excelente despliegue fotográfico, cartelería interior, buen gramaje y mejor envase. Bajarse al moro fue película de éxito, obra teatral con gran taquilla, yace sepultada entre las pastas anteriores igual de coqueta que las demás. El vulgo paga por descojonarse, ser un rato feliz, estupendo. Las señoras se visten para el estreno, el calvo se peina con el cepillo de dientes por los lados, y así hembra envisonada y calvo reluciente llegan tarde al estreno y discutiendo para que todo el mundo, girándose, los mire.

Alonso de Santos: dos tomos, flor de cuño, sello vallisoletano, en mitad de la cultura de la subvención, la risita de conejo y el pastón atado con goma, como los tratantes. Recuerdo un artículo suyo, tibio y vaporoso, donde decía que Artaud estaba muy bien para ir de maldito por los cafés, pero nada tenía que ver con el negocio de la escena. Los listos, ay, siempre separaron ocio y negocio, aunque luego puestos a demostrarlo, nunca se supo la orilla exacta de su morada. ¿Eh, majo?

Acabemos con un monstruo. Fernán-Gómez. El caso más dramático, gigante absoluto. No ve su teatro completo publicado en vida, se edita de forma póstuma en 2019, mil y pico páginas, sabrosos apéndices, por Galaxia Gutenberg. Miembro de la Academia Española, un sinfín de premios y galardones, sus novelas en Espasa no se vendieron mucho, pero la obra que más le hubiera gustado ver impresa quedó ciega. No tuvo ni a Castilla La Mancha detrás ni a la Junta de Valladolid, qué va. Solo a una sobrina que saquea ordenadores, no despega el teléfono de la oreja y lucha por la memoria de su tío a brazo partido, inasequible al desaliento. Su teatro entero desde 1938 (El mundo de Papá Dick) a 2007 (El mundo de Arniches). ¿De qué coño es este país grande en lo cultural? Una mierda pinchada en un palo. Fernán Gómez, siempre arte de escritura, sin lectores a pesar de su poética inflamable: “De entre estas cosas, la de actuar, la de dirigir y la de escribir, elegiría esta última, porque me produce más placer que las otras dos”. Penoso.

Acabemos con el mejor chiste. Francisco Umbral. Cambio de tercio y de palo. Un Premio Cervantes con obra varia de todos los géneros habidos y por haber. Planeta descataloga el grueso de su producción en 2008 (lean el artículo que publicó El Español, dirigido por Pedro J. Ramírez, ángel custodio del escritor, bajo el marbete El ocaso de Umbral: su Fundación salva de la hoguera su fondo editorial). Muerto el autor, vinieron a decir los editores, se cierra el bar. Cualquier papelito de un gran escritor, cualquier menudencia, en Francia cuenta con el mayor proteccionismo, becas y tesis, recuerdo perpetuo de su memoria, viveza e ilusión. Aquí todo es morgue. Calor y moscas. Ese invento de la cultura española que, desde Machado, desprecia cuanto ignora. Espeluzna. Aterroriza. Barbarie plena, ignorancia rasa. Putas, puros y fútbol. Borracheras y pitanzas barrocas y faltonas. La bestia, al despertar, sigue ahí. Patria de conejos y escopeta. Esperanzas desinfladas y barrizal. Nieva, Arrabal, Alonso de Santos, Fernán Gómez, Umbral… enterrados donde la noche no puede ser más obscena.


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2 comentarios

  1. Hombre pasa una cosa : los clásicos españoles p ej en poesía : Góngora y Quevedo…no tienen una buena edición de sus » Poesías completas «. Quevedo sí ; hace muy poco el » Parnaso español » en una edición con un papel buenísimo y letra diminuta. Góngora no tiene una edición de su » Poesía de » que debería ser forzosamente comentada. Desde el punto de vista económico…pero…qué hace nuestro Ministerio de Cultura ? Ha de ser todo Almodóvar y Torrente ? No hay un duro para lo excelente excelso nuestro ?

  2. Avatar Mercedes

    Muy buen artículo y bien ciertos sus argumentos.

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