elecciones andaluzas

Montaje fotográfico de los seis candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía.

Opinión, Política

Las elecciones de Andalucía: el fin de una forma de hacer política

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El PP ha logrado una victoria contundente en las elecciones anticipadas en Andalucía. Vox logró menos de sus expectativas y la izquierda se ha metido un batacazo importante

Es evidente que el marco de la pandemia ha beneficiado al PP, partido gobernante, mientras que el de la inflación y los choques en el gobierno central, junto a la guerra, han empeorado las expectativas de la izquierda. Esto se ve reflejado en la abstención, mayoritariamente de izquierdas. El PP ha logrado repetir los buenos resultados de Arenas en 2012 (1,5 millones de votos), consolidando su hegemonía en el Sur y sustituyendo al PSOE como el Partido Institucional Andaluz.

El PP regó con 50 millones de euros a los medios de comunicación. El PP logró, con las encuestas del Centra y de los medios antes de la convocatoria electoral, instalar dos ideas: Moreno es un moderado (aunque no tenga nada que ver con sus políticas) y no hay posibilidades de que la izquierda gobierne. Con ese marco, que compró mucha gente, la campaña que viene VOX, junto con la campaña de Olona, muy sobreactuada, benefició al PP, que es probable que se haya beneficiado de un trasvase de votos del PSOE para frenar a Vox, ya que la izquierda no tenía posibilidades de gobierno.

Mientras la derecha ha logrado superar el 1,8 millones de votos de 2012 (ha llegado a los 2 millones), la izquierda se ha dejado un millón de sufragios en casa. No logra movilizar a los 700.000 que se dejó en las anteriores elecciones y se deja más de 300.000 en estas. La izquierda ha sido incapaz de romper la imagen de moderado y sacar a relucir la agenda antisocial y neoliberal de Moreno. La sensación es que éste no ha tenido oposición (o no ha aparecido en los medios), favorecido por la pandemia, que ha evitado manifestaciones.

Liderazgo poco consistente del PSOE

El PSOE apostó por un liderazgo centrista, sevillano y con experiencia de gestión, pero poco consistente. Esto ocurrió porque Susana se empeñaba en querer continuar al frente de la Secretaría General y María Jesús Montero no quería enfrentarse a su antigua compañera, a pesar de ser la mejor apuesta. Teresa se opuso, desde la segunda reunión, a sumar en una candidatura conjunta, con la esperanza de reconstruir una suerte de PSA a lo CUP. El resultado es que, a pesar de que saca dos diputados, ha restado más de lo que ha sumado y ha favorecido la mayoría absoluta del PP.

El resultado de Por Andalucía era previsible. Una candidatura hecha a toda prisa (cuando hubo tiempo para realizarla), con un nombre que se podía confundir con el de Adelante Andalucía, una candidata desconocida, con todo el sarao del cierre de la candidatura jugando al chicken game. Este panorama no era alentador y no favorecía un clima para un cambio de gobierno. La gestión de Moreno no había sido contestada en los años anteriores, por lo que no se percibía como mala, y la izquierda no presentaba una alternativa. Bonilla lo ha tenido fácil.

En Por Andalucía hubo la posibilidad de colocar a un independiente de prestigio y haber cerrado gran parte de la coalición en febrero, permitiendo una precampaña larga y obligando al PSOE a moverse. IU y Podemos prefirieron negociar hasta el último minuto para colocar a su candidato/a con el resultado conocido. Se hizo una lectura conservadora tras el batacazo de Castilla y León, apostando a que se iba a la baja y saliendo a empatar con el resultado ya sabido. Profecía autocumplida de manual.

La campaña ha sido poco imaginativa. IU ha sido poco permeable a ideas innovadoras de campaña y a argumentarios potentes. Se ha hecho una campaña clásica sin tener una gran cantidad de militantes para poder realizarla. La comunicación, un desastre sin capacidad, apenas, de incidir en la agenda. Esto es el fin de una forma de hacer política inaugurada en 2014. Campañas poco profesionalizadas, falta de encuestas, negociaciones hasta el último minuto, falta de extensión territorial, no meter publicidad en los medios, amauterismo, programas poco trabajados, coaliciones realizadas más por espanto que por amor.

Si la izquierda alternativa quiere pintar algo, tiene que tratar de revertir estos malos hábitos

Si la izquierda alternativa quiere pintar algo, tiene que tratar de revertir estos malos hábitos, así como formar a sus cuadros y realizar precampañas largas, con datos, encuestas, extensión territorial, etcétera. El problema no es que Podemos estuviese invisibilizado en campaña o en el nombre. UP lleva dándose batacazos desde las elecciones autonómicas anteriores (y locales). El problema es la falta de proyecto de país, falta de extensión territorial, calidad de cuadros, conflictos internos (donde ha habido tortas las expectativas de votos han bajado), exceso de ruido en el gobierno central, falta de relato, falta de autocrítica…

Es urgente abrir un proceso de reflexión o la historia nos llevará por delante volviendo al bipartidismo. Es necesario trascender el espacio de UP, que no deja de ser una coalición electoral. Hay que reinventarse y lograr ensanchar el espacio y aumentar la militancia. Esperemos que el proyecto de Yolanda Díaz lo consiga. A día de hoy, es nuestra única oportunidad.


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