carros de fuego

El actor Ben Cross, en una escena de la película 'Carros de fuego'.

Opinión

Todos en ‘stand by’

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Como en la mítica escena de ‘Carros de fuego’, sudamos. Nos miramos. Nos mordemos el labio inferior y nos concentramos para llegar a la meta

La carrera de fondo de la vida puede tener tramos fáciles, difíciles, regulares… La curva en la que estamos ahora es la peor de nuestras vidas. El tiempo pesa en la mente y en el cuerpo. Asidos a la esperanza, hincamos las uñas al muro hasta dejar marcas rojas, porque no queremos que nuestro alma se corrompa por completo.

Algunos estaban impolutos con la inamovible creencia de que el bienestar iba a durar toda la vida, pero ese engaño se ha dado de bruces con el peor virus en 100 años. Todo se ha derrumbado: lo que iba regular, ahora va mal y lo que iba mal… ha quedado destrozado.

¿Abrazar o no abrazar? He ahí la cuestión. En la carrera por la playa hay codazos y la sonrisa del convencimiento se va tornando en duda. Siento un pinchazo que no es la vacuna AstraZeneca. El confinamiento de mis órganos ha provocado un desastre interno que solo se soluciona con fuerza de voluntad, pero ¿de dónde sacarla cuando nos llegan mensajes contradictorios? ¿Cómo ser confiado ante tanta mentira? Sigo adelante. Si caigo tres veces, me levanto cuatro.

Aureolas de luz

Llega la cuarta ola y me moja los pies mientras avanzo posiciones. Los demás se van ralentizando a medida que observan entre el público aureolas de luz que representan a los que ya no están. Demasiadas pérdidas en una guerra que se podía haber evitado. Y siguen cayendo a pesar de que el gran capitán, apretando la mandíbula, diga que dentro de pocos meses avistaremos la playa.

En esta carrera vamos todos de blanco, porque ya no queremos el color de ningún partido. Ninguno quiere ser la oveja negra, pero el marrón se cierne sobre nuestras cabezas. En otras épocas, se podía luchar con armas contra el mal. Ahora solo nos queda correr, que no huir. Correr como salida, como firme propósito de enfrentarnos a la adversidad, como certeza de que el movimiento es vida y el estatismo puede llevar a la soledad, al desencanto, al fin. Correr como elaboración de un plan que tiene introducción, nudo y desenlace, el que tú elijas y no el que te quieran imponer.

Paciencia, tolerancia, estrategia, preparación… Todo ello me lleva a los primeros puestos de la carrera. Ya diviso la meta. Me ha costado mucho llegar hasta aquí. He sufrido mucho para estar en esta situación. He evitado roturas emocionales, he pegado trozos de mi personalidad con cola de empatía, con celo de cariño y de aprecio. He gritado para no romperme y he llorado para recomponerme. He dado abrazos con el codo y besos con el pie. He tenido que reírme para encajar el surrealismo vital y he tenido que aislarme para poder ser parte de un conjunto. He aplaudido sin ganas con mirada de soslayo y he alzado el puño con victorias cotidianas. He tragado kilos de barro, pero siempre mirando a los ojos al contendiente. He sufrido golpes y magulladuras. He escupido sangre, pero mi honestidad, mi lealtad y mi integridad siempre han quedado intactas.

Cuando faltan solo unos pocos metros, solo tengo un adversario que podría ganarme. Miro de reojo y veo a un hombre sin rostro. De repente, faltando menos de un segundo para alcanzar la meta, todo se para. El cielo se llena de nubarrones y caen rayos y truenos. Nos hemos quedado todos petrificados justo antes de llegar. No habrá medallas ni sonará el himno. Estamos en modo reposo, en espera, en stand by, como cuando le dabas al pause en el vídeo Beta en aquellos inolvidables años 80. Así nos quieren para combatir la pandemia. Así nos tienen, con cara de alce disecado ante tantas reuniones de autoridades sanitarias que no van a ningún sitio, ante tantos vaivenes vacunales, ante tanto circo político, ante tanto cierre perimetral, ante tantos bandazos con medidas ora restrictivas ora permisivas… Debemos encontrar el mando a distancia cuanto antes y clamar: «Alexa, quiero que me cuenten la verdad. Y voy a correr sin parar, hasta romperme las zapatillas, hacia ella contra todo riesgo». Esa es mi única meta.


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4 comentarios

  1. Avatar Nati Vázquez

    La verdad… ¿¿Cuál es la verdad?? La de ellos. La nuestra. Dudo que algún día la sepamos. Pero que más bien parece un circo, creo que sí. Cierre perimetral, suben los casos. Cierre de comunidades, suben los casos. No ves a la familia, suben los casos. Dejen ya tanto cuento y déjennos vivir, porque así es un sinvivir.

  2. Muy bien expresado, obligados a estar aparentemente congelados cuando en realidad nos vamos degradando como productos perecederos…. Surrealista

    • Avatar Mercedes Rodriguez del Castillo

      Magnífica reflexión de Paco Núñez. Otra vez, hace una atinada descripción del momento en que la ciudadanía se encuentra ante las actuaciones de la clase política, su desconcierto. Muchísimas gracias al autor de este artículo por expresar tan acertadamente lo que tantos sentimos.

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