bank broken

Los bancos son el mayor exponente de un sistema corrompido.

Opinión, Política

La transformación más grande de la historia de la humanidad (segundo pliego de cordel)

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Estamos intentando pensar otra alternativa al sistema monetario creado a partir de una economía de mercado. El monetarismo produce grandes injusticias que deben ser relevadas por otras alternativas. Esta actitud es la que encintamos a pensar como variable del fracaso del sistema socio-económico prácticamente extendido por todo el planeta desde la invención siniestra de la conocida como globalización económica

La globalización neocapitalista se olvidó y ya todos lo advertimos a partir de dos factores fundamentales: la salud pública universal y la educación universal gratuita. De ahí que ahora la pandemia haya podido escupirnos en la cara por dejar tales agujeros bien abiertos.

Como las yeguas de Glauco, intervino entonces la Nueva Economía, basada en la venta y compra de la mercancía a través de los medios de información y de la comunicación, producto de la tecnología más enemistante y ahora yutubers en Andorra.

(Ah, esta minoría de nuestra juventud que ha caído en la trampa del individualismo y del Gran Gatsby).

Ya no se exporta a partir de los mares, los continentes, las tierras y el aire, sino desde una operadora tecnología por donde se suceden ingentes negocios donde el dinero apenas existe, sólo las transferencias económicas desde la red, lo cual crea un sistema de especulación realmente alarmante. La tecnología, mito de la modernidad, es utilizada desde el progreso del mundo, esto es cierto, pero lo que también es real es que esa economía tecnológica produce diferentes variantes entre lo que verdaderamente es el mercado y lo que se origina como una nueva manera de realizar negocios mucho más fructíferos y con unas ganancias para las empresas, los ejecutivos, las bolsas, las multinacionales, el economicismo fuera de todo orden que antropomorfiza, cual ecuaciones de vodka, estos cantos de Maldoror que son la ambición, el rápido enriquecimiento, el mercado sumergido, la manipulación de las cifras y la defraudación al propio sistema monetario.

Mi niña rubia

La moneda -aquella mi niña rubia- ya no es del todo eficaz, sólo un sistema económico que, dependiente de lo tecnológico, induce (y lo sigue realizando cada día más) a intensos fraudes e inmensas ganancias para los que utilizan ese mecanismo como control absoluto de todos los negocios internacionales.

Sin embargo, el dinero sigue existiendo. Ello es fundamental para una sociabilización financiera que fuera rentable y que repartiera el sistema de producción en su justa medida y generando abusos realmente insalvables por los poderes políticos. La política se ha convertido así en un mero capataz del modelo económico, donde los mercados actúan con entera libertad, aún a costa de sus grandes mentiras y desafiando a toda una civilización.

¿Cómo se producen esa mentira y ese desafío? Es muy sencillo. Intentemos explicarlo con claridad.

Lo primero de todo, escarbemos sobre los mecanismos del sistema monetario globalizado señalando las consecuencias que este tipo de estructura organizativa produce en lo que, con anterioridad, se vino a definir como nuevo orden mundial.

Para que el capital funcione es necesario que exista la necesidad de un consumo circular, imponiendo que los bienes y servicios a cada momento sean comprados y vendidos -según la ley de la oferta y la demanda-, aun sin tener en cuenta la calidad del producto y lo que el dinamismo del mercado estraza para la destrucción del planeta, originada por la ingente cantidad de residuos y de contaminación medioambiental.

Por otro lado, es fundamental que la economía monetarista condicione lo que definiremos como la abundancia de la escasez, esto es, lo producido por la impulsión de los recursos, bienes y servicios desde la atalaya de la escasez, la cual edita deliberadamente el baremo necesario para que la ecuación de la oferta y la demanda jamás sea alterada, sino cíclica y en constante variación, de modo que es la escasez lo que permite a la industria permanecer constantemente en su ideación de un sistema de producción que siempre tenga validez y nunca pérdidas.

Si hay escasez, hay demanda, de modo que la oferta se dispara desde el cuartel financiero de las empresas y sus aliados. La escasez de productos es la base de toda economía basada en el monetarismo y en el afianzamiento del mercado.

