partitocracia

Una ilustración de Banegas que representa la partidocracia. / PULL

Opinión, Política

Votar o botar

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El diccionario de la RAE define así el término ‘botar’: «Arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo.» A muchos nos asalta la duda de que quizás sea mejor ‘botar’ que ‘votar’ a la clase política, porque la experiencia está demostrando en España que las cosas no mejoran cuando sustituimos a un gobierno por otro y que los mismos dramas regresan con el tiempo

Reconozcamos con realismo y verdad que el voto nos está sirviendo para que la democracia sea cada día más débil, para que España retroceda y pierda prestigio, para que persistan la injusticia, el abuso de poder, los impuestos injustos y los gobiernos indeseables y fracasados.

Después de los nefastos mandatos de Zapatero y Rajoy, España desembocó en Pedro Sánchez, el peor de los tres, bajo el cual se aceleró la división, la decadencia y la siembra del odio en una de las etapas más difíciles desde la muerte de Franco. Esa sucesión de fracasados en el poder demuestra que el voto no siempre sirve para mejorar una nación y que, a veces, es más necesario botar a los políticos que votarlos.

Cuatro maneras de afrontar las urnas

Muchos españoles, en vísperas de las elecciones generales, contemplan las urnas como una ocasión para vengarse de un gobierno que ha causado al país daños terribles.

Cuatro grandes grupos de ciudadanos se acercarán a las urnas con la papeleta en la mano: (1) los que, inconscientes del fracaso de la política y del drama que nos amenaza, votarán con normalidad suicida a sus partidos preferidos; (2) los que, cargados de resentimiento, quieren vengarse del gobierno votando a la oposición; (3) los que, fanatizados o comprados con el dinero público y los privilegios, seguirán votando al poder, a pesar de los errores y estragos causados al país; (4) y los que, conscientes de que el problema no es sólo Sánchez sino también el sistema, corrupto, antidemocrático y convertido en una sucia partidocracia, quieren expulsar del poder a uno de los peores gobiernos de la moderna historia de España y cambiar el sistema para que no regresen jamás los depredadores ineptos a la Moncloa.

Este último grupo de ciudadanos, cansados de un sistema corrupto hasta las trancas, está más dispuesto a botar a los políticos que a votarlos en las urnas, siempre con la ilusión de regenerar el país e instaurar por fin una democracia auténtica en lugar del actual remedo corrompido de tiranía camuflada de democracia.

Las próximas serán las primeras elecciones en España, desde 1975, en las que millones de ciudadanos tendrán que elegir no tanto entre un partido y otro, sino entre un sistema que no funciona y una regeneración ética y política que muchos ciudadanos desean, pero que los políticos profesionales, de un color y de otro, impedirán con todas sus fuerzas para no perder poderes, privilegios y ventajas.

Votar es depositar la papeleta, pero botar es expulsar, echar. Los que estamos indignados ante las traiciones a la democracia perpetradas por la casta política española iremos a las urnas no para votar sino para botarlos del poder, condición previa a todo intento de regeneración y de resurgimiento.

Nunca ha sido tan necesario como ahora los votos de los demócratas españoles, imprescindibles para hacer saber a la casta política que basta de errores, de traiciones a la democracia, de corrupción, de abusos y de impunidades. Todos sabemos votar depositando la papeleta con la lista elegida en la urna, pero quizás no sabemos botar a los políticos.

Abstención masiva

Se logra apostando por partidos nuevos que no estén contaminados y que no hayan participado en la orgía de fracaso, corrupción y abuso desplegada en las últimas décadas. Se consigue también con la abstención masiva, el voto nulo, que incluya una leyenda hostil a la clase política, y haciendo proselitismo contra los partidos que han conducido a España hasta el presente sombrío, donde la división, el odio, la decadencia, la injusticia y el abuso de poder presiden la vida política.

Las urnas vacías o llenas de votos de protesta demuestran con claridad el rechazo ciudadano al abuso y el mal gobierno, pero ni siquiera esas urnas llenas de reproche servirían para hacer cambiar a una clase política tan degradada como la española, experta en incumplimientos, mentiras, despilfarros, endeudamientos atroces, desprecios al ciudadano y prostitución de la democracia y del sistema.

Votar a los viejos partidos, esos que han demostrado su incapacidad para gobernar España, con sus aliados nacionalistas, comunistas, proterroristas y totalitarios de diversa índole, sería un nuevo suicidio ciudadano. El camino único para regenerar España es hacer morder el polvo a los chorizos, sea cual sea su partido, banda o partida de bandoleros.


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