Los sin techo son los grandes damnificados del temporal Filomena.

Opinión, Política, Solidaridad

Extrema pobreza

Comparte este artículo:

Esta semana, que ha vuelto a hacer mucho frío y a nevar como no lo hacía en los últimos cincuenta años, nos ha servido para volver a acordarnos, aunque sea por un instante, de las personas que viven en la calle. Pero no debemos ser falsos y pensar que eso nos hace mejores personas, somos la misma mierda de siempre

Si nos acordamos de ellos es solo porque nos ponemos en sus pieles y sabemos que seríamos incapaces de aguantar ni siquiera una hora las condiciones que a ellos no les queda otra que soportar. No nos queremos ver en esa situación y solo pensarlo nos congela el cerebro, por ello en cuanto encendemos la calefacción de nuestra imaginación, desconectamos mirando alguna serie en el ordenador o viendo en la televisión cómo se denigra desde el primero al último que sale por ese aparato, que pronto, espero, se convierta en prehistórico.

Tenemos, los privilegiados, muy poca resistencia al sufrimiento, sabemos que existe, que a veces lo sufrimos en una capa muy superficial, en la que nos queremos creer que nuestros problemas sí que son los importantes. Pero no engañamos a nadie, pues sabemos que somos nosotros los mentirosos. No nos da pena el frío que pueda pasar un vagabundo en la calle, si no el que pasaríamos nosotros si nos convirtiéramos en uno de ellos. Y por eso lo olvidamos tan pronto entramos en casa y los radiadores expulsan su energía hasta hacernos no recordar nada más que ese calor.

Y no digo que seamos nosotros, el pueblo, los culpables de la situación que viven estas personas. Puede que una mala toma de decisiones, un no soportar la presión de este mundo capitalista donde el trabajo y el dinero son lo único que nos mueve, el estrés, la ansiedad, el no poder soportar una sociedad hecha para que los hijos de puta sean los que aparezcan en la parte de arriba de una pirámide que mida la riqueza y el bienestar.

No todo el mundo tiene la fortaleza para soportar una realidad tan oscura, donde la única luz la puede dar un banco de una plaza con vistas al sol. Los cartones la atenúan y encienden el cuerpo que se oculta debajo. La sociedad no está preparada para mirar directamente al brillo que destila su libertad.

Soy el primero que he hecho lirismo literario de la situación de los vagabundos y mendigos. Que he envidiado desde mi posición privilegiada en mis textos que sus libertades no estén acotadas por nada. Es un juego literario que practico para zarandear las mentes de los que somos la mayoría, una clase media o media-baja, y luchar por unos derechos, que a éstos, los sin techo, les ha salido muy caro conseguir. No tener jefes que te exploten, ni miedo a ellos porque puedan echarte y convertirte en compañero de barrio de éstos. Aguantar las decisiones de los políticos, me da igual su ideología de mierda, que nos suban estos días la factura de la luz y nos digan que es culpa de la Unión Europea, cuando cada país puede poner un límite al impuesto que se le pone, como ha hecho por ejemplo Portugal. Que nos mientan y no hagamos nada, solo agachar la cabeza y seguir siendo siervos de un sistema alienante y puramente inhumano, que por tanto deja a los más sensibles en la estacada. Un sistema que provoca este sálvese quien pueda, en el que bastante hagamos para poder sobrevivir nosotros. Pero eso no es óbice, como decía al principio, para que también seamos algo responsables de lo que pasa con los vagabundos. Podríamos presionar a nuestras instituciones para que parte de nuestros impuestos fuera a que nadie viviese en la calle, ni que tuvieran hambre o frío. Hay algunos partidos que prometen alguna migaja en este sentido, pero que tampoco cumplen. Somos una sociedad insensible y quien diga lo contrario vive en su modo de fantasía y de Netflix. Que la realidad no me estropee una ficción en la que acomodarme y olvidar que la verdad está ahí fuera, como decían en Expediente X.

Es una verdadera pena que la libertad absoluta que sufren los sintecho, se pague con una extrema pobreza. Que no tener que pasar por el aro de los bancos, el sistema capitalista, nuestra falsa democracia, el precio de la vivienda y de los alquileres, de la luz, de la lista de la compra, donde los productos más sanos suben a la velocidad de la luz, y nunca mejor dicho. El estrés laboral, miedo a perder el trabajo, miedo a hacer un trabajo que ni te llena y muchas veces no sirve para nada útil, solo para competir con tu compañero o con la competencia que realiza la misma labor inútil que tú.

