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La diputada de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, junto al portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián. / EUROPA PRESS

Opinión, Política

Reponiendo España, un cuento demasiado real (II)

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Ahora tengo vacaciones y el sueldo de reponedor no da ni para coger el Cercanías e irme un día a la Sierra de Madrid. Pero tampoco pasa nada. Madrid es la ciudad perfecta para el que no tiene nada que hacer. Siempre pasan cosas

El maestro Umbral, siempre canallita y escritor, decía que el que no supiera sobre qué escribir saliera a la Gran Vía cualquier tarde, y que en poco tiempo la vida abriría paso a la frase. Me muevo por Lavapiés, en las terrazas donde antes los de Podemos tomaban cañas y gin tonics. Ahora se sientan las juventudes del PP y Ciudadanos, y algunos de sus representantes que no han entrado en la cuarentena. La clase privilegiada ha resultado ser la clase política, con Franco, con Felipe, el señor Bigotes, Don Marca, y Mr. Bean triste y con Pablo ExVallecano, no iba a ser una excepción. Los de Podemos quedan en el chalet de su líder y ven todas las series de pago que sus supuestos votantes potenciales no podemos ver por falta de ingresos. Si no llego a mileurista, ¿cómo voy a tener Netflix, HBO, Amazon Prime, Movistar Plus, etc? Esos cien euros prefiero gastarlos en cerveza en el bar de debajo de mi casa y que de tapa me sigan poniendo la sonrisa de la camarera.

En el bar de debajo de mi casa tienen un periódico deportivo y uno de información general para que los lean los clientes. El de información general su línea editorial es conservadora, aunque no tenga muy claro qué significa eso y menos relacionado con la prensa. Los parroquianos del bar lo leen y asienten cuando sus ideas coinciden con lo que leen en los papeles. Cuando no es así, hablan de que la prensa está vendida y que le hacen el juego al poder político y empresarial. En España la gente solo quiere leer las frases que escribiría si tuviera talento y conocimiento para hacerlo. Cada español tiene la verdad absoluta y eso es imposible cuando se ponen a discutir sobre el mismo tema. Se beben los vinos de la misma manera que digieren los discursos del partido político que dicen representar. Justifican la corrupción del partido que votan y machacan la del contrario. La España canallita que quiero representar cuando escucha estas cosas desaparece y se pone a caminar calle abajo, una vez que uno se ha bebido hasta el agua de los floreros, lo único que debe estar empinado es lo que sabemos, y si merece la pena, el codo ya lo he tenido demasiado.

El nacionalismo no es para canallitas

Dos amigos que saben que estoy de vacaciones me ofrecen ir a sus ciudades. Uno es extremeño y el otro es vasco. Un canallita español como yo siempre está más cerca del necesitado que del egoísta. El nacionalismo es la idea que menos puede defender un canallita español como yo. Un canallita nunca le quita a nadie lo que es suyo, es más comparte lo que tiene, ya sea su casa, una botella de vino o su corazón. Por eso una persona de clase obrera como yo no puede entender que un gobierno que se supone progresista como es el partido socialista de Pedro Sánchez, el terminator guapo de la socialdemocracia española, haya pactado con partidos nacionalistas catalanes y vascos con tal de obtener el poder.

Quisiera ir a ver a mi amigo extremeño, pero no sé si me quedaré tirado en mitad de las vías del tren. Es una pena que los extremeños sigan con esos trenes que parecen del siglo XIX y que los vascos sigan con su cupo y demás ventajas económicas. En el reparto de la tarta española parece ser que dos terceras partes se la comen los vascos y catalanes y a los demás que nos den. Mi amigo vasco me dice que me decida por su opción, que se vive muy bien allí, que los servicios públicos funcionan muy bien, la sanidad, las carreteras, los transportes, que las calles están muy limpias y no me extraña, con viagra infinita se folla bien hasta en un geriátrico.

Me fastidia que la izquierda pacte con esta gente desalmada que no piensan en nadie más que en ellos mismos, que no les importa si hay colegios sin calefacción o aire acondicionado, donde no se le pueden dar ayudas a los parados de larga duración porque todo va a pagar un chantaje sin fin. La derecha no lo hace mucho mejor. Cuando ha gobernado, nunca ha pretendido cambiar la ley electoral que beneficia a estos zafios pero también al PP y al PSOE. Una derecha preocupada en proteger a los suyos, a los pudientes, a las grandes empresas y a los bancos, en privatizar todo lo que pueden y que lo público sea cada vez algo más pequeño e invisible. Eso sí, muy españoles, pero con eso no basta.

El futuro es muy oscuro, estas vacaciones que se acaban así lo demuestran, parece que se van a abrir más oficinas, las más grandes en Cataluña y en el País Vasco. Yo me protejo en mi agujero donde tengo mis pensamientos perfectos, las mujeres me miran de tú a tú, felices en sus pensamientos que también lo son, trabajo poco, intento ser lo más libre posible, no quiero tener más que el que no tiene nada, solo que me dejen en paz con los míos, que son los españoles.

Si quiere leer la primera parte de este artículo, pinche aquí.


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