hiyab

Una mujer musulmana reivindica el hiyab.

Opinión

El velo musulmán en la escuela en una sociedad multicultural: propuesta de la Alianza de Civilizaciones (I)

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El velo musulmán supone algo más que un signo religioso, y por eso lo veremos como parte de un debate más amplio acerca de la integración de la población extranjera, especialmente la de origen musulmán. Un contexto de diversos aspectos de identidad y de sentido religioso y cultural. Se debate así sobre la laicidad y la libertad de expresión de las ideas religiosas en los espacios públicos y la escuela en concreto. Y detrás de esto vemos un contexto, por una parte, de miedo que muchos tienen a la presencia del Islam en Europa (la perversa teoría de choque de civilizaciones que se formula después de los atentados terroristas de comienzo de siglo XX) y proponemos la fuerza positiva de la alianza de civilizaciones dentro de la multiculturalidad y multilingüismo de nuestro mundo globalizado, donde la escuela puede jugar un gran papel en la educación de estos valores

El debate del velo (hiyab) en la escuela es un paradigma de los complejos debates sobre multiculturalismo, libertad religiosa, expresiones de identidad cultural, etc. Sin duda el ámbito de este signo religioso es más amplio. Las feministas atacaron esa discriminación sexista de sumisión femenina, fruto de una sociedad paternalista y machista. El debate ¿sí al hiyab o no? tiene muchos matices. Desde razones proselitistas, de identidad, de sumisión y de liberación femenina (según como se mire), y de apertura a otros velos completos que no dejan ver nada del cuerpo femenino.

Velo, hiyab y pañuelo es lo mismo. Nos centraremos en el debate del velo islámico. Nos fijaremos en sus aspectos legales: Francia comenzó este cuerpo legislativo con la prohibición del velo musulmán en las escuelas y espacios públicos, el Tribunal Europeo se pronunció unos años después, mientras que la gran mayoría de los países de Europa no tiene leyes, sino declaraciones de los centros y sentencias judiciales. Y nos fijaremos en un contexto más amplio que está detrás de ese debate: el velo islámico ha sido la ocasión para un debate sobre el laicismo y la laicidad, la expresión pública de signos religiosos y la libertad de mostrar la identidad religiosa y cultural. Y detrás de ello, encontramos que la presencia del Islam en los países europeos avanza, y eso provoca desconfianza y miedo, aunque también -y es nuestra opinión- puede verse como una riqueza humana en todos los aspectos de cultura, espiritualidad…

El velo en las escuelas europeas y españolas en particular

En España comienza el debate del velo islámico en 2002 cuando Fátima, una niña marroquí de 13 años, acudió a clase con el hiyab. El tema ya estaba latente en la sociedad, pero estalla en ese momento. Los que se oponen opinan que es un símbolo religioso de sumisión de mujeres a varones. Su uso no debería estar permitido en los colegios públicos pues atenta a la neutralidad religiosa de los centros y no acepta la igualdad de sexos. Se ve como una imposición masculina y patriarcal, síntoma de que queda mucho camino que recorrer por parte de las mujeres, para tener control de su vida.

Pero, por otra parte, la prohibición u obligación de llevar hiyab estaría contra la libertad de elección de las mujeres. Sería como impedir que se manifiesten por una regulación desde fuera, donde ellas no tendrían esa libertad de elección. Y sería esta prohibición culpabilizadora (se cuestiona el derecho a elegir) y paternalista (para superar dicha opresión, se protege a la mujer con esa prohibición), y serían ambas posturas propias de una sociedad jerárquica masculina y patriarcal. Así pues, la prohibición va contra esta libertad de expresarse. Aunque el contexto cultural general sea de sumisión (religiosa, pero con un contenido de discriminación sexual), la mujer particular puede, fruto de una elección madurada, escoger llevarlo, y expresar en este caso un tipo de feminidad y una identidad cultural diferente a la hegemónica.

Con frecuencia pone la literatura una comparación con prendas de vestir occidentales. Así, la minifalda podría considerarse objetivamente degradante para las mujeres y las convierte como objeto de consumo masculino, y según esta visión desde fuera, estarían alineadas las que lo usan. Pero también puede considerarse la minifalda como una prenda de vestir emancipadora y verla como liberación de patrones culturales y religiosos conservadores (sumisión de mujeres a hombres y sujeción a roles tradicionales). Esto indicaría que es el sentido que se da a las cosas lo importante en las protagonistas, y no tanto lo que se opine desde fuera. Y si esto pasa en nuestra cultura, cuando juzgamos sobre aspectos de otras culturas, el riesgo a equivocarse es más alto. Por eso, en este ensayo usaremos también opiniones de la literatura de autores islámicos y, concretamente, de mujeres islámicas.

