El origen de lo que llamamos izquierda y derecha se remonta a hace unos siglos. Entendemos estos términos como una metáfora dada, dentro de muchas otras, en la época de la revolución francesa
Para intentar entender el proceso etimológico y evolutivo de los términos es necesario indagar en el origen y posteriormente seguir los cambios a través de la historia. Cualquiera que pueda seguir la genealogía de las ideas políticas de la izquierda y la derecha, sin duda, encontrará el nacimiento en el siglo XVIII.
En la segunda mitad de este siglo, con la guerra de independencia de las colonias británicas, se producen una serie de debates que trascienden fronteras. Estos debates pusieron la base para los términos dicotómicos.
De hecho, leyendo dichos debates y viendo cómo transcurren los acontecimientos, se puede observar cómo la izquierda y la derecha nacen, precisamente, con las ideas de los debates que se produjeron entre dos personajes influyentes dentro de este siglo. Edmund Burke y Thomas Paine, sus reflexiones y artículos, muestran el pensamiento político correspondiente. Así, Paine representaba al liberalismo clásico en forma de izquierda y Burke, al conservadurismo moderado en forma de derecha.
Thomas Paine y la izquierda liberal
El liberalismo clásico de Paine construyó en él una devoción por los derechos individuales, poniendo al Estado como guardián de ellos y, como consecuencia, odiaba la violación de estos, provocándole una pasión por la justicia del débil que sufre bajo la violencia del fuerte.
Bajo estas premisas, Paine defendió la legitimidad de los gobiernos durante la revolución de las colonias británicas y la revolución francesa, pues si todo poder que se ejerce sobre una nación tiene un origen, este sólo podía ser delegado o tomado. Así, todo poder delegado es confianza y legítimo, y todo poder tomado constituye una usurpación ilegítima, pues si el Estado existe para garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos, un Estado que no lo garantice no es digno.
Este razonamiento llevó a Paine a defender la revolución como la única herramienta que tiene el pueblo para establecer un nuevo régimen cuando este está demasiado corrupto, entendiendo la revolución como una reversión del régimen para crearlo desde cero de una forma más justa.
Sus ideas sobre los privilegios de la aristocracia o de la monarquía corresponde al de muchos otros autores ilustrados como Montesquieu o Rousseau, pues para él, un sistema con estas características era un sistema meramente animal e inadecuado para una política racional. Y así fue como estuvo defendiendo la elección del gobierno en contra del sistema hereditario. Y como no puede ser de otra forma abogaba por un sistema de pensiones público para los pobres, educación pública gratuita, prestaciones públicas para los padres, mayor representación parlamentaria de las clases bajas, un impuesto progresivo e igualdad de derechos; de hecho, muchas de las ideas que Paine defendía se habían materializado en Estados Unidos y eso fue lo que le llevó a querer imponer la misma libertad y los mismos derechos en Francia.
Edmund Burke y la derecha conservadora
Burke era un Whig inusual del parlamento británico, se diferenciaba de los demás Whig en que lo que más le interesaba, como último fin, no era las tendencias reformistas, que sí interesaban a los demás de su partido, sino el deseo de mantener la estabilidad y unidad de la sociedad. De hecho, él era un defensor de la monarquía, llegando a oponerse a los Whig más radicales que querían introducir principios de supremacía parlamentaria que apuntaba a un Estado republicano.
Se ve en él un conservadurismo con ideas opuestas a las de Paine. De hecho, se burla de la definición que este da sobre la legitimidad de los gobiernos, pues significaría que todos los gobiernos de la historia habrían sido ilegítimos por no tener comienzos justos y por tanto sería afirmar que el gobierno de Inglaterra, que él defendía, era más de lo mismo.
Bajo esta premisa, se ve la diferencia principal que hay entre estos dos personajes, pues Burke no le da tanta importancia a los comienzos sociales y políticos de los gobiernos, ya que cree que la legitimidad se desarrolla con el tiempo mediante la reforma, y no en el origen, por lo que rechaza totalmente la idea de las revoluciones.
Es así como, en la Toma de la Bastilla, aunque sí defiende que el antiguo régimen había cometido injusticias, denuncia con más ímpetu la violencia cometida por los revolucionarios. De igual manera, denunciaba el asalto a Versalles en el que la muchedumbre atacó al monarca y donde casi matan a la reina, y a la par obviaba la escasez de los alimentos, el alto precio de ellos y la gran falta de derechos que con la monarquía se estaba permitiendo.
Por lo tanto, se ve en él una defensa de los privilegios, y no teme en afirmarlo, así es como Burke estaba a favor de la tecnocracia, pues los políticos tenían que ser gente preparada y con estudios, pero a la vez estaba a favor de la herencia monárquica. Dicha tecnocracia no deja de ser una forma de aristocracia que no asegura la virtud política de Montesquieu, que se basa en la representación política, y que también Paine defendía. Pero esto no sorprenderá tanto como el férreo pensamiento que este tenía sobre elegir a nuestros gobernantes ya que, para él, el pueblo no tiene derecho a hacerlo.
