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Un bróker trabaja en la Bolsa de Nueva York, en mayo de 2010. / REUTERS

Economía, Opinión, Política

La transformación más grande de la historia de la humanidad (tercer pliego de cordel)

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Está claro que estamos ante una etapa de transición que evolucionará hacia un sistema completamente revolucionario y distinto que será capaz de mejorar el nivel de vida de cada ciudadano del mundo

De aquí en adelante, las manifestaciones y las protestas de los ciudadanos continuarán su presión y su activismo sin pensar en que lo que solicitan no es una utopía, sino una transformación global a la hora de entender las diferentes políticas económicas en su urgencia de instauración. Todo es posible. Dicho con más claridad: todo sucederá. Por mucho que se empeñen los poderes de las élites políticas, económicas, sociológicas, académicas y culturales en que el mundo tiene que continuar pensando que el sistema capitalista es la única vía necesaria para continuar gobernando la vida a base de propaganda, publicidad, democracia, sistemas de producción basados en una evolución que fue pensada en el pasado e intentándonos convencer que el capitalismo es la única posibilidad para crear riqueza y para sostener la globalización desde la aplicación reiterativa de los distintos modos de facilitar el crecimiento de toda civilización, el poder sabe que se dirige a un camino sin retorno. Lo sabe. Y eso es lo más peligroso.

La civilización, en su gran mayoría, ya no cree en el sistema monetario, porque sólo comunica desigualdad, frustración, élites de poder, partidos políticos que se empeñan en que la democracia liberal es la única capaz de solidificar la nueva era sin reparar en los estragos que la democracia actual está causando entre las diferentes culturas. Uno de los estragos más notables y más ignominiosos es el crecimiento consecuente de la pobreza. Cada año mueren millones de niños en todo el mundo. La pobreza es la causa de más muertes que jamás pudimos imaginar. Mucho más que todas las guerras de la historia. Gandhi dijo algo así como que la violencia más brutal que se puede crear es la pobreza. ¿Estamos preparados para buscar soluciones? ¿Realmente existen soluciones para erradicar de forma completa la pobreza en el mundo? La respuesta es contundente: sí.

Para ello, es necesario un sistema revolucionario radical que cambie por completo las políticas socioeconómicas que actualmente funcionan en todas partes. ¿Cómo hacerlo? Por ejemplo, eliminando la circulación del dinero. Hay que hacer desaparecer de la faz de esta Tierra el dinero. Puesto que éste es el gran impulsor de todas las desgracias del mundo. El dinero nos está envenenando a todos sin tan siquiera darnos cuenta. El dinero actúa en la anulación de derechos humanos, contra la producción necesaria, contra el reparto equitativo de las mercancías, de las energías renovables, de la sostenibilidad del planeta, contra la ética que debe mantener viva en el ser humano la idea de que estamos aquí para ser felices, y no para ser esclavos del capital, que dirige y distribuye la desigualdad entre todos los pueblos que se reparten por la geografía.

Economía Basada en Recursos

Por lo tanto, para convocar esta transición del mundo hacia una economía y una forma de políticas completamente inversas a lo que hoy se mantiene a través de la resistencia del tiempo, es inevitable que el dinero deje de funcionar como método de sostenibilidad del planeta. Hasta que el dinero no deje de expandirse por todas partes, la revolución de la Economía Basada en Recursos no podrá interactuar y profundizar en el necesario cambio que la humanidad entera, casi entera, está solicitando. Sólo hay que ver cómo han aumentado las protestas de la ciudadanía en todo el mundo.

Se empezó con la salida a la calle de los que fueron llamados antiglobalizadores. Hornadas de gente solicitando un cambio de la economía global que estaba ocupando los más terribles estragos alrededor de todo el mundo. Este movimiento antiglobalizador fue silenciado por la distancia que los políticos establecieron entre sus cumbres político-económicas y la marea humana de los contestatarios, además del silencio producido por los medios de comunicación.

