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Icónica imagen de Lenin dando un mitin en la plaza Roja de Moscú, en 1919.

Opinión, Política

El nuevo hombre (sexto y último pergamino)

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Esta transformación radical que debe llegar -de la que hablaba en mis anteriores páginas volanderas- no es una defensa del comunismo. Ni siquiera pertenece a la aplicación de las políticas de izquierda, sino que se explica desde la conveniencia de un sistema global que, sostenido desde todas sus alternativas, puede cambiar definitivamente el mundo. Ya iremos detallando cuáles son esas alternativas

Antes es necesario indicar que la ideología marxista, una vez llevada a la práctica, sólo devengó en la confusión siniestra de lo que Marx había instaurado desde su pensamiento de socialismo científico. Marx intuyó el futuro, pero la praxis de sus libros político-económicos condujo a revoluciones que sólo crearon asesinatos, crímenes, matanzas, locura colectiva y miseria.

El primer intento -numero como primero lo que a continuación le doy rueda de neumático, si bien anteriormente el revolucionarismo acometido por la praxis marxista se cató en la acción de otras diversas contiendas: la Comuna de 1871, un suponer– de llevar a la práctica drásticamente las teorías marxistas, se produjo en febrero de 1917 en Rusia.

Sé que todo esto es puro historicismo que todos ustedes, sabios como son y sabias mujeres mías, ya conocen, pero no está de más indicarlo aquí como una tajamar ungulada:

La ausencia de alimentos, la precaria situación social de los proletarios rusos -sólo subsistían con una hogaza de pan al día- fueron el detonante de una improvisada manifestación multitudinaria que solicitaba al zar Nicolás II un cambio de sus políticas y una nueva estructura social y económica para que la inmensa mayoría de los rusos saliera de la pobreza y del caos.

Primera revolución rusa

De este modo, se diseñó la primera revolución rusa en ese mes de 1917. El ejército intervino y se enfrentó a las masas causando la muerte de unas decenas de personas. Pero las manifestaciones seguían endureciéndose, desafiando, aunque sin violencia, al zarismo.

Transcurriendo los meses, el zar Nicolás II fue detenido cuando viajaba en ferrocarril de vuelta de los campos de batalla que, por entonces, estaban llenos de soldados para sajar al ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. El zar fue, con hábiles maniobras, todo hay que decirlo, junto a su familia, arrestado.

Lenin, que se encontraba exiliado en Suiza, vio el momento oportuno para regresar a Rusia y ponerse al frente de la revolución. Se creó un gobierno provisional presidido por Kerensky, quien pertenecía a la gobernación del zarismo, con el objetivo nada claro todavía de instaurar una transición democrática. Los marinos de Kronstadt, instalados en una fortaleza naval situada en la isla Kotlin en el Golfo de Finlandia, se rebelaron contra sus autoridades militares a las cuales asesinaron y se afianzaron como un ejército derivado del partido de los soviets con la intención de apoyar al pueblo ya en plena revolución.

La segunda revolución se produjo el 25 de octubre de 1917, donde Lenin engañó a los distintos partidos democráticos y revolucionarios, con la incorporación de los marinos de Kronstadt, sugiriendo que el poder, una vez instaurada la revolución democrática marxista, iba a recaer en los soviets. Fueron los marinos los que entraron en el Palacio de Invierno sin prácticamente ningún tipo de derramamiento de sangre, pues el gobierno provisional, casi en su totalidad, había huido, sobre todo Kerensky, al que no se encontró por ninguno de los amplios salones del palacio. Se estableció entonces una elección para que de ella surgieran los distintos delegados que pusieran en funcionamiento el nuevo Estado de Rusia. Pero ocurrió algo difícil de creer.

A Lenin la palabra democracia le sonaba a su pérdida de poder, puesto que lo que él quería implantar en la nueva Rusia era la dictadura del proletariado, mal entendida desde la dialéctica de Karl Marx

Los bolcheviques de Lenin quedaron en minoría frente al resto de los partidos. ¿Qué es lo que diseñó entonces Lenin? La ocupación militar por parte del ejército bolchevique y la expulsión de todos los delegados revolucionarios que tenían entre sus planes imponer una democracia revolucionaria. A Lenin la palabra democracia le sonaba a su pérdida de poder, puesto que lo que él quería implantar en la nueva Rusia era la dictadura del proletariado, mal entendida desde la dialéctica de Karl Marx. ¿Qué es lo que ocurrió a continuación? Una guerra civil entre blancos y rojos, por adivinar aquí una metáfora meramente colorista a la manera del poeta Rimbaud.