Existe también la extrema pobreza intelectual, personas de clase trabajadora, que repiten como lo imbéciles que son, que si esas personas están en la calle, es porque se lo merecen. Nada peor que un siervo de este vil sistema. Ojalá fueron ellos los únicos trabajadores explotados por sus empresas. Se lo merecerían por adoradores del becerro de oro del sistema. Que sufrieran condiciones laborales leoninas, que echaran horas que no fueran pagadas y sus sueldos se menguasen como sus cerebros. Que sufrieran el estrés y el miedo a ser despedidos como los trabajadores que sí que tienen el alma y corazón. Nada me da más asco que un trabajador cobarde, es mucho peor que su amo, pues este por lo menos se beneficia de ello.

Los únicos que sí que pueden estar contentos con su conciencia son los trabajadores del Samur Social o las ONG, que a pie de calle, perdón por la obviedad, ayudan a la gente que vive en la calle, dándoles apoyo psicológico y moral, además de comida, ropa y mantas. También les informan de los albergues cercanos o de asociaciones que les ayudan en cualquier ámbito que necesiten para recuperar una dignidad física y mental, la moral la tienen intacta, no como el resto de nosotros, que somos unos vendidos y cobardes.

Renta Básica Universal

Y termino pidiendo la Renta Básica Universal. Me da igual el partido que la ponga, y nada tiene que ver con ideologías, pues ha sido probada en diferentes países, por partidos que son antagonistas entre sí. Es una cuestión de Humanidad. Sí, lo pongo con mayúscula, pues es más importante que cualquier idea política. A todos nos atañe vivir en un mundo donde nadie se quede atrás. Sé que suena utópico, y que con la concepción de mundo que tenemos ahora parece imposible, no soy gilipollas, pero es necesario un gran cambio social donde se deje en evidencia que lo que tenemos ahora solo beneficia a unos pocos, que son los que no quieren ese cambio. Dirán que no hay dinero, que creará una sociedad de vagos (y lo dirán los que tienen tres casas y cuatro coches, o como he dicho antes, los curritos que les gusta ser explotados por menos de mil euros, es decir, los que se benefician, y los tontos de arcada), que habrá que cambiar muchas cosas de como las conocemos. Gente que tiene miedo a los cambios, cuando lo que vive es una patraña.

No sé si habrá dinero, pero en los ERE de Andalucía se fueron cientos de millones de euros, o en las tramas de Gürtel, Comunidad Valenciana, la madrileña, etc, ídem de ídem. Partidas que son el presupuesto de varios ministerios. O lo de crear una sociedad vaga que no trabajaría… Estamos hablando de una paga por la dignidad, un dinero para tener un techo, ropa y comida, no para yates, viajes, putas y cocaína, como no quieren los mandamases, que quieren que la cosa siga como hasta ahora.

La Renta Básica Universal tiene los pies en el suelo que en ellos llevan volando por encima de unas nubes donde llevan viviendo demasiado tiempo. El que quisiera comer en un restaurante, ir al teatro, comprarse un coche, pagarse todas las plataformas de series de pago, como hace el vicepresidente segundo, que me da igual de qué partido sea, que todos pertenecen a la misma secta de la partitocracia que sufrimos, pero que ahora gobierna el suyo, que sé que al otro lado del ala no me voy a encontrar tampoco nada bueno, sino la misma oscuridad tenebrosa, pero eso no te exime de que seas el representante tipo de nuestros políticos. El que quiera hacer todas esas cosas, tendría que trabajar como hasta ahora. Pero la dignidad no es un capricho, ni hay que ganársela, es algo intrínseco en nosotros. En definitiva, sería un dinero con el que mirarle a la cara a la vida de tú a tú. La dignidad no tiene nada que ver con lo que se tiene, sino con lo que se quiere. Y que el frío solo esté en la boca del dragón.


Comparte este artículo:

Un comentario

  1. Avatar María Jesús

    Mucha verdad incómoda en este texto. Gracias por poner voz a los más desfavorecidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*