transformacion humanidad 01

El hombre, ante una encrucijada histórica.

Opinión, Política

La transformación más grande de la historia de la humanidad (primer pliego de cordel)

Comparte este artículo:

Ahora. Ésa es la palabra clave. Somos grandes desconocedores de la verdad. ¿Dónde está la verdad? Es tarea nuestra buscarla y aplicarla desde el convencimiento de que estamos en lo cierto, en el buen camino, en la búsqueda que durante milenios ha sido la gran incógnita del ser humano

No votemos a ningún presidente de gobierno.

La verdad, en ese caso, nos será ofrecida troceada, desvirtuada, deslegitimada. Mientras tanto, seguimos soportando el sistema que nos han impuesto realizando una genuflexión y asistiendo al estertor del mundo. Da la impresión que nuestra vida sólo se ha convertido en la espera de la muerte. Pero denunciamos que ya estamos muertos en vida. ¿Por qué?

Porque no creemos en el ahora. La defensa del hombre -del ser humano, por citarlo más acertadamente- debe venir desde los recursos obtenidos del planeta Tierra. Sólo así podremos obtener una precisa modernización del mundo, de la vida, del tiempo y de la conciencia. Ahora. Ésa es la palabra. El mundo actual está obsoleto. No resiste más capacidad de crecimiento. Ya no quedan más ideologías que recuperen este caos en el que hemos entrado por la puerta trasera de la historia.

Descifremos la historia desde los diferentes niveles

En primer lugar, el hombre primitivo, preocupado únicamente por la alimentación. Después el hombre tribal, resultante de una cierta culturización de la familia y el pensamiento. Sigue el hombre civilizado, resultante de la ocupación de los campos y la agricultura para obtener la supervivencia. A continuación, el hombre feudal, donde el autoritarismo se establece chantilleando a la esclavitud de la masa en beneficio de su propia riqueza.

Posteriormente nos encontramos con el hombre industrial, que crea la sustitución de la mano de obra, del feudalismo, por las máquinas. Y finalmente, el hombre moderno, que ha globalizado el poder de la tecnología para el desarrollo del capital y para la colonización del planeta entero.

Ahí nos encontramos. Entonces, ¿qué hacer ahora? Sencillamente, estudiar el ahora. Ahora como una avalancha de ideas que determine el advenimiento de la poshistoria en relación con la sustitución del homo sapiens por el hombre tecnológico.

¿A qué nos referimos exactamente? Con La transformación más grande de la historia de la humanidad queremos -es mi deseo, pues es uno el que comienza estos pliegos atados con tripas de vaca- que se comprenda que hemos de ser conscientes que nos hallamos en un momento violentamente preocupante y en el desmoronamiento del neocapitalismo, el cual no es capaz de globalizar el bienestar universal de la ciudadanía mundial y la repartición de la riqueza a partir de una reconversión que siempre llega al mismo punto: las crisis económicas.

La ambición de unos pocos

¿Cómo se suceden estas crisis? Lo diremos con una palabra bien conocida: la ambición de unos pocos. El sistema monetarista ya no es fiable para seguir evolucionando en este siglo XXI, pues si continuamos dejándonos convencer por esta tendencia, estaremos dando vueltas continuamente entre la oferta y la demanda, la mercancía necesaria y el excedente; la importancia del dinero y la acumulación de la deuda derivada de él; la perpetuación de la todavía lucha de clases sociales, tal y como advertía Marx y, para darnos por el orto a todos, se ajunta este poder de la economía neoliberal, que sustituye, con su poderosísimo escudo ultra –lo ultra es el eterno retorno del que nos habló Nietzsche, pero sin entender, claro, a Nietzsche- en todas sus formas la politización de las naciones, la permanencia de la desigualdad, la ausencia de libertades de expresión, la manipulación de la información y así un largo etcétera.

Por lo tanto, es inevitable inventar otro sistema. ¿Cuál? El Ahora. ¿Qué queremos decir con ello? Sencillamente, que no podemos seguir dejándonos arrastrar por el hombre que maneja el dinero. El dinero se crea y se distribuye por las diferentes economías.

Un ejemplito de nada: La Reserva Federal de Estados Unidos, después de un informe realizado por economistas, creó de la nada 10 billones de dólares que prestó a los políticos a cambio de generar una deuda imposible de aplicar. Ese dinero fue a parar a la banca para su propio crecimiento. Pero el dinero ya no existe físicamente. Esa moneda aplicada por la Reserva Federal sólo produjo materialmente moneda en un 3%. El 97% restante fue manejado desde las computadoras de la información y las finanzas. ¿Qué es lo que sucede pues con el monetarismo? ¿Cómo se crea? ¿A quién va a parar?

El hombre actual sigue siendo el mismo que el hombre primitivo, igual de agresivo, igual de violento, igual de destructivo

El hombre actual sigue siendo el mismo que el hombre primitivo, igual de agresivo, igual de violento, igual de destructivo. Y es que sucede que el hombre apatriarcado y patriarca y patria fue evolucionando como tal: competitivo, sectario, educado desde doctrinas tradicionales, arrebatado por las religiones, obsesionado por la propiedad privada, capaz de realizar los actos más atroces que cualquier memoria pudiera mantener en su viva superación.

Entonces, ¿a qué nos enfrentamos? Diríamos que a la creación de una revolución radical. ¿En qué consiste esta revolución del siglo XXI tan urgente y necesaria? Tratemos de explicarla:

Reitero o pliegalizo: la transformación de la humanidad consiste en la aplicación de una economía basada en los recursos de la Tierra y su desarrollo con políticas económicas sostenibles y suficientes para mantener un estilo de vida equilibrado y de bienestar del cual se beneficien todos los que habitan este planeta. Ése es el mensaje. Y ése es el ahora.

