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La 'Constitución' de 1978 creó el caldo de cultivo de la partidocracia que tenemos hoy en día.

Opinión, Política

La Constitución española del 78, una celebración inmerecida

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Este 6 de diciembre, los partidos políticos y grupos allegados rememorarán un año más su triunfo sobre la nación española, a la que mintieron y estafaron para lograr perpetuarse en el poder y someter a los españoles a un trato vejatorio e inmoral. Ese día no hay nada que celebrar, porque ese día de 1978 significó la derrota de la razón frente a la obscenidad política

Mary Prince fue una mujer esclava, autora del libro titulado La historia de Mary Prince, una esclava de las Indias Occidentales: relatada por ella misma. Nació en el año 1788, en Bermudas, una isla británica ubicada en el Caribe, como parte de una familia de esclavos que procedían del continente africano. Mary tuvo varios dueños diferentes durante su vida. No sabía leer ni escribir (a los esclavos se les prohibía), y pasaron muchos años hasta que unas misioneras le enseñaron ambas habilidades.

De su libro quiero resaltar una idea fundamental: ella manifiesta que fue feliz durante su infancia, recordando incluso que fue compañera de juegos de la hija de uno de sus propietarios, pero que su autoengaño se debió a que no comprendía su condición de esclava. Solo el hecho de no estar siendo apaleada le llevó a sentirse bien, aunque fuera una esclava y que, en cualquier momento, podía ser torturada o vendida. No veía más allá de su presente, del momento.

Y recalco que es una idea fundamental, porque puede ayudar a entender lo ocurrido en España con la Constitución de 1978. Cuando muere el dictador Franco, España había sufrido durante años un régimen exento de libertades y derechos fundamentales, un régimen en el que se cometieron numerosas injusticias y en el que las desigualdades eran obvias. Ante este panorama, los partidos políticos recién fundados comprendieron que existía el caldo de cultivo perfecto para aprovecharse de la situación: crear una ficción al pueblo haciéndoles creer que la nueva Constitución, no rupturista con el anterior régimen, les traería una época repleta de libertades y derechos que no conocían, y vendieron una idea de democracia consensuada que, a la mayoría de la nación, le pareció el mejor modo de ser más felices que antes, desconociendo en qué consiste una democracia formal y sin mirar más allá del momento que vivían.

Sin embargo, el consenso en el seno de una parte ínfima de la nación nunca puede traer una democracia formal, y esto aún no lo comprende la mayoría de la nación española, a pesar de la notoriedad del dicho popular yo me lo guiso, yo me lo como.

Máximo beneficio para los partidos

Los denominados padres de la Constitución, no se ubicaron detrás del «velo de la ignorancia» a la hora de elaborarla, en el sentido de la tesis del filósofo estadounidense y profesor de filosofía política de la Universidad de Harvard, John Bordley Rawls. Al contrario, sin desprenderse de sus prejuicios e ideologías, consiguieron obtener por consenso el máximo beneficio para los partidos y grupos sociales simbióticos, marginando y perjudicando a la inmensa mayoría de la nación española.

Como le ocurrió a Mary Prince, los españoles no entendieron la condición que adquirían con esa nueva Constitución, sometidos al poder de los partidos de Estado. Y hoy, lamentablemente, la mayoría sigue sin entenderlo, porque no son capaces de imaginar que pueda existir un sistema político mejor que el actual, porque creen que ahora son felices en comparación con lo que hubo durante la dictadura e incluso con otro posible sistema político que desconocen (sienten inseguridad y miedo a lo desconocido), y porque identifican sus intereses con falsas ideologías y etiquetas que los partidos políticos alimentan sin cesar para seguir dividiendo y engañando a los españoles, y así lograr perpetuarse en el poder.

No, la Constitución del 78 no es una verdadera Constitución ni trajo la democracia, sino que instauró un régimen partidocrático que está llevando a España al fracaso político y social, de lo cual se beneficia el resto de Estados del mundo, que no tienen inconveniente alguno en avivarlo y sostenerlo, al restar competencia.

En la Transición no faltaron voces advirtiendo de los graves errores que se estaban cometiendo, como la del abogado y político granadino Antonio García-Trevijano Fortes, que fue velozmente marginado del escenario político al oponerse a la reforma de la dictadura que fructificó en la Constitución del 78, frente a la ruptura democrática que él defendía. También el abogado y político salmantino José María Gil-Robles y Quiñones (participó en la creación de la CEDA) advirtió literalmente que “la Constitución establece unos mecanismos de relación entre los poderes del Estado que acabarán por que no exista en España una democracia, sino que exista una partitocracia, es decir, el triunfo de los partidos políticos y, de hecho, el triunfo de la minoría que mangonea esos partidos a base de una mayoría de diputados sumisos y transigentes, y de una opinión pública totalmente marginada”. Y ambos acertaron, sin duda.

Sin separación de poderes del Estado, con elecciones diferenciadas al Legislativo y Ejecutivo; sin representación de la nación en el Legislativo elegidos por distritos electorales uninominales; y sin un poder judicial independiente, jamás tendremos en España una Constitución, y mucho menos una democracia como forma de gobierno. Lo de ahora será otra cosa, pero en ningún caso es una Constitución ni la forma de gobierno en España es una democracia, porque “la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

Ahora bien, si la mayoría de españoles prefiere seguir creyendo que son felices en su condición de esclavos de los partidos de Estado, viviendo en la inmoralidad absoluta alentada por todos los partidos políticos, aun perjudicando a toda la nación (de la que forman parte), allá ellos si los siguen votando, pero el resto de la nación seguiremos absteniéndonos en cada convocatoria de elecciones-votaciones hasta conseguir una Constitución digna de ser celebrada en la fecha que le corresponda.


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Un comentario

  1. Una vez más, por otro gran artículo que nos ofreces, muchas gracias DON Luis Escribano, ansioso estoy de que e «comience a funcionar» esa asociación ya constituida y registrada. ¡Libertad Colectiva!

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