asalto al capitolio

Una imagen de algunos asaltantes del Capitolio.

Opinión, Política, Sucesos

La invasión del Capitolio, una puñalada en las entrañas de América

Comparte este artículo:

Cinco personas han muerto hasta ahora debido al asalto al Capitolio de Estados Unidos por parte de seguidores del presidente, Donald Trump, entre ellas una mujer que ha fallecido tras recibir un disparo por parte de las fuerzas de seguridad en el interior de la sede legislativa. En este reportaje se aportan algunas claves para entender un fenómeno con solo un precedente que ocurrió hace 207 años

La mujer ha sido identificada como Ashli Babbitt, según ha informado la cadena de televisión Fox News, una veterana de la Fuerza Aérea estadounidense y residente en San Diego. La Policía de Washington ha confirmado que ha muerto a manos de la Policía. Como si de un cruce entre Asesinos natos y Asalto a la Casa Blanca se tratara, el cine se hace realidad y toma forma de personajes salidos de una distopía propia de Netflix para pegarle una bofetada al sueño americano. La teoría del caos que hizo famosa Jeff Goldblum en Parque Jurásico se dio con creces en el corazón de América. Aunque, en este caso, el suceso caótico sí se podía haber previsto.

Babbitt era una firme partidaria de Trump, según ha explicado su marido a WTTG-TV, y ha sido declarada muerta en un hospital de la zona, tal y como ha confirmado el portavoz del Departamento de la Policía Metropolitana de Washington, Dustin Sternbeck.

A través de un vídeo publicado en las redes sociales, se puede ver a la turba de manifestantes dentro del Capitolio cuando se escucha un tiro y una mujer, con una pancarta en apoyo a Trump, cae al suelo, para después ser trasladada en una ambulancia, según informa Europa Press.

Un agente de la Policía del Capitolio que resultó herido durante el asalto al Congreso de EEUU falleció este jueves después de más de 24 horas de convalecencia, lo que eleva a cinco el número de muertos relacionados con el incidente, informaron fuentes oficiales. La Policía del Capitolio confirmó a última hora del jueves la muerte del agente, identificado como Brian D. Sicknick, después de varias horas de confusión y rumores sobre el posible fallecimiento de un policía.

Asimismo, el jefe de la Policía de Washington, Robert Contee, ha comparecido ante los medios para hacer balance de unas protestas arengadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y que han coincidido con la ceremonia de certificación de los resultados de las elecciones de noviembre.

Contee ha añadido que otras tres personas han muerto por emergencias médicas durante la toma del Capitolio, aunque no ha especificado si las víctimas estaban involucradas de alguna manera en la insurrección.

«Una mujer y dos hombres parecen haber sufrido emergencias médicas separadas, que resultaron en sus muertes. Cualquier pérdida de vidas en el Distrito es trágica y nuestros pensamientos están con cualquiera que haya sido impactado por su pérdida», ha subrayado el policía.

Por otra parte, un hombre de 24 años está herido crítico después de precipitarse al vacío en los aledaños del Capitolio, según fuentes citadas por la cadena CNN.

Además, según Contee, la Policía Metropolitana ha arrestado a más de 52 personas, 26 detenciones de las cuales se han producido en las inmediaciones del Capitolio. Las fuerzas de seguridad se han incautado de varias armas, según Contee, que ha confirmado también que hay 13 agentes heridos, según medios estadounidenses, uno de ellos en estado grave. En este sentido, cuatro personas han sido detenidas por llevar pistolas sin licencia.

Los congresistas, asustados antes de que los evacuaran del Congreso.

Otras 47 personas detenidas estaban violando el toque de queda o allanando propiedad privada. Asimismo, Contee ha comunicado que han interceptado dos bombas de fabricación artesanal, una en la sede del Partido Demócrata y otra en la del Partido Republicano.

La Guardia Nacional se ha movilizado para tratar de contener estas protestas. El Departamento de Defensa ha confirmado este despliegue «para brindar apoyo a las fuerzas de seguridad federales en el Distrito de Columbia» y que el secretario en funciones, Christopher Miller, está en contacto con los líderes del Congreso.

Por su parte, la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, ha emitido una orden para extender el estado de emergencia pública, y con ello el toque de queda en la capital, durante 15 días más, coincidiendo con la investidura del presidente electo, Joe Biden, el próximo 20 de enero.

