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El coordinador regional de Ciudadanos y vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín. / EUROPA PRESS

Opinión, Política

Juan Marín entierra a Ciudadanos en Andalucía

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Que Marín ya tiene claro el fin de Ciudadanos en Andalucía lo está demostrando con hechos incuestionables como lo fue la convocatoria exprés de primarias en pleno puente de la Inmaculada y la Constitución, con más de medio aparato designándolo a dedo, y con una militancia desangrada por las arterias insostenibles que ahora sostienen el partido en Andalucía. Los cargos públicos, los que buscan una nómina o un trabajo en Cs son los que votaron a Marín y a la ínsula en la que está irremediablemente perdido. De ahí que solo obtuviera 823 votos para ser candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía

Todo un insulto a la inteligencia vender que, con ese puñado de votos, se presente un candidato a gobernar la vida de más de 8 millones de andaluces. Un desprecio a su propia militancia y una vergüenza que este tipo, con esa absoluta miseria de votos, nos venda que quiere ser presidente de la Junta. Ya no le quedan más cuentos que vendernos, ya no le queda nada más que contarnos, Juan Marín es ahora el de los cuentos de Calleja en Andalucía. El tiempo del gobierno se le acaba, la quimera de su viaje termina en el barranco caído de los votos. Madrid fue el aldabonazo de aviso. Y, tras esto, lo tuvieron claro en Castilla-León. La tumba de ciudadanos la cavaban ellos mismos con las manos, con palas y hasta con excavadoras incluso.

La descomposición de Ciudadanos avanzó cuando a Albert Rivera el pueblo le enseñó la puerta de salida cuando intentó suplantar al Partido Popular en la calle y en el Parlamento. Los votantes le dieron la espalda a esa mentira y dejó el partido en manos de una Inés Arrimadas que, fuera de Cataluña, carece de discurso, porque nadie le compra el mensaje catalanista y el antiindependentismo porque su dramática alocución no vende más allá de los antiguos condados catalanes. Córboba o Cádiz quedan muy lejos de Mataró o de Badalona. Los reinos caídos no se interesan jamás por los emergentes. Su estrella se apagó en cuanto se bajó del estrado del Parlamento catalán.

Que ciudadanos quiera ser un sucedáneo del PP es algo que no caló en el subconsciente. Sobre todo, ese tocomocho que pretendieron con el bandazo desde la socialdemocracia a lo liberal. Lo liberal desapareció del imaginario popular español en el siglo XIX. Nos trajo constituciones y libertades, desamortizaciones y hasta los quintos militares. Pero ya eran rancio pasado. Rescatar un discurso muerto es enterrarse a sí mismo. Y en eso Marín es especialista. En rescatar discursos heridos de muerte. Lo hizo tras pasar por todos los partidos habidos y por haber en busca de una nómina pública. Como Escarlata O´Hara, juró en Tara que nunca más volvería al mostrador de la relojería de Sanlúcar.

El clan de la manzanilla

El clan de la manzanilla desembarcó en el Parlamento andaluz con la idea de servirse de la política y de captar a los ingenuos que los votaron. Creó un falso lenguaje de apoyo a un PSOE en el Gobierno regional que estaba siendo devorado por los ERE y por la política sanitaria destructiva que empezó la Montero. El pacto de sangre con el Gobierno de Susana Díaz logró, con apoyo de la prensa adicta al régimen, crear una imagen idílica de partido bisagra. Estaba entonces larvando el monstruo. El PP sabía que solo con un partido bisagra en Andalucía podía gobernar, que enfrentarse solo al PSOE le dio la leyenda a Javier Arenas de perdedor.

Y entonces urdió la tela de araña. Había que levantar a Ciudadanos en Andalucía. El viraje del masca Rivera de la socialdemocracia a la derecha más recalcitrante suponía una esperanza única en 40 años de alcanzar el poder. Y pusieron a toda la maquinaria mediática a funcionar, a encender todos los ventiladores en Andalucía. A sacar de los cajones todo lo que los fontaneros habían ido fabricando durante años. El foco debía ser Ciudadanos y no el PP. Había que ensalzar la política del hombre bueno. Y les funcionó en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas. De nueve a 21 diputados. Luego premiaron colocando a todos esos soldados mediáticos de asesores de Bendodo en presidencia.

