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El sacerdote, teólogo y licenciado en Geografía e Historia Luciano Pou.

Educación

Luciano Pou: «Los dogmatismos en política o religión no ayudan, como vimos en la Guerra Civil»

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Sacerdote, teólogo, historiador… El pensador catalán Luciano Pou, afincado en Granada, está empeñado en ayudar a los demás, cambiando el púlpito por el ‘streaming’. Ahora tiene un canal de Youtube desde donde imparte charlas motivacionales y de crecimiento espiritual en estos tiempos tan pandémicos

Colgó la sotana porque visualizó que podía ayudar más sin el encorsetamiento de una parroquia, aunque, como él dice, «nunca se deja de ser sacerdote». El gerundense Luciano Pou es de esas personas eruditas con las que es un inmenso placer dialogar de cualquier tema. Y precisamente esa virtud que tiene la está llevando a efecto a través de la Fundación para el Desarrollo de la Conciencia y mediante su propio canal de Youtube, porque la bondad del ser humano puede proyectarse también a través de la red de redes. Porque el mensaje de Luciano, que se publicará en EL LIBRE en una entrevista repartida en dos entregas, puede ayudar a mucha gente que necesita reorganizar sus pensamientos por culpa del maldito virus.

-Usted ha estudiado Teología, Geografía e Historia y está comprometido en temas de educación… ¿Cómo define su trayectoria?

-Nací en 1960 en un pueblecito de Gerona, y desde pequeño mamé una generosidad y el servicio alegre que vi encarnados en mi madre. Esto me fue configurando en una dedicación al servicio a los demás, a ayudar a las personas de mi alrededor. Desde pequeño me gustó leer, y no he dejado de hacerlo, también para poder ayudar a los demás, pues para responder a sus necesidades necesito reflexionar, y me fui acostumbrando a pensar, estudiar… Todo esto nos prepara para atender esas necesidades de las personas.

Después de mis primeros años en Gerona, fui a Sevilla de 1978 a 1982, donde estudié Geografía e Historia y fui colaborando en actividades con la gente joven. Los años sucesivos viví en Córdoba (1982-1984), y en Roma (1984-1994), donde trabajé en Historia Eclesiástica, colaboré en actividades sociales, y estudié Teología (Licenciatura y Doctorado). Volví luego a mi Cataluña natal hasta el año 2008 que vine a Granada.

-¿Qué es lo más importante de nuestra vida?

La vida es una aventura estupenda donde hay etapas que vamos construyendo. Pienso que nos toca construir un sentido de nuestra vida, lo que llaman legado, lo que dejaremos a los demás. Y lo mejor que pueden decir de nosotros es que hemos sido buenas personas, que hemos pasado haciendo el bien. Eso es lo que deseo en las distintas etapas de mi vida. Por supuesto, lo mejor de esas etapas de la vida son los amigos de verdad…

Pienso que la vida es dejarse llevar por la mano de Jesús, que está siempre a nuestro lado, y dentro de nosotros en su Espíritu, guiándonos. Es como si fuera una ginkana, y aparecen las personas oportunas en el momento oportuno, todo nos va llevando como con facilidad hacia ese destino que se forja día a día, esa historia que construimos juntos, Él y nosotros. Nuestra libertad se mezcla con la suya. Todo sirve para nuestro bien. Al final, todo es gracia. Dios es Señor de la historia. Y Dios ya está aquí.

-¿Cómo de importante es la libertad en el desarrollo de la conciencia?

-De carácter soy una persona más bien independiente, priorizo seguir mi conciencia, y pienso que ese vivir conscientemente es esencial. Me considero una persona que busca la verdad, que desea ser libre, que vive para amar y ayudar a los demás, que es algo maravilloso. Por motivos personales, fui alejándome de cierta disciplina que había en las instituciones y preferí seguir mi camino de otra manera. Tengo buenos amigos y conservo en el corazón tantos buenos recuerdos… pero prefiero no sentirme atado, mejor seguir mi camino, como dice la canción, “a mi manera”.

-Estamos pasando el peor periodo como sociedad desde la Guerra Civil. ¿Cuál sería la fórmula para ser optimista y no venirse abajo ante tanta ignominia?

-Necesitamos buscar la verdad, pero no es una tarea fácil. Nadie posee por completo la verdad, más bien hemos de dejarnos poseer por ella, como decía Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela”. Los dogmatismos en política o religión no ayudan, como vimos en la Guerra Civil. También ahora la política adolece de esas confrontaciones inútiles. Ahora, estamos también en guerra.

