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Una imagen que ilustra la alegoría de la caverna de Platón.

Opinión, Política

Monstruosos políticos y españoles irresponsables

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Decir que, en España, los políticos de los partidos constituyen una panda de desalmados e hipócritas que viven en simbiosis con ciertos grupos sociales tan despiadados como aquellos, no supone ninguna novedad. Mienten sin pudor a la mayoría de ciudadanos, se aprovechan hasta la saciedad de estos y lo extraordinario es que siguen obteniendo la confianza de sus víctimas

Lamentablemente, esa mayoría de españoles seguirán siendo objeto de toda clase de abusos mientras no ofrezcan la necesaria resistencia y actúen en consecuencia. Viven ajenos a la realidad, y son hasta cierto punto felices en sus respectivas cavernas (alegoría de Platón). Sus intangibles cadenas (ignorancia, miedo, indolencia, egoísmo, etcétera) les impiden ver lo que otros muchos conseguimos descubrir tras liberarnos de tan pesados lazos.

Resulta grotesco que, mientras millones de españoles señalan cada día el estado ruinoso de la economía y del empleo, la deuda pública desorbitada, los cientos de casos de corrupción política y económica, el deterioro de la sanidad pública, los elevados tributos, la ausencia de justicia material, el elefantiásico aparato estatal repleto de instituciones y cargos, los nuevos peajes de carreteras, los privilegios de la casta política, la carestía de las facturas de luz, agua, gas…, así como cientos de problemas más, a su vez creen a pie juntillas que unos ilusionistas y charlatanes de feria les van a solucionar sus vidas porque así lo pregonan continuamente con el interesado apoyo de numerosas empresas de comunicación y dirigentes de otros Estados que compiten con el nuestro.

Tragarse el sofisma de que el Estado es un ser autónomo y bondadoso, conformado por instituciones dirigidas por personas compasivas, unos ángeles o santos que sacrifican sus vidas por los ciudadanos, es de una ingenuidad aterradora. El poder político, sin división y autocontroles, sin vigilancia y participación de la ciudadanía, atrae a lo peor de nuestra sociedad y deriva hacia la tiranía. Y a los hechos me remito.

Sólo hay que observar con un mínimo interés la evolución de ciertos indicadores para concluir que España está abocada al fracaso si la nación -el pueblo- no se espabila y asume la responsabilidad y el papel que le corresponde para poner fin a este indigno y despótico régimen político.

Evolución del gasto público y de la deuda de nuestro país. / DATOSMACRO.COM

Por otro lado, estoy hasta la coronilla de esos españoles cantamañanas que dicen ser solidarios con los más débiles y necesitados, pero que dejan en manos de los poderes públicos -el Estado- las decisiones que afectan a nuestras necesidades básicas y otros aspectos de nuestras vidas, convirtiendo a los ciudadanos en meros receptores pasivos sometidos a las decisiones de los gobernantes de turno, sin margen real para corregir sus posibles decisiones arbitrarias. De esa forma tan imprudente intentan librarse de sus responsabilidades como miembros de la sociedad a la que pertenecen. A mi juicio, no hay mayor acto de insolidaridad que eludir nuestras responsabilidades como miembros de la sociedad.

Con todo esto no quiero decir que no considere necesario el Estado ni que sea un antisistema. Todo lo contrario, al no ser precisamente ángeles, necesitamos organizarnos mediante sistemas políticos, sociales y económicos que faciliten la satisfacción de nuestras necesidades fundamentales. Sin embargo, en ningún caso triunfaremos con el actual sistema político -partidocracia-, que ha dado sobradas muestras de su inutilidad y perversidad. Por tanto, para modificar nuestro statu quo es primordial que una mayoría de españoles se remanguen sus camisas y construyan la estructura óptima del edificio para garantizar su futuro sin tantos sobresaltos, sin equilibrios inestables.

Igualdad de oportunidades

La subsistencia (agua, comida, aire), la integridad física y mental (protección, seguridad, salud…), la libertad (pensamiento, educación, expresión, comunicación, movimiento, creación, igualdad efectiva de derechos…), la identidad (autoestima, costumbres…), etcétera, son necesidades humanas que necesitan ser satisfechas y, sin un sistema político que facilite la igualdad de oportunidades en el acceso a dichas necesidades, será casi imposible vivir digna y pacíficamente. ¿Se imaginan una lucha permanente por tener acceso al agua, por ejemplo? ¿O que el Estado no tuviera el monopolio de la violencia para mantener el orden en las calles de nuestras ciudades mediante las fuerzas y cuerpos de seguridad? ¿O que sólo unos cuantos privilegiados o poderosos tuvieran acceso a la sanidad, la educación o la justicia de forma efectiva?

Sí, el aparato del Estado es necesario, pero no cualquiera. El éxito de España no debería depender exclusivamente de poner el actual Estado en manos de unos dirigentes u otros, sino de tener el mejor sistema político -democracia formal- que evite tanta dependencia de quienes ocupen en cada momento los poderes públicos. Sin ciudadanos responsables, no hay conquista posible.

Dejar que pase el tiempo haciendo siempre lo mismo nunca va a mejorar los resultados. Por tanto, es evidente que nuestro triunfo como nación no depende de los votos a partidos en este régimen partidocrático, sino que sólo depende de la responsabilidad y dignidad de una mayoría de españoles, que deberán hacer el esfuerzo de romper esas ligaduras que le impiden ver más allá de las sombras reflejadas en las paredes de sus cavernas.

En definitiva, sólo me queda preguntar: españoles, ¿para cuándo?


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3 comentarios

  1. Avatar Manuel

    Muy bueno el artículo, Luis, ¿para cuándo? Yo creo que la sociedad española no está aun preparada para eso… Y no sé si tú y yo lo veremos…

  2. Avatar M. Reyes Fdz Loaysa

    Para cuándo… para ¡YA! Spiriman ha VUELTO YEAHHH

  3. Avatar Fernando Gil Perez

    Estimado Luis, avanzamos aunque no al ritmo que nos gustaría a la hora de crear conciencia ciudadana a este respecto. El ser humano por naturaleza necesita del sufrimiento para tomar conciencia, y a partir de ahí explorar posibles salidas a su situación. Despertar conciencia sin haber experimentado sufrimiento es una tarea ardua, aunque no por ello, imposible. Gracias por tu empeño.
    Fernando Gil. Un Abstencionario Constituyente.

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