¿Acaso esto que señalo es un descubrimiento de mi torpe lucidez? No. Todo está perfectamente estudiado. Por supuesto que lo está.

Ya los filósofos a los que odiaba Marx, de la industrialización del siglo XIX, teorizaron sobre este mecanismo de ganancias. Ellos fueron los fundadores del capitalismo. Y a ellos le debemos odio y defenestración por sus teorías del liberalismo amparadas por entonces por el apogeo de la industrialización. Marx, repito, fue uno de los más claros pensadores –cambió el idealismo político hegeliano por el materialismo dialéctico y científico, mucho más a mano y en mano: es decir, la idea por la materia- que denunció a lo largo de toda su vida esta ausencia de altruismo y esta aberración que nos condujeron hacia donde ahora estamos. Marx tenía, de este modo, razón. El capital con el tiempo sería el gran problema de las sociedades modernas.

«La gran industria ha creado el mercado mundial»

Así lo expresó: «La gran industria ha creado el mercado mundial, que fue preparado por el Descubrimiento de América. El mercado mundial ha impulsado una evolución inconmensurable del comercio, de la navegación, de las comunicaciones terrestres. Ésta ha influido a su vez en la expansión de la industria y, en la misma medida en que se expandían la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, se desarrollaba la burguesía, aumentaba sus capitales y relegaba a un plano secundario a todas las clases heredadas de la Edad Media».

La navegación de la mercancía, empero, como decimos, ahora se realiza a través de las redes de la información y de las comunicaciones.

Otro de los aspectos que intervienen en este sistema monetarista es la prioridad de las ganancias o de las rentas, que es la que conforma el alto nivel de corrupción en todo el mundo, porque se produce la urgente necesidad de obtener ingresos. El sistema monetario en sí es un sistema altamente corrupto. Comenzando con las bolsas -desde el Nasdaq hasta nuestro hispánico Ibex-, donde se alteran el precio de los productos y se soborna a los ejecutivos de dicha corporación para que ello ocurra, continuando con la Gran Banca, que impone unos altos intereses ante las solicitudes de préstamos, que son los que ocasionan que, sólo con la invención de esos intereses, el dinero fluya por la costalera de la producción de más capital, el cual está pensado, a su vez, para crear un dividendo que nace desde el fraude o la corrupción más influyentes en el crecimiento insalvable del capital.

Sólo mediante los intereses, las bonificaciones, las comisiones de la Gran Banca se genera más dinero que el dinero que surge desde el pago de la deuda real del préstamo para comprar un inmueble, un coche, la puesta en marcha de un pequeño negocio, etc., etc.

Por otro lado, se da la circunstancia de que el sistema basado no en los valores reales del mercado, sino en su especulación, permite la manipulación fiscal. Son las grandes corporaciones de los sistemas bancarios centrales del mundo las que benefician a la riqueza controlando la economía de modo que estas corporaciones evalúan y se activan al margen de los poderes políticos. Esta fiscalidad se invisibiliza cuando los grandes emporios controlan los sistemas bancarios y editan una forma nueva de empresas y sociedades financieras a través de las cuales pueden evadir su dinero a paraísos fiscales que el poder político y económico califican como legales o ilegales.

La legalidad o ilegalidad de los paraísos fiscales permiten una evasión de impuestos, cuya diferencia el ciudadano normal debe nivelar a través de su declaración de la renta anual. Es decir, que la diferencia entre lo que se evade, mediante una economía sumergida, y lo que el ciudadano tributa en los diferentes Estados se amaña con el dinero de más que los gobiernos obligan a pagar como renta a los que realmente declaran sus ganancias anuales.

¿Acaso no se podría escribir una novela negra cuyos personajes ancestrales continuasen siendo héroes, dioses y hombres?

Recuerdo ahora aquellos versos míos de mi poemario Poemas de la Mundialización:

El primer día del siglo XXI en un pub de Berlín

nació a los once de la noche un hombre nuevo.

La familia del padre le regaló un texto de economía.

Dos amigos del hermano deletrearon la democracia.

Todos los noviembres de los largos años 90

los ciudadanos del mundo se empezaron

a dar cuenta que los políticos ya no eran sus políticos.

No bastaba con votar el domingo de las ferias.

Aquellos hombres de las carpetas no salían del club…


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