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Inmigrantes en el puerto de Arguineguín. / EFE

Opinión, Solidaridad

El corazón en tinieblas de Occidente

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Como siempre, la sabiduría ha de llevar a los políticos a que no se rompa la armonía social (correcta distribución de las riquezas, atención sanitaria, vigilancia de la delincuencia…)

La acción política implica muchos aspectos y, para mí, el principal no es la acción directa de impedir que una avalancha de inmigrantes desconfigure el tejido social, sino ir a las causas: ¿Cómo podemos ayudar a esos pueblos, a que evolucionen? La solución siempre será la educación. Hasta ahora hemos intentado exportar modelos occidentales, tanto en la explotación como en la implantación de modelos, por ejemplo la democracia o el capitalismo. En cambio, la solución a largo plazo, la auténtica, pienso que es la educación, ayudar a los del sitio a mejorar: formar ingenieros para tener agua potable, colaborar con los médicos del sitio para medidas higiénicas y de salud… Tengo un amigo que desarrolla escuelas rurales en varios países de África. Otro amigo, jefe anestesista de un hospital provincial español, dedica sus vacaciones a formar médicos de otro país africano, codo a codo con los médicos de allí.

Las pateras llenas de africanos que intentan llegar a las costas de Europa para encontrar una vida nueva son un signo de una decadencia en humanidad, de nuestra falta de capacidad para encontrar soluciones solidarias. Pienso que es un aspecto más de esa crisis de Occidente, donde el egoísmo ahoga la solidaridad. Vivimos muchos momentos de ayuda a los demás con el Día de las Misiones, la labor de Cáritas, el Banco de Alimentos y otras instituciones similares… pero Europa parece cerrada a los vecinos del sur.

Hipocresía institucional

Es patética la hipocresía de Europa al hacer la vista gorda ante los que mueren ahogados en su intento de llegar a nuestras costas, llenas de radares que captan perfectamente esas embarcaciones. África ha sido campo de saqueo durante siglos, en una colonización horrible, infernal a veces, que ha quedado inmortalizada en la obra de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas (que fue guión de la película Apocalypse now). La película de Spielberg sobre el comercio de esclavitud, Amistad, también refleja ese horror de siglos, con millones de personas despojadas de su cultura, países despojados de sus recursos materiales y humanos, gobiernos instrumentalizados, pueblos corrompidos con nuestra fiebre perniciosa de consumo. Esa Europa quiere ahora encerrarse en su castillo donde todos son felices mientras fuera cunde el hambre y la desesperación.

En el cuento de Edgar Allan Poe La máscara de la muerte roja, se simboliza la futilidad del intento del príncipe de encerrarse en su palacio a dar fiestas hasta que pase la peste. Hay una fiesta de disfraces y se dan cuenta de la presencia de un invitado siniestro, que va con una capa tétrica y al final descubren que lleva la máscara de muerte. Es la peste, que ha entrado en su palacio. Así quedan todos contaminados, transmite la enfermedad mortal a los que pensaban estar a salvo aislados. Se les mete en casa. La muerte acabó entrando igual. El egoísmo y el aislamiento no es solución. Lo que salva es la solidaridad. Y hay un deber histórico: Europa es rica gracias, en buena medida, a todo lo que se llevó de África.

Es una vergüenza dejar morir a las personas a nuestro lado, de hambre en sus países o ahogadas en el mar. La única solución para vivir dignamente es invitar a nuestra mesa a los pobres. Nos molesta verlos pidiendo limosna, vendiendo en las plazas. Europa está cerrada. Mientras, África, América Latina y muchas personas de Asia están esperando esa ayuda que nos ayuda también a nosotros a crecer en humanidad. Tender la mano a los que están necesitados nos hace bien. Además, nosotros podríamos ser ellos y hemos de tratarlos como nos gustaría que nos trataran si estuviéramos nosotros en su piel.


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