Arenas empezaba a ver cómo iban a devorar uno a uno a sus hijos. Ya le habían señalado los nombres de los primeros proscritos, empezando por Antonio Sanz y Patricia del Pozo

Zoido ya venía con la guillotina en el AVE dispuesto a aniquilar los restos del arenismo en Andalucía. Era la noche triste del Hernán Cortés Bonilla. Arenas empezaba a ver cómo iban a devorar uno a uno a sus hijos. Ya le habían señalado los nombres de los primeros proscritos, empezando por Antonio Sanz y Patricia del Pozo. La larga lista depuraba una ristra interminable de personas allegadas. La prensa había vendido a Zoido como un estadista cuando era un fracaso de gestor, un inútil devorado por su propia incompetencia, a lo que se añadía la oposición interna encabezada por el aniquilado Beltrán Pérez.

La proscripción de Bonilla llegó antes de las doce de la noche con los resultados de las elecciones autonómicas. El plan de fortalecer mediáticamente a un partido bisagra en Andalucía había dado sus frutos. Sobre todo, a costa de prestarle votantes. A lo que se añadía la irrupción de Vox en el panorama político andaluz. Un partido salido de las propias entrañas del PP, que lleva sus genes y del que son hermanos de padre. La suma de todos ellos daba el gobierno en Andalucía. El pacto era PP-Cs con el apoyo de Vox, que no estaba nada interesado en entrar en aquel gobierno. Le iba más ser un hooligan de cara a las próximas elecciones.

Le hicieron la cama desde San Telmo

Luego Bonilla y Bendodo se comieron a Ciudadanos en esta legislatura. Le hicieron la cama desde San Telmo. Se dieron cuenta que los de Marín eran una tropa a lo Pancho Villa, sin estructuras regionales ni municipales. Una víctima perfecta del bipartidismo en Andalucía. Y Marín y su melé entraron de lleno en la trampa. Los desconectaron de la prensa regional, con Canal Sur incluido, a lo que se unía una dramática falta de gestión mediática, porque no sabían vender nada, y una guerra interna que se larvó desde el primer día para disputar el liderazgo a Marín desde las propias consejerías. La deriva de Cs y el sometimiento cada vez más al PP se demostró el día en que le colocaron a dos enormes submarinos desde San Telmo como jefes de gabinete, despreciando a su militancia y dejando claro que el futuro de las nóminas no estaba en el partido de Arrimadas, sino en el de Casado. Y entonces empezó el desembarco de cargos, capitanes y soldados en el PP en busca de la nómina pública.

Que la destrucción de Cs estaba programada desde Madrid se vio claro el día en que Hervías cambió de bando. Cruzó la blanca orilla como Catilina y sus amigos para acabar con la república de Ciudadanos. Llevaba las treinta monedas de plata en el bolsillo y todos los nombres que había que aniquilar. El primero era el del adelantado Marín junto con su cuñado para enterrar el proyecto que nació en Sanlúcar y desembocó en el mar de Sevilla. Mientras Bonilla y Bendodo sonríen a un Marín que cada vez más se parece a Saturno devorando a sus hijos, este se ha propuesto enterrar a todo su partido a cambio de obtener, tras las próximas elecciones, una nómina pública hasta su próxima jubilación, sea en un cargo, en un puesto, en la Administración paralela… Donde sea con tal de no volver a la fría relojería que tenía en Sanlúcar.


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Un comentario

  1. Angeles Suarez

    Yo creo que Ciudadanos no debió de existir nunca. Este partido no se ha identificado por nada, sus políticos son sosos, aburridos y poco efectivos.
    Además, no tienen un plan de gobierno claro, creo que solamente consiguieron mantenerse en el poder por la antipatía que la gente le tenían a los clásicos (PP y PSOE).

    No sé cuál va a ser el partido que más fuerza va a tener aquí, en Andalucía. De momento gobierna el PP, pero no con mayoría. Esto quiere decir que, para las próximas elecciones, se tendrán que bajar los pantalones con Vox…

    Y toda esa mierda política nos la tenemos que comer porque el partido de los pobres (PSOE) le dio por enriquecerse con nuestro dinero.

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