clavo martillo

Al clavo que sobresale, martillazo.

Educación, Opinión, Política

Déficit de cualificación: una excusa agotada

Comparte este artículo:

Ya casi me había olvidado de uno de los recursos más recurrentes de nuestros preclaros visionarios mediáticos a la hora de explicar nuestros elevados índices de paro. Los bajos sueldos que campan por la estepa laboral del sur de Europa franquean las tragaderas del respetable con un salvoconducto sobado y viejo: la falta de competitividad. Y preste atención, ojito al truco: ha de saber que las empresas no son competitivas debido a la falta de formación de los trabajadores. ¿Dónde está la bolita?

Casi me había olvidado, pero de nuevo volví a oírlo en uno de nuestros medios nacionales, en boca de una analista (o tertuliana, o periodista) de esas que, grito al viento, son muy de izquierdas y mucho de izquierdas. Como soy traductor, le traduzco el mensaje de esta profeta del proletariado: que la economía española no levanta cabeza debido a que los trabajadores son unos ineptos, poco y mal preparados. O séase, que son gente de segunda a los que más les valdría dar las gracias por un puesto de trabajo que no merecen. Y olé. Si esto es la izquierda, es para coger los libros de Lenin, de Marx y la foto de Mao Tse-Tung y tirarlos a la acequia. Así se las gasta nuestra izquierda. Más que una tabla de salvación del trabajador indefenso, es un club de rebañaorzas que se reserva el derecho de admisión.

«La economía española no es competitiva porque los trabajadores tienen déficits de formación, hay falta de cualificación»… Me parece perfecto que cualquiera pueda expresar en el medio que se lo permita su opinión, por disparatada que sea. Lo que no entiendo es que, ante un cliché tan desgastado, desactualizado y tendencioso como este, ningún interlocutor salga al paso. Aunque bien pensado, en el fondo sí que lo entiendo. Porque, ¿quiénes son los opinadores con tiempo de antena en los grandes medios? Pues son gentes que se presentan ante el público como personas de mérito en su mayor parte, pero que, de una u otra manera, forman parte de una segunda línea afín a la élite de turno, deseosos de agradar. Oportunos hidalgos con una envidiable habilidad para calibrar sus declaraciones en función del coste-beneficio personal. Políticos, a su modo. Para esta gente, el pueblo llano y sus necesidades no pasan de conceptualizaciones de las que servirse para atacar tal o cual objetivo, para alcanzar tal o cual meta. Este tipo de afirmaciones dejan en evidencia que, en el fondo, nada les importamos ni usted ni yo.

La mentira del déficit de cualificación

Primero, porque no es verdad que haya un déficit de cualificaciones generalizado. Nuestras universidades lanzan cada año a las listas del desempleo miles y miles de jóvenes, excepción hecha de todos aquellos que optan por coger sus bártulos e irse a buscarse la vida a otro país, que no son pocos. Cada año acuden a los concursos de empleo público miles de titulados universitarios que no tienen ninguna otra opción laboral mínimamente digna. Y la mayor parte se vuelve a su casa de vacío. El fenómeno de la sobrecualificación es algo que ya forma parte de nuestro día a día en una sociedad que, recurriendo a otro cliché, es la mejor preparada que alguna vez tuvimos.

Y segundo, porque en el caso de que fuese cierto que no estuviésemos cualificados, ¿cuál es la autocrítica? Quiero decir, ¿no hay ninguna responsabilidad atribuible a los doctos elaboradores de programas educativos? ¿A los consejeros de educación? ¿A un sistema incapaz de extraer lo mejor de ese bien tan preciado que son los jóvenes, y también los menos jóvenes? Desde el minarete ideológico, el diagnóstico será mecánico: «Las personas no cualificadas son unos vagos o tontos o las dos cosas». Yo a esto lo llamo nazismo subliminal. Porque todo el mundo tiene un don, todo el mundo es genial en algún aspecto que no siempre es evidente ni siempre es capitalizable, al menos a corto plazo. Pero de esto, ni los estándares educativos europeos ni el modelo mental anglosajón que los sustenta quieren saber nada. Y así las cosas, si Van Gogh volviese a nacer hoy, volvería a morir en la miseria, alienado como un desequilibrado peligroso.

Señores, señoras, (¿señoros?), el problema de la economía española no es la falta de profesionales cualificados. No. El problema, poliédrico, pasa por unas grandes fortunas al amparo de los gobernantes -sean del signo que sean-, poco competitivas fuera de este entorno protegido. El problema pasa también por unos decisores poco cualificados, tanto en la empresa privada como en el aparato del estado. De verbo ágil, unos y otros son incapaces de seguir el ritmo de las innovaciones aunque, en todo caso, quieren monopolizarlas desde su cortedad. Por lo tanto, no espere planes de educación públicos que integren las tecnologías del momento y mucho menos alguna planificación a futuro que implique algún tipo de osadía o ambición social.

No, queridos dirigentes, el problema ya no es la falta de cualificación. En España, el problema es que no ha surgido un Google, un Amazon o un Facebook. Y no ha surgido porque no lo podía haber. Como mucho un Cabify, un copycat de Uber, que copiar eso ya sí lo hacemos. En España, al clavo que sobresale, ya se sabe: martillo. Siendo nuestras élites torpes y cobardes, se ha transmitido al pueblo llano el mensaje erróneo de que ser torpe y cobarde es la fórmula del éxito… Huelga decir que no lo es. La cultura del esfuerzo se ve desbancada por la cultura del postureo. Al siembra y recogerás le hace sombra el medra que algo queda. El oportunista es respetado y quien trabaja la tierra es un paria. Y, para que el sinsentido no decaiga, el circo mediático nos entretiene con grandes noticias como el abucheo de Pedro Sánchez en la calle o el color de la bandera en un desfile.

Por todo ello, humildemente concluyo que el problema de la economía española y las tasas de desempleo no es en absoluto la falta de cualificación de los trabajadores. El problema es la falta de cualificación de los decisores, deficitarios tanto en aptitudes como en actitudes. Estamos en manos de cobardes y no hay nada más peligroso que depender de un tonto con miedo.


Comparte este artículo:

Un comentario

  1. Avatar Francisco José Castillo

    Mejor descripción imposible. El problema es la falta de tejido empresarial que necesite trabajadores con niveles altos de cualificación.
    Del sistema educativo mejor hablamos otro día… demasiado bien salen los chavales o hemos salido los no tan chavales con una ley educativa por gobierno y a cada cual más flojita no vaya a ser que se traumen…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*