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El mural de Pedro Sánchez en una de las calles de Valencia. / EFE

Opinión, Política

Pedro Sánchez, a punto de secuestrar a España

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Ninguna democracia del mundo en su sano juicio entregaría todo el poder, sin controles judiciales ni parlamentarios, por seis meses, a un gobernante, ni siquiera en caso de guerra, pero la imbécil y cobarde España está a punto de entregárselo a un tipo como Pedro Sánchez, nada fiable, con claros rasgos definidos por muchos especialistas como tiránicos y psicopáticos, lo que equivaldría a un suicidio pleno como nación y a la mas que probable muerte de una nación de hombres y mujeres libres

Hace 15 años publiqué un libro titulado Democracia secuestrada (Almuzara, 2005) en el que demostraba que las democracias, sobre todo la española, estaban siendo secuestradas por la conspiración de los partidos políticos, dedicados a debilitar y suprimir los controles democráticos al poder y a buscar atajos para incrementar su dominio y privilegios. El libro analizaba diversas rutas empleadas para el secuestro y recomendaba el debate permanente, en la sociedad, en los medios, en las redes sociales y, sobre todo, en el Parlamento, como única vía para preservar la democracia de la tiranía que la amenazaba. Recibí alabanzas y críticas por mi tesis, pero la mayoría de los expertos calificó la obra de exagerada y resaltaron que la democracia española no estaba en peligro, gracias a la buena salud de la Constitución y a sus poderosos mecanismos de defensa.

Hoy, aquellos temores y malos augurios han quedado superados con creces por la realidad. La Constitución ha sido reducida a papel higiénico por los sucesivos gobiernos de España y los mecanismos de defensa de la democracia han sido dinamitados, dejando casi todo el espacio libre a los tiranos. La monarquía está dormida, las Fuerzas Armadas paralizadas, los jueces politizados, el Parlamento domesticado y la oposición, tan débil que parece que arroja encefalograma plano.

El secuestro de la democracia española se está perpetrando, sin que los españoles adquieran conciencia de ello, desde 1978, desde los partidos políticos, que han debilitado poco a poco los controles, cautelas y medidas defensivas de la democracia para potenciar su poder hasta niveles que rozan la dictadura. La destrucción de la democracia y su degradación han constituido un cauteloso y progresivo asesinato del sistema, consentido por un pueblo cobarde y por sus instituciones, todavía más cobardes y corruptas.

Locura suicida

Pero ni siquiera el autor, que denunciaba ya en 2005 esa ruta de destrucción del sistema que el tiempo ha demostrado que era letal y real, pudo imaginar la locura suicida que hoy está a punto de ocurrir en España: que un presidente de gobierno, con verdaderos y alarmantes rasgos psicopáticos y aficiones tiránicas desmedidas, esté a punto de conseguir, prácticamente sin oposición, nada menos que seis meses de poder sin controles parlamentarios y judiciales, donde puede cambiar el país de punta a rabo a base de decretos y medidas excepcionales, con la sociedad española encerrada en sus hogares, sin capacidad de oponerse y con todo el horizonte libre para hacer lo que le venga en gana. Un periodo siniestro, miserable y corrupto de seis meses dominado por la tiranía legalizada.

España está a punto de cometer la mayor locura de su historia moderna, porque entregar tanto poder a un tipo como Sánchez, al que acompañan en el gobierno y sostienen gente tan peligrosa y democráticamente despreciable como los comunistas, los amigos del terrorismo y los nacionalismos independentistas, cargados de odio y de deseos de dinamitar España, es una de las locuras más suicidas que podamos imaginar.

Hay 1.000 formas de combatir la pandemia sin tener que destrozar la democracia con un Estado de Alarma que dure seis meses. Nuestros vecinos, casi tan acosados como España por el coronavirus, desde Francia, que ya nos supera en intensidad de contagios, hasta Inglaterra, Alemania, Portugal, Italia y el resto de los países demócratas de Occidente, están combatiendo la pandemia sin secuestrar la democracia, sin cometer el estúpido suicidio que el miserable de Pedro Sánchez quiere imponer.

La forma de contralar la enfermedad elegida por Pedro Sánchez es genuina de un tirano enloquecido, todo un abuso de poder, innecesario, insólito y suicida para un pueblo de hombres y mujeres libres.


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