En 2007, se produjo la crisis norteamericana, que pronto se extendió por toda Europa, fracturando la alianza con los pueblos que aún, desde la ignorancia, creían en el sistema monetario como única alternativa para mantener un sostenido y alto nivel de vida. Eso no ocurrió. Como no había ocurrido antes desde el origen del capitalismo, es decir, desde la industrialización de finales del XVIII, llevada a la filosofía, como hemos dicho, por Locke o Smith, además de Michelet, Stuart Mill, Bentham, Bright, Cobden, Macaulay y otros.

Las protestas frente a la crisis financiera del 2007, tentaculizada con enormes fracasos del sistema del libre mercado, llevó a la calle a millones de ciudadanos repartidos por todo el mundo: Europa, África, Asia, América, con lo cual se dejaba intuir que el capitalismo no era la solución a los problemas, sobre todo a los sociales, sino un modo de enriquecimiento de los resortes más poderosos de la economía global: las empresas, las multinacionales, el poder político, la Bolsa… los dueños del mundo. La riqueza se postergaba en una élite minoritaria que intentaba establecer el orden, pero a la vez se daba cuenta de que ese orden sólo estaba derivando en caos, en el derrumbe del sistema como tal.

Sin embargo, para reorganizar el caos, se impuso, por parte de los bancos centrales, de las instituciones económicas internacionales, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, de la OCDE y la OMC, más las economías de los países más conservadores, unas políticas de austeridad sobre los bienes públicos de la sociedad que afectaron sólo a la ciudadanía más humilde o de clase media, aumentando el desempleo y unas medidas de recortes que condujeron a una recesión casi sin precedentes, donde estas alternativas de sacrificios de la clase popular pudieron denominarse con una odiosa palabra: austericidio.

La importancia de una educación global

Por lo tanto, urge una evolución global que conduzca hacia la transformación del mundo, tal y como preconizó Marx. Este cambio social debe plantearse desde la asunción de nuevos valores, en los que no aparezca la conducta que hemos aprendido desde siempre a partir de una educación sesgada, alienada, propagandística, formadora de futuros hombres de trabajo donde el dinero se integre como principal motivo a la hora de ser felices entre la abundancia que el mercado produce. Hay que negarse a besar la bandera de cada patria, cada uno de nosotros, obliterar el patriotismo y oponerse a una cultura social que nos han impuesto como publicidad variable de lo que uno debe ser y donde uno debe estar. Los valores morales no sirven para nada. No existe lo bueno y lo malo, todo es un proceso de conductismo social.

Es imprescindible variar los comportamientos y actuar sobre ellos a partir de una educación basada en la comprensión de la vida y lo que ella nos propone, de no evitar al otro por el hecho de ser el otro, sino de compartir con el otro lo que uno es y desea ser. La educación es fundamental para todo proceso de transformación, pues sólo variando la cultura educacional lograremos que el niño, el joven, el universitario sean ellos en sí conociéndose a sí mismos y practicando el pensamiento crítico.

El educador debe enseñar no sólo los conocimientos, sino una reflexión sobre adónde vamos y por qué, de tal modo que el estudiante adquiera suficientes razones para pensar por sí mismo y no por lo que el sistema desea que sea: un mero producto para la sociedad que sirva y actúe a favor de una sociedad establecida. Las sociedades que nosotros pensamos que deben crearse es urgente que se manifiesten desde la culturización de las nuevas generaciones en lo que corresponde con la ecología, con la construcción de un mundo en defensa del medioambiente, con la seguridad de que sólo ellos, las nuevas generaciones, podrán cambiar la vida si responden a criterios de nuevos valores, de alianzas entre todas las razas, todos los pueblos, todos los pensamientos preparados para iniciar una transformación del planeta que no cometa los mismos errores del pasado, es decir, la defensa de la libertad que pregonan las democracias cuando esa libertad no es más que una palabra podrida, corrupta, absurda, alienante.

