Antes de convertirse en un meme, Chuck Norris (Ryan, Oklahoma, 10 de marzo de 1940-Kauai, Hawái, 19 de marzo de 2026) fue uno de los actores más taquilleros del cine de los años 80 junto con Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger. Pero su dureza se dejó notar ya en 1972, cuando protagonizó con Bruce Lee uno de los mejores combates de la historia del cine en ‘El furor del dragón’
Este icono de la pantalla grande (y de la pequeña debido al éxito de la serie Walker, ranger de Texas) fue cinturón negro en todas las artes marciales que practicó, repartiendo estopa a diestro y siniestro durante décadas con el foco puesto en los malos. Películas como Delta Force, Invasión USA, Código de silencio o Desaparecido en combate fueron taquillazos en la época del pelo escaldado y las hombreras.
En España, ¿quién se merecería una buena hostia de Chuck Norris? Hay una larga lista de candidatos:
- Los radicales de uno y otro bando político que se niegan a ver la realidad de los datos y de los relatos para aferrarse a la sonrisa diabólica de su líder, al que nunca se le puede cuestionar.
- Esos sanitarios que pagan con los pacientes sus frustraciones laborales y personales. Y esos pacientes que pagan con los sanitarios la mala gestión del SAS, cuando los culpables son los de arriba.
- Los responsables de que la gente no pueda operarse a tiempo de una enfermedad y de que una simple prueba diagnóstica tarde un año, periodo en el que una dolencia leve puede agravarse mucho.
- Los gestores políticos que no saben ni quieren cuidar la sanidad pública (los trabajadores de la Bolsa del SAS han sido maltratados sistemáticamente en los últimos años).
- Los servidores públicos que engordan la educación privada, las clínicas privadas y las residencias privadas con ingentes cantidades de dinero público.
- Los corruptos de cualquier índole, sobre todo los que se lucraron ilegalmente durante la pandemia con las mascarillas (en España murieron 146.398 personas por coronavirus entre los años 2020 y 2022).
- También se merecen un buen mamporro los funcionarios que firman documentos importantes sin leerlos bien o a sabiendas de que ese papel que están firmando es ilegal.
- Los influencers que se hacen eco de bulos sin contrastarlos, sólo por tener contenido.
- Los periodistas que se convierten en estómagos agradecidos del poder y se ríen cuando un periodista de verdad hace una pregunta molesta al mandamás de turno.
- Esos padres-helicóptero que no permiten a sus hijos que cometan sus propios aciertos y errores y que se encaran con el entrenador o el profesor de su vástago porque, si hay un conflicto, la culpa siempre las tienen ellos o los otros, nunca mi niño.
- Esos trabajadores (camareros, encargados, dependientes de papelería, vendedor de coches, etcétera) del sector del comercio o la hostelería que atienden mal a un buen cliente.
- Esos chavales que hablan alegremente de Franco y de ETA sin haber padecido ninguna de esas dos lacras.
- La gente que no te contesta cuando le das los buenos días.
- Los supuestos expertos en marketing y comunicación que convierten a actores, deportistas y cantantes en rutilantes estrellas sin reparar en la caída posterior y sus consecuencias psicológicas.
Espero que Chuck Norris no se esté revolviendo en su tumba ante tanta tontería, tanta falsedad, tanta familia rota, tantos desahucios, tanta pobreza, tanta estupidez confrontada con misiles, tantos pelotas, tanto enchufismo, tanto egoísmo, tanta envidia, tantas mentiras…
Una última frase que no es la típica hipérbole que se inventa la gente sobre el protagonista de Los valientes visten de negro, sino que la dijo Chuck realmente en Los mercenarios 2: «Una vez me mordió una cobra en la pierna. Después de cinco días de un dolor agónico, la cobra murió».