juanma y maria chus
Juanma Moreno y María Jesús Montero se besan en un evento político en una imagen de archivo. / EFE

Erecciones andaluzas

Actualizado 10/04/2026 20:52

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Del autor de ‘Erecciones municipales’ llega una nueva entrega, sin cortes ni censura, del símil entre el sexo y la política en una época muy dada al orgasmo, esto es, las semanas previas a una campaña electoral

Lo dijo el propio adalid del mundo libre andaluz en El Español: «La erótica del poder existe. Lideras una comunidad autónoma y eso hace que las mujeres se acerquen con interés«. ¿Y no hay hombres que hacen lo que haga falta por un carguito, por oler poder o por una paguita de libre designación? El guapo (para algunas) y aseado Juanma Moreno dio a entender, en su gira literaria, que tenía que quitárselas de encima. Me ahorro comentario alguno de cómo eso le pudo sentar a su señora…

Todos los líderes de todos los colores empiezan a sentir esa excitación cuando tienen que hacer las listas. Es lo que tiene nuestro fallido sistema electoral, que no puedes votar a personas sueltas sino a un catálogo cerrado con una marca establecida de antemano. Eso ya te baja la libido.

Si tienes que volver a confiar en un amante o un ex, hay que tener en cuenta cuántas veces te ha hecho concesiones, en la vida y en la cama, y cuántas veces te la ha metido doblada. Esa balanza es crucial. Puede que venga la mujer de rojo con muy buenas intenciones pero, en realidad, te va a dar sexo de la peor calidad, la postura más incómoda y el final infeliz que, en el fondo, no te sorprende porque ya había precedentes.

Antes se intercambiaban fluidos en la pegada de carteles. Ahora es virtual, como el sexo que practica mucha gente. Sin embargo, los decibelios de los gritos han subido, como una noche loca y sudorosa de verano, de coitos encadenados, un acto mucho más placentero que tener que aguantar un mitin de Juanma o de María Jesús.

Hay runrún. Hay un reconcomio. Hay una fase de lencería y ropa interior antes de poder acceder a las puertas del cielo, al jardín, a ese follaje tan deseado por todos los oradores. En los últimos años, cada sesión de control ha sido como una relación sexual obscena, una orquídea salvaje de confrontación. Trajes de cuero, látigo y mucho bondage. Pero, para llegar a esas sesiones pornoparlamentarias, primero hay que hacer la calle.

Las miradas de los fanáticos de un líder político implican admiración y estimulación. Entra el macho o la hembra en el pabellón y los besos se suceden efusivamente. Su rostro aparece por todas partes en formato gigante. Las palabras van seduciendo a los allí presentes hasta que, en posición de recibir, se lo tragan todo.

Ellas, volcán en erupción. Ellos, gigolós del selfi, cara con cara. Abrazos, besos y golpes para llegar al sadomasoquismo. El roce de la campaña empaña las entrañas de la democracia. La gonorrea de las urnas está servida.

No dejes que te lleven al huerto, que allí es de noche, hace frío y hay lobos aullando que harían cualquier cosa por pillar cacho. Y hay lobas que es mejor saludarlas de lejos. Una paja a tiempo es una victoria.

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