La liberación real del hombre llegará cuando conozcamos en plenitud todo lo que nos ofrece la Tierra y sepamos cómo aprovechar esos recursos y no fracturarlos, contaminarlos, hacerse propietarios de ellos. En eso debe basarse una educación completa que hoy en día no existe, pues lo único que impera en la formación del joven es su traslación hacia el mercado del trabajo, donde asistirá al mecanismo de explotación que el sistema monetario impone. Ésa es la pura verdad y no admite críticas.

El sistema monetario, en tanto en cuanto proyecto de un procedimiento de producción abusivo a la búsqueda siempre de la rentabilidad, imanta una obsolescencia planeada que impide la eficiencia, como decíamos antes, para que el producto sea erróneo y tenga una corta vida de funcionamiento. Esto no es baladí, sino que es promovido por el sistema para que la dinámica cíclica de la oferta y la demanda se cumpla, para que el consumo sea siempre una fuente de riqueza que salve toda economía que, en un momento dado, pueda alcanzar visos de romperse y colapsarse. La mercancía está fabricada para que dure poco, de tal manera que el uso de materiales baratos y diseños no demasiado complejos acontezcan en el sistema de producción como un modelo de total reedificación y constante montaje de nuevas mercancías. Si controláramos el sistema de producción a través de herramientas realmente eficaces, se evitaría en primer lugar la acumulación de desechos, con la consiguiente intermediación en el medio ambiente y, en segundo lugar, conseguiríamos que los productos fueran perdurables y el modelo de fabricación ideara un cambio radical en cuanto al diseño y a la durabilidad.

Por ejemplo, si la tecnología produjera unos zapatos de alta calidad, éstos durarían más que con el actual sistema de producción, el cual crea los zapatos para que, en poco tiempo, tengan que ser reemplazados por otros. Si la tecnología produjera ropa de alta calidad, no tendríamos que estar constantemente comprando materiales de abrigo por su vejez prematura o porque quedan obsoletos, evitando que la mercancía componga basurales permanentes a donde va a parar todo aquello que creemos y sabemos que ya no nos sirve.

De modo que es este consumo cíclico, como decimos, la base de la economía de mercado que padecemos. Y en este tiovivo de la productividad estamos alojados sin reparar en que existen alternativas para que el capital deje de existir y sea substituido por una Economía Basada en Recursos, que es lo que intentamos explicar como solución a este caos y a este drama que supone vivir siempre estando pendientes del dinero como única condicionalidad de una existencia que se aloja en la barbarie y en la codicia. Todo sistema monetario no atiende a los verdaderos avances de una modernidad, los cuales quiere evitar y dosificar, porque sabe que en ello se otea la oscuridad del tiempo y el redil de lo óseo entre lo que tiende a desaparecer. Con ello, se está posibilitando con plena constancia el drama que ello conlleva. El monetarismo es un sacrificio letal para la humanidad.

Finalizo con un poema de mi libro Poemas de la Mundialización:

EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO

Yo no me creo que el mundo se acabe.

Tanta belleza no puede desaparecer por un agujero.

El tiempo podría ser una inyección amarilla de número.

No es posible que tanta maravilla se parta como una naranja.

El mundo no tiene final porque siempre está empezando.

Tan sólo un punto, un segundo y todo lo demás

está dentro del punto y el segundo. Todo este inmenso

amor circular es imposible que desaparezca hacia nunca.

Si un día llega la muerte de las constelaciones

físicamente todos estaremos con los cuerpos desvanecidos,

sin embargo, siempre, más allá de la inteligencia y el terror,

crecerá una noche la rosa que vuelva a dormir en los campos,

sola, muy lenta, desnuda y en olvido, como si todo renaciera.

El hombre que habita este mundo es demasiado carnal

como para permitir que un viento de metal se lleve

para siempre tantos nacimientos cubiertos de memoria.

Dios no existe, pero está superado todo mito invisible.


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