Izquierda y derecha de origen en la revolución francesa
La izquierda y la derecha, como términos, tienen fecha de creación en 1789, con la Revolución Francesa. Es a mediados de ese año donde, en la Asamblea Nacional francesa, un diputado pone a debate la cuestión del veto del rey. El derecho a veto del rey corresponde al derecho de, según el tipo de veto (absoluto, suspensivo, parcial…), poder impedir la promulgación de una ley.
Los que estaban a favor de que la soberanía pasase a la nación, sin que el rey tuviera poder sobre las leyes, se pusieron a la izquierda del presidente de la asamblea, y los que estaban a favor de que el rey mantuviera el veto absoluto se pusieron a la derecha. Frente a esta relación binaria hay que aclarar que, entre un lado y el otro de la asamblea, estaba el centro. Este centro representa la moderación de los dos extremos, así estos defendían el veto suspensivo, siendo este una clase de veto pero sin tanto poder como el veto absoluto. Las ideas básicas a los que los términos hacen referencia, sin contar el centro, son las ideas correspondientes a Burke y Paine.
Lo que la izquierda hizo al oponerse al antiguo régimen no sólo fue querer acabar con un modelo de Estado e imponer otro, pues ya Montesquieu nos enseñó cómo una república puede ser igual de ilegítima que una monarquía absoluta, sino dar libertad al pueblo, por lo menos en la teoría.
Para el pensamiento burkeniano, la elección (darse a sí mismo las leyes) no podría estar sujeta a la imaginación de una nación
Esta búsqueda por la libertad de Francia hizo que se creasen unos derechos, entendidos como universales y que, de ellos, Paine catalogaba como “derechos naturales”. Estos derechos universales, que fueron aprobados por la asamblea y que los franceses se dieron así mismo, fueron escritos en un documento llamado: Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, cuya trascendencia fue tan grande que parte de esos derechos son los famosos derechos humanos que recoge la ONU.
La visión de la derecha no podía ser de otra forma que opuesta respecto a esto pues, para el pensamiento burkeniano, la elección (darse a sí mismo las leyes) no podría estar sujeta a la imaginación de una nación. Es así como Burke recelaba del consentimiento que un votante deposita en su representante, pues este consentimiento no podía definir un régimen, ya que la receta pura donde los representantes estaban sujetos para servir a los ciudadanos, entendida también como democracia, le parecía un desastre.
Junto con la igualdad de derechos de la izquierda, se provocó una unión del pueblo francés, pues los llamados tres Estados (nobleza, clero y estado llano) que realmente correspondían a clases sociales, se unificaron en un solo término: ciudadanos. Seguido de esto, apareció también la nación política, cuya estructura era una metamorfosis del antiguo régimen que termina por unir como franceses a bretones, galos, etc… que antes habían estado divididos como naciones étnicas.
Como contraparte a estos procesos de unión e igualdad se opuso la derecha fuldense, cuyo objetivo era que continuara la monarquía y las diferencias de clases, o la derecha girondina, que querían hacer de Francia una federación para dividir más a la sociedad francesa y continuar con la monarquía.
En cualquier caso, la derecha de la revolución francesa seguía la corriente burkeniana pues no le gustaba los cambios, no porque acabar con el antiguo régimen fuera acabar con los privilegios de los que muchos gozaban sino porque provocar una revolución cortaría los vínculos de la sociedad con el mundo de la política, haciendo así a su suerte el devenir de la nación, pues después de la revolución nadie sabía qué iba a pasar.
También tenían muy en mente el pasado, pues lo que se nos había dado tenía que ser cuidado y preservado, entre ellos el antiguo régimen. Contraria sería la visión de la izquierda, pues cada tiempo (pasado-presente-futuro) tiene derecho a ejercer sus propios juicios políticos en su momento, así el pasado habría tenido oportunidad de ejercer su derecho igual que lo tiene el presente, por lo que se nos haya dado, si es ilegítimo, no tiene porqué ser preservado.
Se ve en la dicotomía de izquierda y derecha una especie de Cristo y Anticristo. De hecho, en la relación con los términos hay mucho sentido religioso. Por ejemplo, la fraternidad, que reconoce a todos los miembros de la misma especie y que la izquierda francesa mostraba, no era más que un principio teológico que utilizaban los fundamentalistas islámicos o cristianos para referirse a los hermanos de Cristo o los hermanos musulmanes; pero no era la única relación que los términos tuvieron con la religión, pues la metáfora, desde el comienzo, ha estado envuelta en un oscurantismo.
Para la iglesia, la izquierda, era vista como algo demoníaco por sus ideas de la razón humana, pues era notable el ateísmo que estos revolucionarios mostraban. Y para los revolucionarios, la derecha era vista como los infames, sediciosos y perversos hombres que buscaban imponer sus privilegios ante los demás ciudadanos. El mal y el bien ha sido algo que han compartido los dos términos y que, desde el origen, ha llegado hasta nuestro tiempo.
Es también en el comienzo de los términos cuando se ve el pensamiento painesiano de la izquierda francesa que repercutirá en todas las demás izquierdas definidas políticamente, pues aquí tiene el proceso de racionalización. Este proceso busca guiarse por la razón en oposición de una irracionalización que esta derecha le otorga al antiguo régimen por estar basado en el trono por derecho divino.
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