Los sóviets se sentían traicionados por Lenin y organizaron una contrarrevolución junto a otros sectores de la sociedad que veían en la dictadura del proletariado algo que nada tenía que ver con la democracia que Lenin, como en su tiempo Robespierre, convirtió en un baño de sangre, un piscinazo de terror. Los bolcheviques organizaron, por iniciativa de Lenin, el Ejército Rojo, en manos de Trotsky, que posibilitó una guerra que duró hasta 1921, donde el Ejército Blanco de los sóviets y los contrarrevolucionarios, apoyados por potencias extranjeras, fueron derrotados. La última resistencia erradicó en los marinos de Kronstadt, que, parapetados en el búnker de la isla de Kotlin, no tuvieron otra salida que huir a Finlandia algunos y el resto, armados de valor y resistencia, finalmente serían encarcelados o fusilados.

En 1921, pues, se produjo la tercera revolución rusa. Mientras, el pueblo disidente era exterminado, creándose una línea de matanzas, deportaciones o apresamientos desde la vigilancia de la Checa. Lenin había vencido, pero no convencido.

Hago un alto en este camino siempre tan discutido y discutible rociando esta pregunta: ¿fue Lenin exactamente el culpable de todo aquello o tal vez él mismo se dio cuenta que se había quedado solo únicamente y que en Rusia era imposible aplicar la proa teoricista del marxismo puesto que no había apenas industrialización, sino campesinado y mucho chabolismo de paja? Tal vez Lenin cayó en su propio fracaso y se quedó más solo que un paraguas dentro de una máquina de coser, eso sí, acompañado en el estertor de la enfermedad y su precoz muerte por sus más fieles paquidermos y, ante todo, por sus amantes. Detallo el influjo de su mujer, Nadesha Krupskaya, del mismo modo que recuerdo estas palabras del propio Vladimir Ilich Uliánov: El éxito de la revolución depende del grado de participación de las mujeres.

Continúo: hemos precisado detenidamente el momento de esta revolución con el objetivo de advertir que éste no era el planteamiento teórico del verdadero marxismo, pues Marx ya dijo: Vimos ya cómo el primer paso en la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia. La primera revolución marxista en serio y violenta, la rusa, terminó por definirse como marxista-leninista, desarbolando la mayoría de las intenciones de Marx al escribir sus textos socioeconómicos.

El marxismo, durante el siglo XX, ha servido para que, desde la lectura de Marx, se apropiaran de su pensamiento y se crearan, a su alrededor, distintas revoluciones, todas violentas, que por un tiempo mantuvo en jaque al capitalismo. Eran los tiempos del marxismo de Mao -maoísmo-, en forma de revolución cultural, la imposición de los leninistas de conquistar e imponer la dictadura del proletariado en los países del Este europeo, el comunismo de Corea, de la Cuba de Fidel Castro, Vietnam, que originó una larga guerra entre marxismo y capitalismo -EEUU se dio cuenta que el monstruo de la URSS se expandía y había que detenerlo utilizando la fuerza en su expresión máxima-, y una Europa que, después de la Segunda Guerra Mundial, optó, en según qué extensiones, por la social-democracia, que venía a ser una revolución democrática burguesa.

De este modo, queremos expresar, el marxismo nunca ha sido entendido en sus orígenes de globalización social y en su pacificación derivada de la ruptura de las clases sociales y de la eliminación del capitalismo. Todas las revoluciones que han utilizado el nombre de Karl Marx para imponer sus doctrinas no han entendido el principal mensaje del marxismo, que no era otra sino la pacificación de los pueblos, la socialización de los trabajadores, la defenestración del sistema de producción del capital, la igualdad entre los ciudadanos en justicia, salarios, producción, salud, bienestar, ocio y cultura y tantísimos largos etcéteras que tú, lectora, deberás, si así lo deseas, averiguar al caso de que no lo hayas averiguado ya con ese pañuelo rojo que siempre llevas al cuello con adornos de tantas portadas de libros que ya has leído.

