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El vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, ayer en rueda de prensa.

Opinión, Política

El nerviosismo de Juan Marín

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El cogobernante gaditano, el político que ahora está en Ciudadanos y que antes se puso la camiseta de Alianza Popular y Ciudadanos Independientes de Sanlúcar (CIS), se mostró nervioso e inquieto ayer en ese conjunto de monólogos de autobombo que representa la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía

Tras llamar «Chiviché» a María Chivite, presidenta de Navarra, y no acordarse del nombre del actual presidente de la Generalitat de Cataluña (Elías Bendodo tuvo que soplarle que se denomina Pere Aragonés), Marín se puso a la defensiva cuando dos periodistas, un compañero de La Voz del Sur y un servidor de ustedes, sacamos a colación los tres macroproyectos urbanísticos, supuestamente de interés turístico regional, que la Junta de Andalucía está impulsando en el litoral gaditano: El Següesal en Barbate, Castellar Golf en Castellar de la Frontera y Atlanterra Golf en Tarifa. Su tierra, sus dominios.

EL LIBRE publicó recientemente un reportaje con declaraciones de representantes de Ecologistas en Acción analizando estas macrourbanizaciones y el pelotazo urbanístico que suponen, además de ser una aberración contra las leyes y directivas medioambientales vigentes. Una política turística «del franquismo», ha llegado a decir la confederación ecologista. ¿Es esta la Andalucía Verde que predica Moreno Bonilla?

Marín lo defiende a capa y espada. Le da igual que Atlanterra Golf esté en absoluta contraposición con directivas, planes y leyes vigentes, como la Ley 7/2015 de Suelo y Rehabilitación Urbana; la Ley 9/2006 sobre Evaluación Ambiental de Planes (transposición de la Directiva 2001/42/CE); y el Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía (POTA). El Ayuntamiento de Tarifa, en vez de adaptar su obsoleto PGOU a la nueva normativa urbanística y medioambiental, «promueve un crecimiento insostenible y la colmatación del litoral en uno de los litorales más privilegiados de Europa», denuncian los ecologistas, que cuentan con el apoyo de Adelante Andalucía, que ha tachado la Unidad Aceleradora de Proyectos (UAP) de interés estratégico de Bendodo de «gran depredadora del ecosistema de Andalucía».

Juan Marín tiene encima de la mesa un sapo que no sabe cómo comerse. Su partido se encuentra en la UCI tras todo el maremágnum vivido en los últimos meses. Las encuestas y los analistas le dan a él como el gran perdedor en las próximas elecciones andaluzas, teniendo en cuenta que las previsiones pasan por la subida de PP y Vox, el mantenimiento de PSOE como segunda fuerza política y la caída de Adelante Andalucía. De 21 escaños actuales, la formación naranja se quedaría en una horquilla de entre dos y cuatro. Un fracaso a la altura del que provocó el adiós de Albert Rivera tras las elecciones generales de noviembre de 2019.

Ciudadanos corre el riesgo de volatilizarse en el Parlamento andaluz a partir de diciembre de 2022 (si no hay adelanto electoral) de la mano de un incoherente Marín, que permitió el último gobierno socialista de Susana Díaz (2015-2019), el de los recortes sanitarios que provocó la masiva salida de andaluces a las calles de la mano de la Asociación Justicia por la Sanidad, con Jesús Candel a la cabeza. Fue el principio del fin para la Reina del Tardón.

Contrariado y desafiante

Así está Marín, contrariado, saltando a la primera y enfadándose cuando se le toca su tierra -es natural de Sanlúcar de Barrameda- y se le dice abiertamente que la Consejería de Turismo que dirige es la impulsora de proyectos insostenibles en pleno siglo XXI que se aparcaron en su día por ser inviables. El impacto ambiental de estas operaciones urbanísticas, harto lucrativas para las empresas constructoras y promotoras, es brutal. Pero el antiguo relojero desafía a Ecologistas en Acción y a cualquiera que ose ir en contra de su incondicional apoyo al empresariado a través de la UAP: «Le queremos hacer la vida más fácil a los que quieren invertir en Andalucía. Estos proyectos tienen la declaración de Interés Turístico desde 2012 y, al que no le guste, ahí tiene los tribunales».

Por su parte, el PSOE andaluz se mantiene en silencio, porque ellos fueron los promotores de estos proyectos turísticos faraónicos y, claro, este asunto prefiere no usarlo como arma arrojadiza contra el eterno rival, porque le puede pegar en la cara con la fuerza de un boomerang.

Falta una estructura sólida de creación de empleo en Andalucía (con el PSOE tampoco la había) y la Unidad Aceleradora de Proyectos debería aprovecharse para impulsar proyectos de innovación tecnológica, sanitaria y medioambiental

El Gobierno del cambio… El Gobierno del cambio… El Gobierno del cambio… Sin darse cuenta, Moreno Bonilla, Marín y Bendodo han dado un giro de 360 grados y están dejando a Andalucía en la misma deprimente situación de siempre. Es curioso cómo hablan constantemente de autónomos y empresarios, pero se dejan en el tintero la enorme tasa de paro (teníamos casi un millón de parados en enero de 2021, la peor comunidad de España, y seguíamos teniendo cerca de 800.000 en agosto) y lagunas tan ostensibles como cuándo Rocío Blanco, consejera de Empleo, va a poner en marcha un plan de empleo en condiciones que garantice el trabajo al mayor número posible de jóvenes y de mayores de 45 años. El SAE sigue siendo ese instrumento que, más que ayudar, pone trabas a la inserción laboral de la mayoría de los andaluces con una burocracia infame.

En Andalucía cada vez hay más diferencia de clases. La clase media está desapareciendo y la política del PP y Ciudadanos solo piensa en beneficiar a la gente con pasta que se pueda permitir comprar una de esas miles de casas que se van a construir en el litoral gaditano con este pelotazo urbanístico. Se crearán puestos de trabajo, sí, pero los candidatos, muchos procedentes del sector servicios, tendrán que saber inglés y/o alemán para conseguir el empleo.

Formación de verdad

Falta una estructura sólida de creación de empleo en Andalucía (con el PSOE tampoco la había) y la Unidad Aceleradora de Proyectos debería aprovecharse para impulsar proyectos de innovación tecnológica, sanitaria y medioambiental -sectores boyantes en un futuro a corto, medio y largo plazo- y para reciclar a los parados de larga duración con cursos de formación potentes (absténganse UGT y CCOO de organizarlos) que tengan compromiso de contratación (Medac también debe estar fuera de esta hipotética iniciativa). Así sí podrían hacer política pensando en los ciudadanos y no en Ciudadanos. Sería política popular y no encorsetada en los mandamientos manidos del Partido Popular. Por cierto, ¿será el PP el nuevo destino de Juan Marín si fracasa con Ciudadanos? Tic, tac, tic, tac…


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