manzana

La bruja de Blancanieves sirve de alegoría para ilustrar la idea fuerza de este artículo.

Opinión, Política

Manzana envenenada

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Parece que Europa nos va a mandar dinero para contribuir a la recuperación del país tras la pandemia y, entre otras cosas, evitar que los intereses de la deuda que el país emita se disparen como ocurrió en el 2008

Con este dinero se hará frente a ayudas sociales e incentivos para la economía, con el ingreso mínimo vital por bandera. Sobre el papel, es una medida positiva, nadie quiere que el vecino pase hambre. Pero es también una medida polémica y, conociendo el percal, se acompañará ya desde su nacimiento de desvíos de fondos a entidades políticamente afines, tal como ha venido ocurriendo hasta ahora con el resto de fondos patrios.

Llueve sobre mojado. Y seamos serios, nuestra sociedad se mira en nuestros dirigentes y, si ellos pueden acumular sueldos astronómicos y dietas injustificadas con toda suerte de chanchullos, pensiones vitalicias y puertas giratorias, ¿de verdad esperan que quien se beneficie de la renta mínima vital, si tiene la posibilidad de trabajar en negro, abdique de hacerlo? Obviamente no lo hará. Con nuestra torpe justicia y nuestro currante de a pie habituado a subsistir en una economía de trinchera, el fraude se acabará fomentando, los ingresos por impuestos caerán y el sistema será, cada vez más, insostenible.

Y este es, sin duda, el escenario perfecto para que nuestros políticos armen su coartada. Llegado ese momento, agotadas las ayudas y los ingresos del estado fruto de la nefasta incompetencia de quien nos gestiona, y con la poca vergüenza que les caracteriza, se nos aparecerán envueltos en un halo de luz, investidos de inmaculadas túnicas, renacidos libres de todo pecado como salidos del río Jordán con un alma por estrenar para, entonces sí, inmisericordes, señalar al pueblo pecador y culpable, esa sociedad que no funciona porque defrauda mientras ellos se afanan por ofrecer ayudas y adoptar medidas que, deficitarias, inadecuadas, mal ponderadas y mal gestionadas, nos habrán presentado como una garantía de éxito.

Como si las hubiesen pagado ellos, vamos. Medidas salidas de libros, tecnócratas, medidas sin alma que no resuelven los problemas de un pueblo al que no escuchan y al que no se deben. Un pueblo al que torean desde sus abastados minaretes. Y paradójicamente, cuando llegue ese momento y el político o políticos de turno se dediquen a acusar al pueblo, hordas de cazurros repetirán sin pudor esa mentira, ese catecismo apócrifo, pisando el cuello de los más desafortunados si hace falta y aumentando los problemas de quienes ya lo tienen crudo. Y los de abajo, como siempre: cornudos y apaleados.

El drama de los agricultores

El día en que escribo estas líneas, viernes 5 de junio, ha tenido lugar en mi ciudad, Granada, una manifestación de agricultores que se ha resuelto en 20 minutos y que los medios, desde la satisfacción, indican que ha sido rápida y limpia.

Esa gente se queja porque, tras pasar trabajando las jornadas de verano bajo el sol y las de invierno al frío y la lluvia, al final de cada temporada de trabajo arduo y polvoriento, viven a merced de la tiranía de los compradores y, hechas las cuentas, no sacan ni un sueldo bajo. ¿Se hace el lector una idea de cómo pica el sol en la vega de Granada a las 10:30 horas de la mañana, cuando aún falta media jornada de trabajo por delante?

Muchos de esos manifestantes, que no saben vivir sin trabajar (al contrario que nuestros políticos), le garantizo que acabarán por vender su maquinaria y solicitar la renta mínima, cabizbajos, rendidos, para quedarse en sus casas y al menos poder volver a conciliar el sueño cuando se vayan a la cama. Eso sí, si vuelve una crisis como la que parece que estamos dejando atrás -ojalá no sea el caso, pero volverá- sus productos básicos no estarán ya disponibles. Habrá que ir a buscarlos a donde los vendan, y suplicar que nos los quieran vender. Y si no nos los venden, pues igual pasamos hambre.

