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El equipo de gobierno de Pedro Sánchez tras los cambios de julio de 2021.

Opinión, Política

España: ¿partidos o partidas?

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España cae en picado y retrocede en riqueza, prestigio, solvencia, democracia, justicia, igualdad, decencia y otros valores básicos. Los principales culpables de esa dura decadencia son, sin duda, los partidos políticos

Algunos grandes partidos españoles se han ganado el derecho a llamarse partidas. Partidas de maleantes mejor que partidos políticos. Algunas reacciones ciudadanas de protesta drástica frente a la clase política son explicables si se tiene en cuenta el insoportable nivel de arbitrariedad y abuso de poder reinantes. Ya es hora de decir la verdad y de dejar de encubrir los desmanes y fechorías de unos partidos políticos españoles que no son ya el sostén de la democracia, sino la base de la corrupción, de la pobreza, del desempleo y del fracaso de España. Afirmar que los partido políticos, sobre todo los grandes que han gobernado con ayuda de los nacionalistas, son el mayor obstáculo para que España se regenere y resucite es una verdad constatada que merece ser proclamada a los cuatro vientos, aunque los políticos y sus perros del poder, los periodistas sometidos y los jueces y magistrados politizados, proclamen lo contrario y luchen por seguir engañando a su pueblo.

La mayoría de los periodistas siguen hablando de democracia en España, ocultando que pocas de las reglas básicas de ese sistema tienen vigencia en nuestro país. También repiten que no todos los políticos son corruptos, olvidando que todo el que no denuncie la corrupción que percibe y opera en su entorno se convierte en cómplice y en colaborador activo de ese mal.

El asesinato de la democracia

Los partidos políticos españoles son los grandes culpables del actual drama de España. Son los responsables directos del asesinato de la democracia, la destrucción de cientos de miles de empresas productivas, de gran parte del desempleo y la pobreza que asolan el país, del descrédito de la política, del desprestigio de la democracia, de la pérdida de los grandes valores y de la enorme frustración que embarga a la sociedad española, antes alegre e ilusionada, pero hoy transformada, por culpa de su clase política, en una masa triste de parias sin esperanza.

Por el número de casos de corrupción y abuso de poder abiertos ante los tribunales españoles, los grandes partidos con representación parlamentaria deberían ser considerados por la justicia como asociaciones de malhechores. Exceptuando a la banda terrorista ETA, no existe en España otras organizaciones visibles con más delitos acumulados que los partidos políticos.

Sus militantes y cargos han saqueado las cajas de ahorro y parte del erario público, sin pagar por ello y sin devolver lo robado. Hay miles de políticos con un patrimonio acumulado imposible de justificar sin que ni siquiera sean investigados por los tribunales de justicia. Han creado una sociedad injusta en la que los empleados y las clases medias pagan más impuestos y sufren más recortes, proporcionalmente, que los ricos, mientras que ellos mismos se blindan ante la crisis con sueldos, pensiones y ventajas de absoluto lujo y privilegio. Han infectado a la sociedad, desde arriba, con sus malos ejemplos de corrupción y abuso de poder, protagonizando miles de actuaciones cargadas de indecencia que escandalizan y desmoralizan a los ciudadanos: nepotismo, amiguismo, clientelismo, concursos públicos trucados, listas negras de marginados y perseguidos, utilización del fisco para aterrorizar a los adversarios, subvenciones trucadas, concesiones inconfesables a los amigos, arbitrariedad en las oposiciones a puestos públicos, colocación masiva de amigos en el Estado y construcción de un Estado tan enorme y costoso que es culpable, en gran medida, del terrible endeudamiento público de España.

Despilfarro hasta la locura

Pero, además, han despilfarrado hasta la locura, se han endeudado como dementes y siguen haciéndolo; han cambiado dinero público por votos sin otro fin que mantenerse en el poder; han mentido al ciudadano hasta convertir la falsedad en política de Estado; han alimentado el nacionalismo y el independentismo; han negociado de manera clandestina con ETA; y han utilizado el dinero de todos los españoles como si fuera de su propiedad.

Pero sus fechorías han ido todavía más lejos, porque han asesinado la democracia; han aplicado la ley con desigualdad, han indultado desde el gobierno a canallas, golpistas, torturadores, asesinos y toda clase de delincuentes; han eliminado la justicia gratuita, convirtiéndola en un privilegio de los que tienen dinero; han comprado y doblegado voluntades con el dinero de los impuestos; han atiborrado de dinero público a los propios partidos, a los sindicatos, organizaciones patronales y fundaciones e instituciones vinculadas al poder; han comprado con publicidad y concesiones no declaradas a los medios de comunicación, acabando con la prensa independiente; y han esquilmado a los ciudadanos con impuestos injustos y desproporcionados, los mayores de toda Europa, proporcionalmente, sin devolver al ciudadano servicios adecuados.

La lista de sus maldades parece no tener fin, pero quizás la mayor de todas sea haber convertido a los partidos políticos en escuelas de políticos antidemócratas

La lista de sus maldades parece no tener fin, pero quizás la mayor de todas sea haber convertido a los partidos políticos en escuelas de políticos antidemócratas, cocinados en hornos autoritarios que sólo producen gente mediocre que asume la política como una carrera para enriquecerse y conseguir poder y privilegios. Los partidos, contrariamente a lo que establece la Constitución, han renunciado a la democracia interna y han construido organizaciones piramidales donde, para hacer carrera, es necesario renunciar al libre albedrío y a la conciencia, diciendo siempre «sí, señor» al líder, sin jamás debatir en libertad, sin que nadie se atreva a contradecir al que manda.

Como consecuencia de ese tipo de formación, más propia de mafias y de esclavos que de ciudadanos libres, miles de mediocres sin sentido de la democracia y sin valores éticos suficientes llegan al poder y comienzan a robar y abusar sin ni siquiera tener conciencia de que esos comportamientos son contrarios a la democracia y a la decencia.

La sociedad que han construido estos políticos mediocres españoles, sin moral ni grandeza, es un verdadero desastre maloliente. España es hoy un país indeseable que ocupa los primeros puestos en el ranking mundial del blanqueo de dinero, la corrupción, la trata de blancas, la prostitución, el tráfico y consumo de drogas, la población carcelaria, la acogida de mafias y bandas delictivas de todo el mundo, el fracaso escolar, el desempleo, la justicia bajo control y un odio creciente de sus ciudadanos a su clase dirigente, que es la antesala de un verdadero desastre de la convivencia.

Si es cierto el principio de que por sus frutos los conoceréis, la clase dirigente española es una clase fracasada, maligna y digna de ser expulsada del poder y hasta del país que han destruido. Basta mirar su obra para advertir su poca altura moral, intelectual y social.


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Un comentario

  1. Avatar Jesús

    Perfecta definición de la sucesión del franquismo: alternancia entre el pseudofascismo de derechas y el pseudofascismo de izquierda, ahora ampliado con los partidos bisagras y los partidos nacionalistas xenófobos

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