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Un montaje fotográfico con varias imágenes de Jesús Candel.

Mucho más que ‘Spiriman’

Actualizado 17/03/2026 16:14

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La sociedad le conocía por este sobrenombre, pero Jesús Candel Fábregas deja un legado acorde con su existencia: inmenso y trascendental. Ríos de solidaridad contagiada por su entusiasmo y su determinación; gritos con el puño cerrado para reivindicar derechos; mucho trabajo desinteresado por una buena causa con la justicia como elemento recurrente, como fin último

El cáncer se lo llevó finalmente, como a tantos otros, pero queda lo material y lo inmaterial, la eternidad de una convicción que ha contagiado la lucha social a tanta gente adormecida. Queda un sentimiento de gratitud ingente de cientos de miles de personas.

No se puede definir a Jesús en una sola frase porque él trascendió. Cumplió su palabra, hasta el final, de no dejarse seducir por los cantos de sirena de los partidos políticos, que quisieron cercenar su lucha contra la corrupción con dádivas. No se puede comprar la autenticidad. La verdad no está en venta y Candel se preocupó de difundir esa realidad en el nuevo ágora del siglo XXI: salgamos del clic y entremos en el clonc, la onomatopeya que reproduce el sonido de un golpe contra el suelo, el despertar de una sociedad dormida. Pasó en 2016 y los logros han sido muchos. Y, gracias al ejemplo que nos dio, la batalla seguirá.

A través de la Asociación Justicia por la Sanidad, el facultativo granadino y los miembros de su junta directiva fueron denunciando, una tras otra, todas las injusticias sanitarias que se fueron encontrando por el camino: querellas por mala gestión del SAS, contubernios políticos, denuncias graves en el sector farmacéutico, listas de espera insoportables, cierre de centros de salud, negligencias médicas, desvíos presupuestarios, concesiones a la sanidad privada, fuga de talento… No le importó crearse enemigos si así podía enderezar algún aspecto de la sanidad, que era su vida, su trabajo, su devoción, compartida por su mujer, intensivista de profesión.

Candel, aficionado a la saga Star Wars, se convirtió en una especie de jedi, solo que su espada láser era el megáfono para contar verdades que duelen más que cualquier herida abierta. Muchos le echaban en cara que decía muchos tacos en sus vídeos-denuncia. Se quedaban en la anécdota. En esta vida, es crucial lo que se dice, porque las formas solo son el envoltorio del núcleo, de lo importante. Por eso era tan transparente. En una sociedad donde imperan la incultura y la estupidez, un corazón tan grande no encuentra cobijo. Además, si te joden vivo, lo menos que puedes hacer es soltar algún que otro improperio para desahogarte.

La palabra hipocresía no estaba en su diccionario (bueno, solo para señalar a los que sí lo eran), que lucía en rojo por la página de la E de Empatía. Porque presenciar cómo le quería (le quiere) la gente, parándole durante todo el recorrido de una manifestación para besarle, abrazarle y hacerse fotos, era un privilegio. A nadie le quitaba la cara. Por muy cansado que estuviese, siempre accedía amablemente a escuchar sus necesidades, sus miedos, sus preocupaciones. La importancia de la escucha activa, que a él le salía espontánea. Por eso era tan buen médico de Urgencias, porque el diagnóstico debe ir acompañado de unas palabras de cariño, de consuelo. Y eso él sabía hacerlo como nadie.

El ‘spiribol’, el origen del sobrenombre

Su abuelo inventó un deporte, el spiribol, y él se ha encargado de difundir su legado por colegios granadinos regalando este juego a miles de niños desfavorecidos a través de una fundación. Él mismo iba a los centros a estar con los chavales y a jugar con ellos. Y claro, los pequeños empezaron a llamarle Spiriman. Cuando tuvo suficiente presupuesto, también creó una sede para que los niños en riesgo de exclusión pudieran ir allí a desarrollar sus capacidades.

En 2020 anunció que padecía cáncer de pulmón con el temido apellido de la metástasis. Queríamos creer que era posible revertir lo inevitable. Confiábamos en su poder mental para encontrar la fórmula mágica de la sanación. Pero la realidad es tozuda y cruel. Lo es con millones de personas que mueren al año por esta maldita enfermedad, a la que los investigadores deberían ponerle un cerco definitivo, porque hay más dinero y más medios que nunca.

La UAPO, una ilusionante realidad

Mientras tanto, el concepto UAPO ayudará en todo lo que pueda: ejercicio, buena alimentación y un levantamiento automático de la fuerza de voluntad. Tres sedes: Granada, Málaga y Madrid. E irá a más. Y Justicia por la Sanidad también continuará su esforzada labor por reivindicar una sanidad pública digna y denunciar todas las tropelías que se siguen cometiendo en la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y en otras instituciones públicas centrales o de otras comunidades autónomas.

«Quiero vivir sin miedo, quiero ser tratado igual que tú, seas quien seas. Quiero igualdad de armas ante la ley, quiero que mi esfuerzo y mi sacrificio por formar parte de esta sociedad se premien por igual y no por pensar de una forma o de otra. Quiero vivir dignamente, reclamando y denunciando, si es preciso, cuando algo no funcione y siempre que el interés personal esté por encima del interés general, sin represalias del partido de turno», dice Candel en su libro Lucha por lo justo (Ediciones Martínez Roca, 2020).

Todos esos momentos que tú, Jesús, protagonizaste no se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Serán claveles rojos de orgullo y admiración por las batallas ganadas y por las pendientes, que se ganarán seguro. Gracias a ti, la Fuerza (de luchar por lo justo, de perseverar, de no callarse ante la inmundicia, de no dar por sentadas cosas inconcebibles, de no dormirse en los laureles del rebaño…) estará con nosotros siempre. Con el puño cerrado, las gafas de sol y la gorra, mantendremos vivo el espíritu de Spiriman hasta nuestro último aliento.

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3 respuestas

  1. D.E.P compañero!!
    Grande de corazón, guerrero ante la adversidad, rebelde ante la burocracia, activista de las guerras perdidas, dejas un legado que pocos podrán empatar… Vuela alto.
    Un honor haberte conocido.

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