Ignominia e infamia desatadas

Toda esta ignominia ocurre en un país que lleva décadas erigiéndose como la esencia de la libertad, como el salvador de los territorios oprimidos. En esta segunda ocasión en la que se produce una invasión del Congreso de los Estados Unidos (la primera fue en agosto de 1814, con motivo de la guerra anglo-estadounidense, cuando los británicos pudieron tomar la ciudad de Washington DC e hicieron arder sus edificios públicos, incluyendo la Casa Blanca y el Capitolio) en toda su historia, quedan muy visibles las costuras de ese muñeco roto denominado American Way of Life: cada vez hay más división de clases, es decir, más pobreza y más paro debido a la deslocalización de las empresas que Trump trató de arreglar, pero que ahora, con Biden, volverá a tirarse de la producción china (más barata) en sectores clave; la ignorancia de la América profunda, la del rifle y las espuelas, que sigue siendo machista, retrógrada y racista (el ejemplo del Caso George Floyd); el exceso de confianza y la prepotencia de no querer nunca fijarse en cómo se hacen las cosas en otros sistemas de convivencia, ya que se ha demostrado que el de Estados Unidos tampoco es un modo de gobierno perfecto; los efectos de la pandemia en las cabezas de esos insurgentes (alguno disfrazado de búfalo) que, alienados por ese ventilador letal que son las redes sociales, tratan de entrar en un lugar sagrado sin prever las consecuencias penales que ese acto de invasión conlleva; el fanatismo y el populismo que tanto daño han hecho en Cuba o Venezuela; el deficiente sistema educativo… Así hasta llegar a las columnas del pórtico del mismísimo Capitolio con banderas, cuernos de búfalo y maquillaje de guerra, como si de un carnaval siniestro se tratara… o de la quinta entrega de La Purga.

USA fue líder de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial y jugaba al ajedrez con misiles contra la URSS durante la Guerra Fría, pero todo ese encanto de País Más Poderoso del Mundo se ha diluido como un azucarillo tras tantos asesinatos impunes de personas de raza negra y tras mostrar al mundo que, como la mayoría de los países, tienen en su historial y en su presente los pecados mundanos de la mediocridad: corrupción, racismo, pobreza, enfermos mentales sin cobertura médica, fallos de seguridad, errores garrafales de sus gobernantes, películas malas, bulos, contaminación, delincuencia a espuertas, violencia machista al estilo Weinstein… Se acabó el charme.

Falta de previsión y de planificación mezclada con exceso de confianza y ausencia de precedentes

Pero, ¿cómo ha sido posible esta invasión de uno de los tres edificios más seguros del mundo junto con la Casablanca y el Pentágono? He ahí el quid de la cuestión. Para entenderlo, hay que saber que el Capitolio tiene una fuerza de seguridad propia desde 1828: la Policía del Capitolio de los Estados Unidos (por sus siglas en inglés, USCP).

Se trata de una fuerza de seguridad encargada de la protección del Congreso de los Estados Unidos dentro del Distrito de Columbia y en los Estados Unidos y sus territorios. Responde al Congreso, no al presidente de los Estados Unidos, y es la única agencia federal de aplicación de la ley de servicio completo responsable ante la rama legislativa del Gobierno Federal de los Estados Unidos.

La Policía del Capitolio de los Estados Unidos tiene la responsabilidad principal de proteger la vida y la propiedad; prevenir, detectar e investigar actos delictivos; y hacer cumplir las normas de tráfico en un gran complejo de edificios, parques y vías públicas del Congreso.

Tres agentes de policía del Capitolio. / EFE

Este cuerpo específico de seguridad tiene jurisdicción exclusiva dentro de todos los edificios y terrenos del complejo del Capitolio de los Estados Unidos, así como de la Biblioteca del Congreso. También tiene jurisdicción concurrente con otras agencias de aplicación de la ley, incluida la Policía de Parques de los Estados Unidos y el Departamento de Policía Metropolitana del Distrito de Columbia, en un área de aproximadamente 20 kilómetros alrededor del complejo.

Los oficiales también tienen jurisdicción en todo el Distrito de Columbia para tomar medidas de cumplimiento cuando observan o se enteran de delitos de violencia mientras están en funciones oficiales. Además, están a cargo de la protección de los miembros del Congreso, los funcionarios del Congreso y sus familias en todo Estados Unidos, sus territorios y posesiones, y en el Distrito de Columbia. Mientras está realizando tales funciones de protección, la Policía del Capitolio cuenta con jurisdicción legal en todo Estados Unidos.

Según cuenta el analista Tony Rosado en www.eltiempo.com, «por una cuestión de la separación de poderes, en el recinto del Congreso no puede haber presencia ni la policía regular de Washington DC, ni la Guardia Nacional ni el ejército, ni ninguna otra fuerza armada, porque eso compete exclusivamente al poder legislativo. Y la Policía del Capitolio es un pequeño cuerpo que lidia a diario con turistas que hacen recorridos por el Capitolio o con dignatarios o personas que quieren entrevistarse con los congresistas. Obviamente no están preparados para enfrentar una turba que incluso tiene armas de muy superior calibre de las que ellos manejan con regularidad».

Se podía haber visto venir

Teniendo en cuenta el convulso periodo electoral que se vivió en noviembre, con Joe Biden y Donald Trump a la gresca, y el posterior recuento polémico, tendría que haber habido previsión en materia de seguridad. Los seguidores del perdedor se enrocaron en el fraude electoral a pesar de que ningún tribunal estadounidense admitió esa denuncia. Y la campaña del magnate desquiciado siguió y siguió alimentando el fuego de la turba en la parte más negra e incontrolable de las redes sociales, especialmente Twitter (la misma que bloqueó la cuenta de Trump cuando ya el daño estaba hecho).