Nuestra sociedad no está entendiendo que la queja de una de sus partes es también su queja. Igual que un cuerpo no puede prescindir de uno de sus órganos, si nuestra tierra prescinde de su producción agrícola, será un organismo más débil. Por eso, las manifestaciones de los agricultores deberían ser las manifestaciones de toda la sociedad. Las manifestaciones por una sanidad pública y digna deberían ser también de toda la sociedad. Las de la educación, las de nuestra industria… Pero, por lo visto, nada de esto parece dolernos, al menos, todavía.

Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca son reacios al envío de dinero a España. Y no creo que tengan nada en contra de los españoles, pero sí ven claro el cáncer que son nuestros dirigentes

Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca son reacios al envío de dinero a España. Y no creo que tengan nada en contra de los españoles, pero sí creo que ven claro el cáncer que son nuestros dirigentes. Razón no les falta. Yo tampoco les confiaría mi cartera ni loco, sé que no son de fiar. No se dedican al bien común, sino a repartirse el botín.

Al problema de los agricultores que el viernes se manifestaban, no les van a dar ninguna solución. Les da igual, les damos igual. Lo confieso, me da vergüenza pensar que esta gente son nuestros representantes por ahí fuera, la imagen de moscones y de incompetentes que arrastran es lamentable, no nos hace justicia.

Y por mucho que Rafa Nadal gane partidos épicos, nuestros políticos dejan la marca España por los suelos una y otra vez, quizás con la excepción de la ministra Nadia Calviño. Lo que Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca probablemente nos intentan decir es que, si el pueblo español no es capaz de deshacerse de los parásitos que tenemos por clase política y sus estratagemas de desvío de dinero, pues que los asumamos y los paguemos nosotros, que ellos no están para eso. Yo tampoco, la verdad.

Una de las protestas del sector agrícola que hubo antes de la pandemia.

Tenemos una tierra excelente, llena de gente que quiere trabajar, que sabe trabajar, que es dedicada y cuya generosidad no tiene límite. Nuestros agricultores no necesitan subsidios ni ayudas de Europa, necesitan que sus productos se paguen a un precio justo atendiendo a los precios finales que el consumidor paga en el mercado. Y nuestra sociedad no necesita una renta mínima, necesita el pleno empleo, nos sobra testosterona y ovarios para trabajar y vamos sobrados de mentes brillantes.

Ambos cometidos, supervisión del mercado y pleno empleo, son los cometidos que deberían asumir nuestros políticos. Pero en lugar de ello, se dedican a aferrarse a sus cargos y privilegios como garrapatas mientras nos hacen creer que se trata de metas utópicas. El pleno empleo no es una utopía, no falta lo que hacer, ni la supervisión del mercado en pro de los intereses del pueblo, tampoco. Ahora, con esta gente… imposible.


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Un comentario

  1. Avatar Angeles Suarez Pozo

    Buenas tardes

    El artículo es un poco largo y acoge bastantes temas, todos para unirlos y convencer de la ”inutilidad” de la renta minima.

    De entrada digo” stop»a todos los argumentos que vayan en contra de la renta mínima vital.
    Vivimos en una sociedad en la que, argumentar se nos da bastante bien, podemos llevar la verdad al terreno que nos interese, siempre para defender nuestras ideologías.

    Para tirar por los suelos la ayuda de la renta mínima vital se ha tirado del argumento de que, los agricultores cansados de su situación pueden pensar que, están mejor en sus casas cobrando esta ayuda que aguantando las inclemencias del campo.

    Es un argumento potable que nos puede convencer, pero yo no voy a comerme ese argumento.

    Vivimos en una sociedad decadente, en cuanto a la moral, el otro ya no existe, por lo tanto, solo vivimos en nuestro propio egoísmo, el que solamente defiende lo nuestro, porque lo de los demás no nos importa nada. Y por ese mismo motivo porque vivimos nada más que para nuestras vanidades y para nuestros lujos, yo voto por la renta mínima vital.

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