Esas formas culturales están influidas por el Islam y pueden ser aprovechadas por el movimiento del fundamentalismo islamista

De una parte, esas formas culturales están influidas por el Islam y pueden ser aprovechadas por el movimiento del fundamentalismo islamista. En alguna ciudad catalana como Vic (Barcelona), he visto en barrios de alto porcentaje de musulmanes cómo ciertos hombres, que me parecían como comisarios políticos, controlaban a las personas musulmanas para que se cumplieran sus costumbres. Pero los extremistas son minoría. Por otra parte, en el Magreb, y en general el norte de África, la mujer que quiere tener espacio público ha de ceder ante las presiones sociales de esos signos religiosos y culturales para conseguir ciertas cotas de participación en esa esfera pública.

La mujer tiene un proceso de emancipación desde los años 60 del siglo XX en el Magreb y otros países del norte de África, sale de la esfera privada y entra en el ámbito público y, al salir de ese mundo privado, eso explica también que se una a una politización islamista. El velo es expresión de todo eso, del sentido social de esa prenda, y también del sentido religioso que forma parte de su identidad. En nuestro país, podrían apoyarse en otras estructuras para ese proceso de emancipación: formar parte de sindicatos u otras asociaciones, pero en los países del norte de África -y en general los islámicos- no tienen más que la religión como factor aglutinante y de realización personal. El Islam es el único factor estructurante de las relaciones de género.

El uso de esas prendas tiene una base cultural, con una ideología sexista que está ampliamente extendida en los países musulmanes, aunque su peso político varía de un lugar a otro. Y tienen en común que buscan en el Corán su legitimación.

Muchas de las mujeres que llevan velo en los países europeos lo hacen libremente, como expresión de su devoción. Y pueden usarlo como reivindicación de una identidad diferenciada, de distinción cultural y religiosa de tipo comunitario. Y puesto que tienen el contexto social que obliga, señala alguno “para no ser prejuzgadas ni ser molestadas en los lugares públicos, y en otros casos por imposición familiar”. Por eso decíamos antes que, aunque objetivamente sea una práctica discriminatoria que lleva a una falta de libertad, por otra parte subjetivamente es un signo de identidad y de poder acceder la mujer a la vida pública. Con el velo como armadura no son atacadas por los hombres musulmanes. Y en la escuela, por los jóvenes musulmanes. Si una mujer no lleva velo, o no baja la mirada ante un hombre, es considerada prostituta. Y también hay mujeres que -en contra de las occidentales no veladas- son islamistas, y adquiere el llevar el velo una “connotación política”, signo de identidad de una cultura islámica, elemento aglutinador. Eso no sólo pasa en Afganistán, sino también en Europa cuando se prohíbe el uso el hiyab, y provoca esas reacciones de identidad; convertido en motivo de exclusión, se reacciona haciendo frente a ello con el velo como elemento aglutinador.

El debate acerca del hiyab en las escuelas públicas comenzó en Francia en 1989 y se expandió en los años siguientes. En una escuela se excluía a una alumna que fue a clase con velo, por faltar a la discreción para portar distintivos de carácter religioso. Años más tarde, se forma la Comisión Stasi, que dirá:

“Se afirma la disociación de ciudadanía y afiliación religiosa; la religión pierde su función como organismo socializador oficial; finalmente, Francia deja de definirse como nación católica renunciando al proyecto de religión civil republicana”.

Fruto de esa comisión, en Francia se legisla poco después (febrero 2004) en contra del velo y otros distintivos religiosos en Francia: como contrario al laicismo, y resultado de un ejercicio de poder sobre las chicas musulmanas, que bajo presión han de llevarlo, como víctimas de los grupos islamistas. Pero el debate no tiene en cuenta el multiculturalismo: si esto ayuda a la integración de los inmigrantes extranjeros, la inclusión, la interculturalidad.

En España, el debate del velo comenzó en 2002 con Fátima, una niña marroquí de 13 años, que acudió a clase con el hiyab, y el colegio privado concertado católico no lo permitió. Los periódicos principales españoles dedicaron los editoriales a la reflexión sobre ello. ABC opina que las autoridades pueden prohibir el velo en la escuela. El Mundo es ambiguo, aunque indica que el pañuelo no debe ser proscrito porque no interfiere el normal desenvolvimiento de la actividad escolar, pero que no es un derecho sino un acto de tolerancia. Y haciendo autocrítica señala que nuestra cultura continúa plagada de referencias machistas que nadie prohíbe. El País opina que la utilización del pañuelo islámico es perfectamente legítima siempre que no implique un acto de proselitismo.

Respeto a la vida pública

La Constitución española y demás legislación protege las libertades religiosas y sus manifestaciones, dentro del respeto a la vida pública y en sus manifestaciones exteriores. Es decir, que pueden manifestarse esos signos dentro del orden público, cuyos límites determina la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (respeto derechos fundamentales y libertades públicas, seguridad, salud y moral pública). En las sentencias judiciales que han ido dándose, se aplica la ley: un criterio de proporcionalidad, donde prevalecen unos derechos. Así, en el caso de las transfusiones de sangre de testigos de Jehová, se prioriza la vida de la persona aunque los padres no quieran la transfusión. Fernando Savater dirá: “En el caso de las mujeres que optan voluntariamente por velarse, resulta obvio que no es el velo lo que conculca su libertad, sino la imposición de prescindir de él les guste o no. Y tampoco el más tupido de los velos ofende su dignidad tanto como quienes no escuchan su testimonio de lo que piensan o desean y las declara sin apelación esclavas de lo irracional”.