«Tan egocéntrico como es, Trump no podía aceptar la derrota, creó el monstruo del fraude y al final se lo ha acabado creyendo. La combinación entre la posverdad (redes sociales) y la ignorancia del pueblo, que cree a ciegas lo que estás diciendo, es letal», ha comentado el economista y escritor Jano García en una tertulia especial que ha moderado Álvaro Bernad en Youtube.

En el debate, el doctor en Economía y licenciado en Derecho Juan Ramón Rallo señaló: «Cuando tienes un diseño institucional muy descentralizado, con una justicia bastante independiente en su ejercicio, es más confiable que una persona como Trump haya montado una narrativa de que ha ganado las elecciones. Y no solo engaña a los ignorantes, también a los cultísimos y a los que tienen un gran volumen de información. Entonces, si tú eres capaz de persuadir a varios millones de personas de que te han robado las elecciones y de que Biden es un dictador, es lógico que haya gente que intente sublevarse para que esto no cobre carta de naturaleza. Lo sorprendente es que solo haya pasado esto cuando se ha estado alimentando un discurso rupturista bastante profundo».

Por su parte, el profesor de Filosofía Pedro Insúa aporta su visión: «El monstruo de Trump estaba previamente creado, porque ganó las elecciones de 2017. Nada más tomar posesión Trump, habló contra el establishment de Washington. No solo es un señor que se cree ganador sino que es capaz de envolver y engranar a la población, porque proyecta sobre el sistema de elecciones norteamericano una especie de oligarquía que está moviendo los hilos desde el principio y la población va en contra de esa oligarquía. Dijo en 2017: «El pueblo por fin ha tomado posesión de las instituciones«. Y ahora dice: «No gano, porque ahí está la oligarquía otra vez». Entonces, el pueblo ha ido a tomar posesión de las instituciones».

Por último, el presidente de la Junta Democrática de España, Rubén Gisbert, afirmó que en el Capitolio no se entra «como en un Mercadona a coger fruta». «Estamos hablando del kilómetro cuadrado más seguro del mundo. El lenguaje de lo político es el lenguaje del poder. Trump cometió dos errores gravísimos por los que yo pienso que va a pagar, porque, como presidente, su deber es garantizar la seguridad de las instituciones. Y quiso hacer una demostración de fuerza típica en Estados Unidos, que es que el pulso social que se vive en la calle condiciona los actos jurídicos y políticos que se desarrollan en las instituciones. El mensaje que quería dar Trump el miércoles era: «Podéis aceptar los resultados, pero el pueblo está conmigo… Volveré». La principal cualidad de un presidente de un buen Ejecutivo es, como decía Antonio García-Trevijano, poder ver crecer la hierba. Ese fue el primer error. Y encima no manda a la Guardia Nacional y la turba pilla a todo el mundo por sorpresa. Y su segundo error fue no salir inmediatamente a condenar la invasión. Todo esto va a convertir a Trump en un paria», aseveró.

El Capitolio fue invadido por primates en el remake de El planeta de los simios (Tim Burton, 2001), sustituyendo la efigie de Lincoln (ubicada en el National Mall) por la de un mono. Ahora podría haberse cambiado por la de un búfalo.

La historia negra de las barras y estrellas

Los viejos pistoleros como Jesse James eran despiadados, pero tenían una cierta moral dentro del ejercicio de la delincuencia. Eran los tiempos de Wyatt Earp, en los que la democracia todavía era un embrión que se estaba formando en América a costa de matar indios. Hoy se les da casinos, alcohol y drogas para que no molesten la prosperidad del hombre blanco.

Esta es la realidad de una nación a la que el planeta mira con estupor. Se decía que, cuando Estados Unidos estornudaba, el mundo se resfriaba. Ahora el enfermo es pluripatológico y hay que tener claro que la mejor vacuna para el resto de naciones es la cordura, la razón y el activismo social sin caer en radicalismos ni extremismos. Las llamas de las redes sociales queman el razonamiento y nos convierten en autómatas, en brutos felices manejables.

Tenemos que tomar las riendas de nuestra propia vida con empatía, asertividad y vocación de ayudar a los demás, que es la mejor forma de ayudarte a ti mismo. Y de forma pacífica, para evitar desgracias como la del asesinato de Ashli Babbitt. Los dirigentes políticos tratan siempre de dividir a la sociedad, porque así es más manejable. Necesitan ese blanco o negro, ese conmigo o contra mí para perpetuarse en el poder o en la oposición al poder, que también es potente.

La mugrienta mano momificada de Betsy Ross ondea una bandera rasgada y sucia con barras estrelladas y estrellas embarradas. El fantasma purulento de JFK se ha levantado, pesaroso, y empieza a arañar los cristales de una Casa Blanca congelada en el tiempo. En el Pentágono ya no hay militares como el coronel Nathan R. Jessep (Algunos hombres buenos, 1992) y, si los hay, se han quedado disecados ante esta afrenta histórica. No dejan de repetir: «Un tío con disfraz de búfalo se ha colado en el Congreso; un tío con disfraz de búfalo se ha colado en el Congreso…».


Comparte este artículo:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*