Todo eso, sigo diciendo, hasta hoy ha sido mal interpretado. En el siglo XX, hubo pensadores como Althusser, Walter Benjamin, Foucault y Sartre que reinterpretaron el marxismo, a veces desde la crítica, otras desde su plena valoración, aunque si de filias y fobias hemos de hablar, disponemos del pensamiento económico de Popper, Bertrand Russell, Sweezy, Okishio, así como el de Steedman, Roemer, Mongiovi o Laibman y todos o todas los que ustedes quieran añadir.

La libertad de elección es el poder que enarbola cada una de las patrias interiores en las que residimos.

Queda claro, pues, que el marxismo nunca ha sido comprendido a partir del epicentro de la noticia y Marx ha sido manipulado según las tendencias, las ideologías, la contextualización, los mismos procesos históricos, la evolución de los tiempos, la siempre punzante ansia de poder.

Nosotros, o sea uno, que da la impresión que soy yo, con estos pergaminos, lo que intento atender es a toda esta epistemología básica de la revolución con la que es posible desestimar al capitalismo aplicándola al siglo XXI.

El nuevo milenio conduce a otra actuación de la socialización global

Ha pasado mucho tiempo desde la muerte de Marx -1883-, y pensamos que hemos de ser conscientes que el nuevo milenio conduce a otra actuación de la socialización global de la que hablaba Marx, aplicando la nueva modernidad a los atentados morales, sociales, políticos y económicos que está devengando el capitalismo moderno.

Escribe Werner Blumenberg: El sistema de Marx consolidó su conciencia de clase, les inspiró su aspiración a conquistar los derechos políticos y económicos y elevó sus pensamientos para conseguir las metas más elevadas de la humanidad. El mayor patrimonio cultural de la clase obrera de todo el mundo civilizado estaba encarnado por el movimiento que descansaba sobre sus teorías, y dentro del cual combatían los trabajadores para ganarse su puesto en la sociedad. Ese movimiento no puede abstraerse de la historia del siglo XX y de nuestra civilización. ¿Podríamos concebir la historia de nuestro tiempo y de nuestra civilización sin él?

Es por ello que sugiero, ronroneo, anuncio, pergaminizo los usos de la fuerza de los pueblos a partir de unas largas sugerencias que no queden en eso, sino en su aplicación pragmática, para intentar recomponer este mundo que anda tan obcecado por estas cosas de algunos pocos que rodean la conciencia ética del entero mundo con el mostrenco y unidireccional capistrano en la cabeza de los caballos.

El neocapitalismo de hoy -aunque este señor que se apellida Trump se haya alojado en su orificación de Florida- continuará administrando capistranos por diestro y siniestro.

Esta siniestralidad se resume con estos versos de un poeta cuyo nombre silencio. Disculpen, dicho poeta me permite anunciar sólo la letra de su primer apellido, vocal abierta y primera letra del alfabeto, a saber:

La Historia nos hace irreales.

Demasiado tiempo para tan leve juventud.

Deberíamos creer en el venero de los justos,

pues son ellos los que en verdad crean el mundo.

Pasará el tiempo y veremos

cómo la vida nos devuelve aquello que fue vida,

aquello que untamos con nuestras manos

y que siempre nos perteneció,

como la casa en ruinas que enseguida amueblamos.

El mundo es cruel con los que no tienen pan,

con los que no hablan inglés

y con los que aran la tierra hasta el crepúsculo.

A cambio sólo las migajas llegan a sus bocas,

como si tantas batallas contra los tiempos

nunca hubieran ocurrido

y ahora sólo la sangre cayera desde los árboles.

Pero no estamos perdidos,

no pensemos en eso,

afiancemos nuestros cuerpos

y presentemos batalla ante la infamia,

los impuestos, la mala educación.

Somos más que ellos,

unámonos todos y tejamos los olivos,

vertamos el lenguaje contra la mentira,

contra el oro de las industrias,

contra los cajeros automáticos de los bancos.

Somos más que ellos,

sólo nos queda recordar aquello que ya fue

y que está ahí, esperándonos con las cabelleras de los caballos.

Busquemos en la verdad todo lo que por falso se está dando.


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Un comentario

  1. Avatar Juan José

    Perfecto, maravilloso. Ojalá la historia se enseñara así en los institutos.

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