No hay que extrañar que haya casos de colisión entre esos derechos, por una parte la expresión de las creencias religiosas en la vida pública, y por otra parte los principios sociales de un Estado aconfesional, que en el caso de Francia es laicista (limitativo con respeto a la religión) y en el caso de España es más abierto: laicidad, que respeta esas expresiones públicas de la religiosidad de las personas. En cualquier caso, se debe poner al individuo en primera posición, no la norma sino la comprensión de las libertades de cada persona, pues las leyes están para proteger a la persona. En mi opinión, tienen que irse valorando esos aspectos culturales tradicionales, de las personas que llegan a nuestros países, que tienen un significado histórico además del religioso, y que puede enriquecer nuestra humanidad con esa multiculturalidad que se debe respetar, pues es algo noble y que nos enriquece a todos.

En Europa, se van inventando organizaciones islámicas que los represente ante las instituciones públicas para ponerse de acuerdo en los diálogos en la vida pública, aunque en realidad no hay acuerdo entre ellos para tener representantes. Por una parte, muchos no se sienten representados, y tampoco sirve para integrar el fundamentalismo, pues en esas asociaciones no se integran los grupos radicales.

Hemos hablado del velo islámico. En el caso de otras prendas que cubren totalmente el cuerpo, se trataría de otro problema. En países como el Reino Unido se da amplia libertad, y vemos en los medios de transporte y en los sitios públicos mujeres con burka.

El Tribunal Europeo (TEDH) ya se ha pronunciado sobre la ley francesa que en 2010 prohibía cubrirse el rostro en lugar público: afirma que tal prohibición no constituye una violación de la Convención Europea de Derechos Humanos. No eran muchas mujeres las que lo usaban (2.000 sobre 6 millones de musulmanes). La argumentación es el derecho de los otros a vivir en un espacio de socialización que permita y favorezca el vivre ensemble. Se prohíbe el velo integral podría ser necesaria para garantizar poder vivir juntos. De momento, 45 de los 47 Estados miembros del Consejo de Europa han optado por no legislar respecto al uso del velo. Quizá esa mayoría evidencie un cierto consenso.

El velo islámico o hiyab deja visible completamente la zona de la cara (a diferencia del niqab que cubre todo el cuerpo hasta la rodilla y sólo deja libre la zona de los ojos, y del burka afgano, que oculta completamente el cuerpo dejando una rejilla tupida que puede ver pero no ser vista). Su uso por la mujer musulmana en nuestro país se ha gestionado sin problemas, y en las escuelas también. Aunque hay miradas críticas, diciendo que el velo responde a una subordinación de la mujer en Islam, incompatible con los valores de nuestro país, como la igualdad (art. 14 de la Constitución Española). Pero aunque esto sea cierto, como hemos comentado, el hecho de que quieran llevarlo es signo de expresión de su libertad religiosa. El eurocentrismo puede confundir la defensa de los derechos humanos con la multiculturalidad que conlleva la convivencia con distintas religiones y maneras de pensar, el respeto a esas culturas. Por parte de la aconfesionalidad del Estado no hay problema, pues en España no hay beligerancia como en Francia, y la aconfesionalidad no abarca a las personas. Digamos que la laicidad de España tiene un aspecto positivo que no es el laicismo francés (hostil con el fenómeno religioso). El uso del hiyab será pues una dimensión externa del derecho de libertad religiosa.


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4 comentarios

  1. Muchas gracias por este artículo
    La solución está en escuchar a las personas, preguntarles qué es lo que quieren realmente y respetar sus derechos.

  2. Gracias a un compañero mio musulman, leo el CORAN i respeto ALA ., esto no quiere decir que, como cristiano i libre diga lo siguiente.: HAY UN ANZIANO REFRAN QUE DICE, en todas partes cuecen habas y donde no a ga……., a mi entender, no soy quien para dar una opinion religiosa que afecta a temas RELIGIOSOS I CULTURALES, que en este caso si son SINCEROS, deben respetarse, si bien en este caso, las Naciones TODAS, es de dificil solucion, de toda la vida, no se trata de cristianos y musulmanes, sino de respeto MUTUO i ESTO es otro cantar ….., por todas las partes, sean del color que sean.

  3. Avatar Luciano Pou

    Totalmente de acuerdo Manel😀👍

    • ¿Hasta dónde se debe ser tolerante?. Según Karl Popper, la tolerancia ilimitada puede llevar a la desaparición de la tolerancia y se debe dejar fuera de la ley cualquier movimiento que sea intolerante. El Hiyab no es un símbolo cultural, es un signo, una señal de que existe alguien que está imponiendo ideas discriminatorias, controladoras e intolerantes hacia las mujeres. Una forma de fundamentalismo que impide la libertad de desarrollo personal total.

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