acorralado

John Rambo lucha por su supervivencia en 'Acorralado' (1982).

Cultura, Opinión

‘Acorralado’ cumple 40 años: la rebeldía de un veterano del Vietnam contra una sociedad cruel y hostil

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La primera parte de la saga de John Rambo se estrenó en el verano de 1982, mostrando las secuelas de una guerra brutal que estigmatizó a los veteranos y que les cerró las puertas de la reinserción

Acorralado, esa traducción libre (y muy acertada) de First Blood. Acorralado, posiblemente la primera película de acción non-stop de la historia del cine. Ted Kotcheff prescindió de escenas de transición y de las típicas conversaciones largas de las pelis policíacas de los años 70 para mostrar de manera cruda, con una banda sonora espectacular de Jerry Goldsmith, una cacería humana que esconde un break point: un hombre solo en camiseta de tirantas, en el duro invierno de Hope (Washington), parecía una presa fácil para un grupo de policías comandados por el prepotente sheriff Will Teasle (un Brian Dennehy en estado de gracia), pero eran ellos los cazados en lo profundo del bosque. Una trampa mortal para urbanitas, el hábitat natural de un boina verde que «come cosas que harían vomitar a una cabra».

Rambo, modo guerrero activado, demuestra lo bueno que es en la lucha cuerpo a cuerpo (impactante cómo se cose él mismo la herida de su brazo con el hilo y la aguja de su cuchillo de supervivencia), en la guerra de guerrillas y en terreno selvático… pero no hay que olvidar que John viene tocado del Vietnam (esa escena en la que una cuchilla de afeitar le recuerda las torturas a las que se vio sometido, presa de los charlies).

«No he venido aquí para salvar a Rambo de ustedes sino a ustedes de él», sentencia Trautman ante un incrédulo sheriff provinciano. El papel del altivo coronel iba a encarnarlo en un principio el mítico Kirk Douglas, pero el protagonista de Espartaco quiso meter mano en el guión. Se le ocurrió la maravillosa idea de matar a Rambo (así acaba la novela de David Morrell) y de que Trautman se enfrentara al sheriff, asumiendo el rol de su hijo putativo. Esa locura no iba a rodarse, así que Douglas se largó y llamaron a Richard Crenna.

El final del filme con la muerte de Rambo llegó a rodarse, pero, en una proyección de prueba, los espectadores salieron enfadados, porque no les gustó que el soldado, después de sufrir tanto, acabase de una forma tan denigrante (una decisión que benefició muy mucho a Sly, que pudo ganar muchos millones de dólares rodando cuatro secuelas más). A continuación, pueden ver ese final alternativo que se quedó en la sala de montaje:

Muchos puristas criticaron que una estrella del cine como Sylvester Stallone recibiera un homenaje en Cannes, el Festival de los Festivales, en 2019 con motivo del estreno de Rambo: Last Blood. Muchos críticos se la tienen jurada a Sly por haber explotado a sus dos personajes franquicia hasta la saciedad. Pero Stallone no es solo Rocky y Rambo. El italoamericano creó un estilo de hacer cine con el primer Rocky en el que la acción no estaba reñida con los sentimientos.

Y esa filosofía cristalizó con Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), donde se ponen de relieve de forma descarnada las consecuencias de la Guerra de Vietnam y el shock que sufrían los excombatientes cuando volvían a su patria y se encontraban con el rechazo de una sociedad marcada por el lema Haz el amor y no la guerra.

Tras escenas de acción de gran crudeza (la persecución en moto por el pueblo, la caza al hombre que se da la vuelta como un calcetín, el increíble manejo de la ametralladora M-60 como si fuera una escopeta de feria…), el monólogo final de Rambo ante el inefable Coronel Trautman narra con extremo realismo las monstruosidades que se vivieron en Vietnam. «No encuentro las piernas (de mi amigo Joey)» es la frase correcta, no la que se inventó Santi Urrialde en Esta noche cruzamos el Misisipi, aquella parodia de No siento las piernas.

Cómo olvidar el espectacular discurso-terapia del derrumbe del veterano de guerra perturbado por culpa de unos políticos obtusos que no sabían qué hacer con su juguete de guerrear («¡Ni siquiera encuentro trabajo de lavacoches!») y el más sucinto de Rambo II, que está clavado en la memoria de los aficionados: «Yo quiero lo que ellos quieren. Y lo que cualquier otro que viniese aquí a dejarse las tripas, y a dar todo lo que tiene, quiere: que su país le quiera tanto como nosotros le queremos. Eso es lo que quiero». Un gran mensaje patriótico en tiempos en los que hay algunos que denominan a España «conjunto de realidades«.

Su fisicidad llegó a su máxima expresión en Rambo III (1988), en la que siguió refrendando su imagen de héroe republicano matando a los rusos y salvando… a los talibanes, que años después se convirtieron en la peste bubónica para los americanos.

Ya en John Rambo: vuelta al infierno (2008), primera película de la saga sin el añorado Richard Crenna como el coronel Trautman, el exboina verde sigue lidiando con sus demonios interiores y vuelve a sacar su lado oscuro en Tailandia desempolvando su legendario arco y formando parte de un equipo de mercenarios que quieren salvar a los miembros de una misión humanitaria.

Stallone ha doblegado con su perseverancia y la prosperidad de su filmografía a todo aquel pusilánime que pone como excusa la apología de la violencia (la segunda entrega contiene 202 actos de violencia y, desde el inicio del filme hasta el final, mueren en pantalla 44 personas, pero no es una de las 10 películas más violentas de la historia) para denostar al personaje. Pero Sly es mucho más que Rambo.

Stallone, un cineasta polifacético

Stallone es director, guionista, productor, actor, especialista (él mismo ha rodado innumerables combates de boxeo sin doble, además de escenas peligrosas en filmes complejos como Máximo riesgoPánico en el túnel o Los mercenarios, esta última ya con más de 60 años de edad) y pintor.

A diferencia de otros action hero de los años 80 y 90 (y amigos suyos) como Jean Claude Van Damme, Steven Seagal, Chuck Norris o los más recientes Vin Diesel, Jason Statham o Dwayne Johnson, el director de Stayin’ Alive tiene un Globo de Oro y tres nominaciones al Óscar (Mejor Actor y Mejor Guión por el primer Rocky, algo solo al alcance de dos leyendas como Orson Welles y Charles Chaplin, y Mejor Actor Secundario por Creed).


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Un comentario

  1. Avatar Lucía Ramos

    Medio siglo de «Cazadores Cazados»,
    Tantos y juntos…que estan «Acorralados»;
    Practicaran el «canibalismo»…
    Y el «Depredador» …se queda solo.

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