Los adolescentes fueron y son un sector olvidado en los medios de información, pero hoy les daremos la oportunidad de ser escuchados
Los jóvenes al principio de la pandemia fueron los primeros señalados como culpables de la transmisión del virus por la activa vida social que acostumbran a tener. Se ponían los ejemplos de los botellones o las quedadas en las plazas sin mascarilla para pasar la tarde.
Pero, después de ponerles la diana en la espalda, nos encontrábamos con las clases presenciales donde metían a 28 niños en un aula sin posibilidad de mantener las distancias. Donde se formaban largas colas en las máquinas expendedoras de los centros o iban al cuarto de baño de tres en tres. Los profesores argumentaban lo mismo: que no podían controlar todo y que hacían todo lo que podían. Pero no era suficiente. Ya esto no era culpa de los jóvenes pero se seguía hablando de ellos como si lo fuera.
Yo decidí darle voz a diferentes testimonios de adolescentes que vivieron y viven la pandemia como pueden, unos mejor que otros. Aunque, como en casi todos los temas, hay diferentes puntos de vista y eso es lo que yo buscaba. Empecemos con los testimonios:
Volver a vivir
Este es el caso de una familia que tuvo que esperar a poder vacunarse para tener un hueco en esta nueva realidad. Saliendo solo para lo necesario para no traer el virus a casa. Y es que este testimonio es sobre un joven que, además de vivir con sus padres y su hermana, vive con sus abuelos desde hace 6 años.
Imaginad la situación de vivir con personas mayores en un momento en el que un virus empieza a extenderse por España y sus principales víctimas son personas ancianas.
Mientras sacaban una vacuna, no podían ir a lugares de ocio. Debido a eso, la vida social del joven se vio muy afectada. Pero la madre, al ser los padres de ella, fue la que peor lo pasó.
El adolescente cursaba en ese momento un grado medio, que no suelen tener un gran número de alumnos, donde siempre llevaba mascarilla y llevaba a cabo todas las medidas. La progenitora estaba más preocupada por su hija pequeña, pues en su clase eran 30 niños sin apenas poder mantener la distancia y, cada X tiempo, había un nuevo positivo.
La madre solo se tranquilizó cuando sus padres tuvieron las dos dosis puestas, dejando así a su hijo ir a casas de amigos para finalmente darle la libertad absoluta
Al tiempo dejaron al joven dar algún que otro paseo, pero eso no le impedía sentir cierta envidia cuando sus amigos le contaban lo que habían hecho en el fin de semana.
La madre solo se tranquilizó cuando sus padres tuvieron las dos dosis puestas, dejando así a su hijo ir a casas de amigos para finalmente darle la libertad absoluta.
Me dijo que, aunque en varias ocasiones se peleara con su madre, se alegraba de haberle hecho caso. Hubo un momento que sus abuelos se contagiaron, pero ya estaban vacunados y no tuvieron muchas dificultades. Entonces vio que mereció la pena esperar para poder salir y vivir como un adolescente normal.
Padres conspiranoicos
Ser adolescente no es fácil. Te piden que actúes como adulto pero te siguen tratando como un niño. Tomando decisiones por ti, como es el prohibirte que te vacunes. Esto es lo que le ocurre a un adolescente y sentí curiosidad por cómo lo vivía él.
Empezamos desde el principio: ¿qué pasó para que sus padres tuvieran esa negativa? El origen fue su PYME. Ellos tenían una PYME que, como muchas otras, se vio afectada por el confinamiento. La gente estaba asustada por la aparición del virus. Entonces, las personas no salían y no gastaban dinero.
Los padres buscaban información en fuentes no oficiales, donde comenzaron a creerse cosas como que China había creado el virus para acabar con Europa. Y, por supuesto, culpaban al gobierno por meter miedo a las personas.
Las consecuencias de tener unos padres con este pensamiento, aparte de no poder vacunarte, intentan convencer a las personas de entorno para que no se vacunaran e incluso, si le piden el pasaporte COVID a su hijo para empezar a trabajar, seguirían con la misma prohibición.
Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos y nunca les desearían nada malo, pero, ¿en plena pandemia, donde todo suma, es lo correcto?
La pesadilla de la UCI
Nos encontramos con el típico adolescente de 14 años callado, fan de los videojuegos, de la música y que no salía de su habitación. Alguien que estaba feliz en su mundo. Pero el confinamiento fue un golpe de realidad para todos.
Poco antes del confinamiento, el padre de este joven, volvió del trabajo con malestar. Ya se escuchaba hablar de la COVID. Entonces, decidieron llamar al médico. Pero solo les dijeron que era un resfriado normal.
El hombre siguió empeorando durante las primeras semanas del confinamiento, llegando a tal punto de que se asfixiaba subiendo un escalón. Hasta que, a la segunda semana, se lo llevaron en ambulancia al hospital.
Estuvo semana y media en planta, pero, después de empeorar más todavía, lo trasladaron a la UCI. Las primeras semanas en UCI fueron las peores para la familia. Los médicos le llegaron a decir que, si su padre se levantaba al día siguiente, sería un milagro. Esto afectó demasiado al joven, pero nunca perdió la esperanza.
Por fin, en la segunda semana del segundo mes del confinamiento, su padre regresó a casa. Este fue tal golpe en la vida del adolescente que le cambió la forma de verla. Intentaba animar a los demás porque decía que la vida con una sonrisa es mejor.
Estudios inseguros
A los adolescentes se les suele decir que estudien algo que les guste o que, al menos, tenga salidas. Pero, cuando en plena pandemia te encuentras en tu segundo año del grado superior de Documentación y Administración Sanitarias, se puede tambalear tu futuro.
Una joven, que empezó este grado en 2019, se vio envuelta en una pandemia. Ella siempre fue de las que decía que el virus llegaría a España, pero en ningún momento pensó en dejar sus estudios, haciendo así sus prácticas en 2021.
Siempre intentaba respetar todas las medidas para mantener a raya su preocupación, pero, cuando alguien daba positivo, se agobiaba. Aunque me dijo que al final, al trabajar en un hospital, te acostumbras a esas cosas. Es cierto que los padres al principio mostraban rechazo, pero a la vez se alegraban, porque su hija empezó a trabajar de algo que le gustaba.
A día de hoy, sigue trabajando un poco más tranquila, pero sigue alerta y cumpliendo con las medidas. Pero señala que, si bien hay personas que respetan a los trabajadores, se dio cuenta de que muchas otras trataban a los sanitarios como robots. Pese a esto, no se arrepiente de haber estudiado ese grado y anima a las futuras generaciones que quieran trabajar en el mundo sanitario.
Terminando ya con todas estas historias, quiero añadir que los adolescentes fueron unos de los sectores más afectados, subiendo con creces los porcentajes de ansiedad, estrés, depresión y dependencia tecnológica. No fue fácil para nadie, pero a nosotros no nos preguntaron, solo nos acusaron. Por eso quise rescatar estos testimonios, para que nos tengan en cuenta y no nos pongan en una diana.
Un comentario
Siempre he pensado que los adolescentes os habéis llevado la peor parte, además de que es una edad difícil se complica todo con el confinamiento…Enhorabuena por tu artículo