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Eduardo Inda.

Comunicación, Opinión, Política

Periodistas privilegiados: sean imparciales

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La empatía es una palabra que lleva tiempo de moda. Y lo está por muchas razones. La primera de ellas puede ser su sonoridad, los labios se juntan con dulzura, entre ellos solo puede entrar un aire sedoso, el ala de un pájaro que saldrá de la cueva cuando éstos se abran con la lentitud de unos ojos que se preparan para recibir la luz de un nuevo amanecer

Las palabras cogen valor por su significado y por su contrario o cuando no se dignifica lo que ella quiere decir. Cuando su antónimo está tan presente como la realidad de la misma. Cuando su naturaleza se confunde con su toxicidad. El amor te hace sentir más vivo, pero te mata como el mejor de los asesinos. La empatía reina porque sus vasallos la ignoran. Ponerse en la piel del otro arropa el alma, siempre nevada, se transforma en aguas calientes, un jacuzzi donde hierven ambos corazones.

Pero este tipo de palabras tan manoseadas corren el riesgo de dejar de ser respetadas y empezar a usarlas al antojo de los más necios. Y en la peor de las situaciones olvidarlas hasta hacer parecer que no existen. Y eso es lo que están haciendo algunos periodistas de derechas privilegiados y las opiniones que tienen sobre la subida del salario mínimo a 950 euros. Si les parece una subida desproporcionada, pueden dar ejemplo y bajarse los sueldos privilegiados de los que disfrutan y cobrar el nuevo salario mínimo. Intenten llegar a final de mes de manera digna en Madrid o Barcelona, las ciudades donde ustedes viven, verán cómo es imposible. Dejen entonces que una gran parte de la población que hasta ahora cobraba menos aún tenga un poco más de dinero con el que poder vivir un poco mejor. Porque es solo eso, una leve mejora en unas condiciones de vida ya paupérrimas que no hará que ustedes, y el resto de privilegiados que no quieren que nadie más llegue a la condición que disfrutan, pierdan su lugar de privilegio.

Así que no sufran, ustedes seguirán siendo la clase dominante. Ustedes no hacen más que defender la voz de su amo. Querer mantener los privilegios de los que más tienen para que la clase trabajadora más oprimida lo siga estando toda su vida.

Cinismo brutal

Es curioso que los periodistas que más se han quejado de esta decisión bien tomada por el gobierno, sean los que tienen sus puestos más seguros y sus sueldos superen en varias veces el nuevo salario mínimo interprofesional. Periodistas con varias nóminas, que escriben en varios periódicos, y luego colaboran en programas de radio y televisión. Mileuristas que lo son por tres, por cuatro o por diez. Y no seré yo el que diga que no se lo han ganado legalmente, otra cosa sería la moralidad de algunas cosas que hacen y de muchas de las que dicen. Sean algo empáticos, busquen la palabra en el diccionario si no la conocen o simplemente la han olvidado de no ejercerla y miren a su alrededor. Esas personas que están con ustedes en la redacción del periódico, la radio o la televisión o los compañeros freelance que ejercen su labor de manera autónoma. La mayoría son mileuristas a secas, otros no llegan a ese nivel y morirían por llegar y otros llevan años trabajando en prácticas desde que acabaron la universidad. Cuarentañeros haciendo méritos para que les sigan pagando esos cientos de euros al mes.

Pero estos periodistas que viven en sus realidades acorazadas no van a empatizar con la sociedad en general si tampoco lo hacen con sus compañeros de profesión con los que conviven el mayor tiempo de cada día. Vuestro egoísmo es evidente y no querer perder unos privilegios que no son justos ni proporcionales es lo que hace que defendáis con tanto ahínco los de los grandes empresarios, os estáis comiendo las migajas y las virutas rechupeteadas que éstos escupen al comerse ese gran bocadillo de jamón ibérico que es España.

Inteligencia de hienas

Nos contaréis que ese dinero habrá que sacarlo de algún sitio, muchas gracias por demostrarnos vuestra inteligencia de hienas con dentaduras podridas por la codicia, llenas de vuestro sarro mental. El capitalismo salvaje os está enloqueciendo y sois gente realmente peligrosa. Que paguen más impuestos los que más tienen es la mayor muestra de empatía posible, de patriotismo, querer que la mayor parte de tus conciudadanos vivan lo mejor posible debería ser una razón de orgullo, de caridad cristiana. Porque leyendo a estos periodistas de derechas, parece que solo ellos deciden lo que es patriota, que el único credo aceptable es el que representa la Iglesia Católica, pues entonces, prediquen con el ejemplo, señores acaparadores.

Y si el trabajador tiene más dinero en el bolsillo podrá consumir más en vuestras distintas empresas, podrá pedir créditos en bancos para comprarse una casa o un coche, para que éstos puedan seguir forrándose a nuestra costa. También se le puede rebajar la fiscalidad (estudiar cada caso en concreto) a la pequeña y mediana empresa para que puedan cuadrar sus cuentas y puedan hacer frente a esta subida salarial sin tener que echar a ningún trabajador de la empresa.

El pueblo solo quiere vivir dignamente, no que le regalen el sueldo ni que se lo manden a casa como muchas veces dais a entender con vuestros comentarios en los programas de radio o en esos panfletos que ponéis por escrito en los periódicos. Pura grasa antes de envolver el bocadillo en ellos. Es cuestión de prioridades, y que la mayor cantidad de gente posible tenga una calidad de vida aceptable está muy por encima de las cosas que haya que hacer para lograrlo.

Querer que la mayoría de los españoles tengan un sueldo mínimamente justo justifica (valga la redundancia) cualquier cosa que haya que hacer para conseguirlo. El fin justifica los medios, sobre todo cuando éste es de ley. El problema no lo genera el que no tiene lo necesario sino el que tiene más de lo necesario y amenaza con llevárselo a otro sitio si pierde una pequeñísima parte de sus privilegios. Defender al egoísta os hace nauseabundos y yo os vomitaré en mis artículos para que quede constancia de ello, Carlos Cuesta, Carmen Tomás, Isabel San Sebastián, Sostres, Inda y compañía.


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