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basura

Esta imagen es una alegoría de otro tipo de basura, que es a la que se refiere el autor.

Opinión, Política, Salud

Sacar la basura a la superficie

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Lo bueno de este apocalipsis es que es de mentira. Que las calles estén vacías no significa nada. Hace tiempo que todos nos hicimos invisibles

Todos padecemos de vista cansada y solo los fantasmas se nos aparecen de manera nítida. Esta mañana vi uno que me pareció levemente atractivo. No pude definir su sexo. La sábana, como a todos, le llegaba hasta los pies y su anchura hacía imposible de definir la silueta que se escondía debajo. Emanaba el atractivo de lo que recordaba que antes lo tenía para mí. En seis meses de pandemia, uno se puede olvidar hasta de qué está haciendo en este mundo. O encontrarle por fin un sentido. Una fragancia femenino singular. Sus ojos negros se superponían a la tela blanca sobre la que se posaban. Parecían pegados de cualquier manera, como la naturalidad cuando quiere pasar desapercibida. Hacer las cosas bien es malo si quieres que se interesen por ellas. El fracaso es lo que más gusta de nosotros a los demás. Se alegran tanto, que es la única vez que se muestran sinceros. Sentir deseo no es lo mismo que desearte lo peor, y eso me hace volver a la fantasma de esta mañana. En su palidez se reflejaba un cielo, que se despertaba arrastrando las cadenas que dejó la noche. En ese bostezo fantasmagórico, la brisa mañanera fue tornándose en un latido asustado. Mi taquicardia, una batería tocada por mi parte más esquizofrénica, asustó a la fantasma y huyó acelerando el paso. Me quedé tranquilo, miré el suelo que pisaba y las cadenas ahora las llevaba yo y se aferraban con fuerza a mis tobillos. Me tengo más miedo a mí que al virus. Este año has sido la excusa perfecta para no hacer nada. Pero en el pasado cercano, sé que hubiese fracasado tropezándome una y otra vez con tu sábana. Tengo miedo a hacer y a no hacer las cosas y, para ese virus, sí que no hay visos de vacuna.

En España no hay democracia, sino una partitocracia, donde los políticos se van repartiendo el pastel hasta la siguiente engañifa llamada Elecciones. No se puede llegar a puntos de encuentro, todo es blanco o negro. O crees que hay bicho o eres negacionista. Y si eres una cosa u otra tienes que asumir todos los puntos que eso conlleva. Pues yo me niego. Desde mi acracia militante, evidentemente que creo que existe el coronavirus y que durante unos meses su letalidad fue atroz. Ahora, podemos dar gracias porque su mortalidad ha bajado, pero hay que seguir siendo cautos, utilizar la mascarilla cuando estemos cerca de cualquier persona y la higiene de manos. Y ahí viene la cosa: nos dicen que estamos ahora igual que en marzo, que el sistema sanitario va a colapsar pronto, que los casos se multiplican, cuando en los hospitales su capacidad es la misma de la de cualquier verano anterior. Les interesa tenernos asustados, una población que así lo está, es fácil de ser manipulada, de hacer con ella lo que se quiera. Y no tiene que ver con que ahora gobiernen unos en concreto, mi asco sí que es equidistante.

Legislar con el miedo de la población

Las muchas oposiciones que tenemos, en este aspecto, son iguales. Ninguno niega que la gravedad no sea como lo era en marzo, abril o mayo. A todos les interesa, en su comunidad autónoma, legislar con el miedo de la población para seguir haciendo de las suyas. Pongamos que tengan razón y haya tantos casos positivos: dar positivo no significa estar enfermo, además de que los PCR fallan más que una escopeta de ferias o Vinicius delante de la portería rival.

Mi equidistancia siempre será con ese eje izquierda-derecha, del que me separo con el mismo asco mientras estén representados por estos políticos. Ser ácrata, no significa ser pasota, la manipulación del abducido suele utilizar ese razonamiento. Yo quiero lo mejor para mi ciudad, para mi país, para todo el mundo. El miedo paraliza, te hace no salir de casa, bloquearte, no poder pensar, te dejas guiar por lo que te dicen, la mansedumbre se convierte en el modo de vida. Y querer que las cosas vayan mal o decir que van peor de lo que realmente van es algo que habla muy a las claras de en qué manos estamos. Ellos sí que dan miedo, y me refiero, por supuesto, a nuestra clase política, y a esa prensa que les hace el trabajo sucio desinformándonos a sabiendas de que lo hacen. Los que me leéis sabéis que solo subo cosas que escribo, relatos cortos o artículos de sitios donde colaboro escribiendo. Y no me gusta hablar de la actualidad, una vez cada varios años no hace daño, o eso espero. Solo una cosa más, esto no es nada conspiranoico. Es, por desgracia, la más pura realidad, la más cristalina, la que saca la basura a la superficie.

Solo podemos buscar dentro de nosotros, unos ojos que se han olvidado de mirar hacia fuera

No vamos a ningún sitio. Esta era, hasta hace poco, una frase hecha, algo que buscaba retorcer el significado natural de las palabras. Nada me produce más dentera que este tipo de expresiones. Hay que trabajárselo un poco más y, si no se es capaz de no utilizarlas, ser castigado a trabajos forzados. Pero ahora solo encuentro consuelo en la literalidad de esta frase. Camino en un laberinto que conozco de memoria, cuyo recorrido es escaso. Cada dos pasos me choco con una de las dos paredes que lo delimitan. Cada uno de nosotros está en la misma situación. Caminamos por encima de nosotros mismos, dejándonos las marcas de nuestro calzado desgastado por la desilusión. Cada uno se choca contra su horizonte. Lo tenemos tan encima porque no hay futuro ni camino que andar. Nuestros ojos se encuentran con una mirada que viene rebotada de una pared situada a escasos centímetros de nuestra vista. Solo podemos buscar dentro de nosotros, unos ojos que se han olvidado de mirar hacia fuera. No hay donde mirar. El siglo XXI trajo el confinamiento y, ahora que nos hemos quedado solos, es cuando nos hemos dado cuenta. En mi zulo-tumba encajo de manera perfecta, ni sobra ni falta nada. Está hecho a mi imagen y semejanza, la que coincide con la que mi imaginación se ha hecho de mí. Creo saber quién soy. No puedo compararme con mis compañeros de especie, situados al otro lado de la pared. Cada ser humano ayuda a hacer, de esta construcción, la octava maravilla del mundo. Por fin hemos creado la pieza arquitectónica más grande y compleja, este planeta-cárcel llamado Tierra. No vamos a ningún sitio. Enterrados vivos. Muertos voladores. Zombis que nadan. La de-función acaba de empezar. La cuarta pared de cada uno de nosotros siempre estuvo rota.


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2 comentarios

  1. Rosa María

    Muy bueno, en sus palabras describe cómo me siento.

  2. Esta manera de escribir de Manu Gálvez es la única posible en estos tiempos de terrorismo o de intrusismo periodístico. El articulismo será creativo o no será. Y Manu viene de la vieja escuela, digamos que comenzando por Larra, Cavia, Ruano, Ortega, Alcántara, Raúl del Pozo, y, cómo no, de nuestro Paco Umbral. Esto sí, con su estilo hecho ya hacha y acero inoxidable personales, únicos, maños, él mismo.

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