Pero como preguntas, ¿qué hacer con tanta ignominia?, ¿qué hacer cuando perdemos la confianza en los políticos, que nos mienten, ocultan datos, etc.?, ¿cómo afrontar el virus, que ha supuesto mucho dolor, mucho sufrimiento? Todo esto puede hundirnos, pero también puede ayudarnos al crecimiento interior. Pienso que todo esto nos invita a vivir conscientemente, despertar de un sueño que era falso, como seguía diciendo Machado: “Si vivir es bueno, / es mejor soñar, / y mejor que todo, / madre, despertar”. Despertar la consciencia, vivir conscientemente, salir de esa manera superficial que se nos invitaba, como recordaba Aldoux Huxley en su novela Un mundo feliz donde el soma anestesiaba a la gente sin dejarle pensar.

«Eliminar toda dificultad conlleva estancarse en una inmadurez, no estar preparado para la lucha por la vida. Cuanto más se crece es ante los retos»

-¿Cómo salimos entonces de la crisis (de valores, de afecto, de salud…) en la era del coronavirus?

-Esta crisis puede hacernos sufrir, y cuando sufrimos, absolutizamos un aspecto de la vida: el dolor, esta realidad distorsionante que indica un mal, unos límites… Siempre que podemos lo quitamos. Si no, seríamos masoquistas. Pero ante el dolor inevitable, necesario, es interesante descubrir un sentido positivo, tomar distancia del momento en el que lo único que se puede es padecer o com-padecer, y entrar en la visión de conjunto que compone el cuadro de la creación y de la historia: vemos que los que han superado las dificultades han sobrevivido y progresado. Así, a lo largo de la historia, quienes tuvieron dificultades y lucharon por superarlas, han evolucionado: en el Antiguo Egipto, aprovecharon el agua del Nilo como un bien escaso (la mayor parte de los meses del año había agua para la agricultura) y se esforzaron en construir graneros, y pudieron crecer y crear una civilización floreciente. Por el contrario, los que ante un proceso de desertización fueron a buscar agua a otros lugares más habitables, se quedaron en su rudimentario modo de vivir, esos otros pueblos africanos no han vivido casi ningún progreso. La adaptación excesiva al ambiente impide el desarrollo y conlleva el peligro de sucumbir ante un cambio brusco de éste. De la misma forma, eliminar toda dificultad conlleva estancarse en una inmadurez, no estar preparado para la lucha por la vida. Cuanto más se crece es ante los retos.

Entonces, una dosis de dolor no muy alta podría ser incluso positiva…

Unamuno decía que esa lucha por la vida causa dolor, pero que eso nos da “sustancia de la vida” y es “la raíz de la personalidad, sólo sufriendo se es persona”… El dolor es camino del desarrollo de la consciencia y es por él como los seres vivos llegan a tener conciencia de sí.

Uno de los casos más paradigmáticos lo vemos en el personaje de Leo Tolstoi en Guerra y paz: Pierre Besochov. Sus cambios internos son sorprendentes: antes era tenido por un hombre bueno, pero no feliz. Y la gente se mantenía distante de él. Luego de esa catarsis del sufrimiento, emanaba de su boca una sonrisa llena de la alegría de vivir. Había compenetración con los demás, y los demás se le acercaban. Antes iba a lo suyo, hablaba sin escuchar, ahora “podía de tal modo escuchar a los demás que uno le abría los secretos más recónditos”. Y la princesa Catarina antes le presentaba hostilidad, ahora “sentía que él había penetrado en lo profundo de su alma”, estaba chiflada por él por su cambio de carácter. En su caso, fueron las penalidades de la guerra las que causaron ese cambio en él.

En nuestra cultura de la imagen, pensemos que más que las apariencias, lo mejor es hacer ese cambio del corazón, y el dicho popular no hay mal que por bien no venga nos sugiere que todo crecimiento, también toda creatividad artística o de cualquier otro tipo, pasa por el silencio y el dolor. A Alexander Solzhenitsin le preguntaron por su cautiverio en Siberia: “¿Años perdidos?” y respondió: “No, en realidad no perdidos… quizá aquellos años fueron necesarios… el dolor es esencial para nuestro progreso espiritual y para nuestro perfeccionamiento interior”. El sufrimiento viene repartido a la humanidad y a cada hombre, en una cantidad suficiente, para que el hombre pueda sacar utilidad de él, si lo sabe usar en su crecimiento interior.