Llevamos más de 200 años -por poner sólo un tiempo más cercano- insistiendo en un sistema que deriva desde el monetarismo. Fue Marx, aparte de otros pensadores socialistas, la utopía, el comunismo, los diferentes anarquismos, los estatistas, los nacionalistas, los cooperativistas, los corporativistas gremiales clásicos, los mutualistas, los socialdemócratas cuando eran verdaderos defensores del socialismo, quienes mejor evaluaron la incidencia del capital en la vida de los trabajadores.

Pero -y he ahí mi inciso que es una continuación de lo que a lo peor ustedes ya hayan leído en mis anteriores colaboraciones con el nombre de El nuevo hombre y mis pergaminos– fue Marx quien se dio cuenta que era precisamente el dinero lo que impedía un proceso de igualdad entre el capitalismo y el proletariado –hoy precariado-. Él sentó las bases de una revolución, que, como ya hemos dicho, sobre todo a lo largo del siglo XX, se extendió a partir de las distintas involuciones organizadas a través del pensamiento marxista, las cuales fueron mal interpretadas y reproducidas desde la violencia, el miedo, el exterminio y el totalitarismo.

Así surgieron, minimizando en demasía, el leninismo, el estalinismo, el maoísmo, el castrismo y otras formas de comunismo que, con el tiempo, periclitaron no porque el ideal fuera inconsistente, sino por su aplicación, ya que -lean a Gustavo Bueno, un suponer, mas jamás a Santiago Armesilla, un señor que prácticamente plagia a G. Bueno sin citarlo: hay que tener mucha mala melena para estos menesteres- no estaba basada en la justeza de las teorías del marxismo, la cual derivó hacia el ansia de poder con toda la crudeza que ello implica.

El poder siempre será poder. Estos pliegos de cordel que hoy doy comienzo anhelan insistir en este corpachón de una comunidad global que deba y así está sucediendo ir contra del poder.

Para ello, no es necesario aplicar un sistema piramidal de fuerzas ni recomendamos una construcción de un Estado donde la política, desde su colina infranqueable, controle las vidas de sus ciudadanos, pues eso supone la ausencia de libertad y la planificación de las conciencias.

Ésta mi escritura no atiende ni desea ningún tipo de poder ni sistemas del pasado que creemos ya fiambrizados. Por lo tanto, no es de mi regocijo reflejar deportivamente, desde el estudio sincrónico del marxismo, ningún tipo de sistema político. No nos interesa ni el capitalismo ni el comunismo ni el fascismo ni el anarquismo ni la democracia ni ninguna corriente política que se produzca desde todo proceso histórico. Todos esos sistemas ya han sido probados y nos hemos dado cuenta que ninguno funciona, que se consumen en sí mismos, que lo único que producen son desigualdades, líderes, sumisiones, esclavismo, explotación, en según qué casos más acusados que en otros, todo hay que decirlo.

Esta revolución radical que proponemos trata de recuperar las intenciones de los nuevos pensadores para aplicarlas a la ultramodernidad de este nuevo milenio -la ultramodernidad desecha las averías producidas por la posmodernidad, que fue sólo una simple juerguecita de filósofos y otros que andaban por ahí con adoquines por Paris, un decir-.

Dicha ultramodernidad -este concepto se puede retroalimentar con otra cualquier etimología a gusto de cada cual- es casi obligatorio que se deslice a través de una rotunda transformación definitiva.

Ahora es el momento de no intentar sino conseguir una verdadera transformación del mundo, como proponía Marx. Para ello, es inevitable que la concienciación sea rápida y audaz, que recorra todos los pueblos y que los ciudadanos y, ante todo, las ciudadanas del mundo asuman que es practicable otro sistema novedoso y original muy de acuerdo con los tiempos en que en estos momentos estamos viviendo con el objetivo de fortalecer un porvenir que ya está aquí, tan cercano.

¿Cómo aproximarnos a ese mañana? En primer lugar, creando comunidades sociales a través de todo el planeta que se sumen a esta posibilidad de transformación y que crean en ella. De este modo es plausible que se den cuenta que lo que proponemos es viable, dado que ya está todo -en su carácter oculto tan prístino- elaborado y reconstruido por prestigiosos científicos, técnicos, filósofos, sociólogos, psicólogos, economistas, informáticos y de ahí todo corrido…

Ejerzamos un eudemonismo con tal de captar un inicio de optimización: por ejemplo, un decir, una relación con cualquier fenomenismo: creamos por una vez en todo lo necesario para la profundización de una economía basada en los recursos del planeta.

Ése es el materialismo dialéctico del ahora. Como dijo Marx: «¡Proletarios del mundo, uníos!». Nosotros, más de acuerdo con nuestros tiempos, diríamos: «¡Ciudadanos del mundo, preparaos para cambiar vuestro estilo de vida!».

Recordemos, como señala David Bornstein, que los grandes robles nacen de pequeñas bellotas. O, por decirlo de otra manera, los pequeños hombres nacen tras la desaparición de los grandes bellacos.

¡Oxte, Cristo! Que regrese Ibáñez con su Mortadelo y Filemón. Y, si ello no es posible, pues que retorne Charles Chaplin con los pies de Chuang-tzu. Es todo tan sencillo… Por Dios y por la Virgen de la Ensaimada.


Comparte este artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*