marcelo rebelo

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa.

Opinión, Política

Jaque a la partidocracia en Portugal

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El pasado 14 de agosto de 2020 los dos principales partidos políticos de Portugal, PS y PSD (equivalentes respectivamente al PSOE y al PP en España), habitualmente enfrentados ya que se disputan el poder en el parlamento en cada convocatoria electoral, aprovecharon la fecha estival para, con nocturnidad y alevosía, alterar la ley electoral municipal limitando la presencia de las listas independientes en los órganos de gobierno locales y exigirles más requisitos para poder candidatarse

Las listas independientes surgen de la ciudadanía para candidatarse a la presidencia de las Cámaras, órganos administrativos que, grosso modo, son como una fusión del ayuntamiento de nuestras capitales de provincia y su diputación. 17 cámaras en Portugal están presididas por listas independientes, entre ellas la Cámara de Oporto, segunda ciudad y polo industrial del país.

Ante la maniobra de los dos principales partidos nacionales aprobando una ley para obstruir la aparición de este tipo de movimientos locales de carácter claramente más democrático que los partidos, 14 de los 17 grupos independientes se reunieron el pasado sábado 27 de febrero para anunciar al gobierno (y a la oposición, que colaboró en la aprobación de esta artimaña de ley) que tienen hasta el 31 de marzo para revocar las alteraciones realizadas a la ley electoral. En caso contrario, se verán obligados a tomar las medidas necesarias, no descartando asociarse para fundar un partido político nacional con carácter municipalista.

De concretizarse este hecho, constituiría un punto de inflexión en el sistema electoral portugués, ya que los electores de las ciudades y pueblos pasarían a disponer de un partido diferente. Un partido del que conocerían los nombres de los diputados, que se deberían a sus electores locales y no se encontrarían -presumiblemente- sometidos a los designios de las élites de su partido.

Espíritu descaradamente proteccionista

Llaman la atención tres cosas. Primero, la propia ley que origina esta controversia, por su espíritu descaradamente proteccionista del poder de los partidos y por lo absurdo de algunas de sus determinaciones, tales como requerir el reconocimiento notarial de las firmas presentadas para la formalización de la candidatura de cada grupo independiente.

En segundo lugar, llama la atención la ligereza con la que esta noticia ha sido abordada por los medios nacionales portugueses, tratándola de una forma aséptica, como si de una cuestión meramente burocrática o de procedimiento se tratase y sin poner de relieve el abuso de poder de los partidos, que aprobaron una ley que atenta contra la libertad y merma la expresión democrática que supone el florecimiento de grupos independientes de la ciudadanía. Sin olvidarnos de la tomadura de pelo que supone aprobar esta ley un 14 de agosto. Hay medios de comunicación que protegen a los partidos como el párpado protege al ojo: son parte de un mismo aparato. Por otro lado, ni que decir tiene que, a nivel internacional, poca o ninguna repercusión ha tenido esta noticia.

En tercer lugar, sorprende la falta de reacción popular ante este hecho. Nadie ha salido a manifestarse, ni de día ni de noche, y ningún debate ha abordado la cuestión de fondo: el coto privado de caza que constituye el acceso a la representación popular y, sobre todo, al poder que de ella emana.

Tampoco deja de ser llamativo que todo esto está teniendo lugar en un país que se coloca en la posición 14ª del ranking de calidad democrática, según el Índice Mundial de Libertad Electoral, tal como publicaba EL LIBRE el pasado 22 de febrero. Una posición, para hacernos una idea, bastante por encima de la de España, que ocupa el puesto 37º. De forma que, si así funciona una democracia que forma parte del Top 20, ¿cómo lo harán las democracias que están por debajo, como por ejemplo la nuestra? Recuerdo la risa que nos hacía cuando en la época de las dos Alemanias, la que se llamaba República Democrática era precisamente la que no era democrática. Y es que autodenominarse país democrático no convierte a un país en realmente democrático ni en la Alemania de los 80 ni ahora en la Europa del siglo XXI.


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3 comentarios

  1. Avatar Paco Molera

    Magnifico artículo, gracias.
    Necesitamos más periodistas con dignidad.

  2. Avatar Ignacio Nogales

    El vídeo adjunto de WHY (esa ONG de presupuesto millonario) es una tergiversación indigna de la noción Democracia.
    Por mencionar sólo lo más grosero, entre sus muchas trampas y medias verdades: falsea la representación democrática, achacándole las lacras que son de la falsa representación partidocrática; ni menciona algo tan fundamental como la separación en origen de poderes (y por supuesto, tampoco la independencia judicial); y para terminar, propone el disparate de la elección por sorteo.

    • Avatar ALBERTO

      Tú también te has dado cuenta…pero como está chulo la gente se lo come con papas. Libertad colectiva, separación de poderes (legislativo y ejecutivo) e independencia del poder judicial.

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