Pero no todos progresan, algunos se hunden, ese crecimiento tiene que ser conquistado con esfuerzo de autocreación, en una actitud adecuada.

Como me decía un amigo, las grandes crisis ponen la maquinaria humana a su máximo rendimiento, pues a cada persona se le exige dar lo mejor de sí misma. Sin una crisis social profunda, ni Gandhi, ni Martin Luther King, ni Nelson Mandela, ni la Madre Teresa de Calcuta, ni Óscar Romero se habrían convertido en auténticos campeones de los derechos humanos.

-¿Por qué hay tanta gente resignada a la pandemia?

Ante la pandemia de la Covid-19, la resignación no es la postura correcta sino que tiene que haber una comprensión más profunda, para que haya aceptación, con todo su dramatismo y con todas sus consecuencias. Mientras que resignarse es una postura pasiva (“¡Qué le vamos a hacer!”) o indiferente (“Paso de pensar en todo eso”), aceptar es fruto de una comprensión. ¿Qué hay que comprender? Que todo pasa por algo, y aunque sea malo, de ahí saldrá un bien (pienso que sólo con una visión religiosa esto tiene una connotación plena).

Una vez aceptamos que esto es lo que hay, viene una actitud de ver como hacemos para torear ese toro. En China la palabra crisis tiene dos ideogramas que significan dificultad-oportunidad. Por ejemplo, el trabajo está cambiando y más que repetir lo que hacemos, podemos reciclarnos, formarnos para esas nuevas formas laborales, pues dicen que el 60% de las empresas de los próximos 30 años aún no existen. Antes de la era informática, oíamos hablar de industrias importantes como la General Motors por citar un ejemplo. Todas esas empresas ya no figuran en el ranking de las principales, sino que ahora son Apple, Microsoft, Amazon, Google, etc. Podemos aprovechar la crisis como oportunidad. Puede incitarnos a buscar modos más coherentes con el desarrollo de los pueblos y de la humanidad.

-Habría que rechazar el victimismo para sumar, ¿no es así?

Así es. Si sabemos que todo depende de nuestro interior, de cómo interpretamos lo que pasa, ya no habrá en nosotros queja o victimismo, hándicaps que generan mucho desgaste emocional y paralizan la creatividad e ilusiones en proyectos. Es victimista el que critica a todo y a todos, especialmente a los gobernantes, en lugar de dedicar las mejores energías a crear un mundo mejor, de modo que la crítica no sea inoperante sino parte de un diagnóstico que lleve a un plan de acción real: poner nuestro granito de arena, algo que nos comprometa, sin que nos pare ese veneno paralizante del victimismo.

«Podremos mantener un tono vital óptimo a pesar de la crisis. Y con sentido del humor. Que todos los problemas del mundo caben dentro de una sonrisa»

Vivir el presente es lo mejor, siempre, también en tiempo de coronavirus. Es disfrutar del momento, procurar el estado de flow (de entusiasmo en lo que hacemos), lo que nos da esa superación ante los remordimientos del pasado (no podíamos hacer otra cosa, pues gracias a esos errores tenemos la experiencia de hoy) y los miedos del futuro (que nos paralizan y angustian). Así se elimina todo estrés. Fijar la atención en lo que hacemos en el instante presente nos enriquece mucho, personalmente y con nuestra aportación a la colectividad.

Con todo eso, podremos mantener un tono vital óptimo a pesar de la crisis. Y con sentido del humor. Que todos los problemas del mundo caben dentro de una sonrisa.

Así, el antiguo paradigma ha cambiado, comenzando por nuestro mundo emocional, que se ha comparado a un caballo que puede llevarse controlado, o bien sin control, desbocado que nos lleva donde no queremos. Es difícil el equilibrio, aquietar las pasiones que tiran a veces más de lo que quisiéramos, en medio de un mundo de sensaciones efímeras, apariencias de cartón repintado que nuestra sociedad valora como lo que cuenta: poder, dinero y fama. Confundimos el placer con la alegría, lo superficial con lo profundo. Todo esto es así. Pero no es todo. Este tiempo de pandemia nos ha hecho ver que hay algo mucho más profundo.


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