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Una ilustración sobre el acto de votar en democracia.

Opinión, Política

La democracia de partidos secuestra el concepto de representación política

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En el artículo anterior decía que me gustaría exponer mi opinión acerca de la idoneidad de ciertos personajes para estar al frente de esta nave. El mundo en el que nos ha tocado vivir es tremendamente complejo y diverso y para tomar decisiones acertadas se requiere tener amplios conocimientos y una sólida formación que te pueda ayudar a tomar las decisiones correctas

El acceso a las llamadas profesiones liberales (médicos, abogados, arquitectos, miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, militares etc.) está perfectamente definido por el propio Estado por medio de su sistema educativo.

De este modo el que quiere ser abogado conoce el camino que debe seguir y que básicamente es cursar la correspondiente carrera universitaria y posteriormente realizar los correspondientes cursos de práctica jurídica que le van a habilitar para el ejercicio profesional por libre; si quiere aspirar a ocupar un puesto en la Administración también sabe que deberá someterse a un complejo proceso selectivo y muy competitivo.

Algo similar ocurre con el personal sanitario y en general con todos los puestos dependientes de la administración pública. Mención específica se merece aquellas profesiones que, por su especial naturaleza, se ven obligadas a pasar por unos filtros de naturaleza psico-físicas que finalmente determinan su idoneidad o no para su posterior ejercicio o desempeño. Así viene establecido en nuestra Constitución cuando en su artículo 103.3 determina: “La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad…”.

Me temo que los políticos toman las decisiones en función de los intereses electorales que primen en ese momento para poder perpetuarse en el poder

Cuando nuestro estado de salud es delicado y nos encontramos frente a una operación de corazón queremos que nos intervenga un buen cirujano; cuando viajamos en un tren de alta velocidad queremos que no se produzcan accidentes y lleguemos a nuestro destino final lo que requiere de buenos ingenieros y arquitectos y así podemos seguir.

Pero ¿ocurre lo mismo con los políticos? Cuando se trata de tomar decisiones a medio o largo plazo que afectan al interés general de la población, estas la toman los políticos y aquí se plantea el problema: ¿Son los más sabios, los más inteligentes, los más experimentados? Me temo que las decisiones las toman en función de los intereses electorales que primen en ese momento para poder perpetuarse en el poder.

El que quiera dedicarse al noble ejercicio de la política tiene muy claro que no hay filtros previos. Sabe que, como ocurre en ciertas cofradías de prestigio, hay que sacarse el carnet del partido cuanto antes mejor. Es decir, cuando tus progenitores inscriben en el registro civil tu nacimiento, a continuación pasan por el partido y se saca el carnet, luego todo se reduce a cultivar las relaciones personales dentro de ese ámbito y, en cualquier momento, te puedes encontrar con la sorpresa de que eres ministro/a de cualquier área, no importa mucho cual sea ésta.

El ex presidente del Gobierno Mariano Rajoy.

Siempre habrá, claro está, honrosas excepciones a esta regla. Lógicamente a los políticos no podemos aplicarles el art. 103.3 de la CE porque no tienen el estatus de funcionario público. ¿Entonces qué hacemos?

Nunca la pasividad de la que hizo gala Mariano Rajoy cuando en diciembre de 2011 consiguió 186 escaños en el Congreso de los Diputados y se le planteó la necesidad de reformar la Ley Electoral General de 1985 en el sentido de que debía gobernar el partido más votado a lo que él contestaba que era una cuestión muy delicada y que debía ser objeto de consenso con los demás grupos parlamentarios. Vale.

Conceptos como los de representación y democracia son de los que más tinta han derramado en la ciencia política y no es cuestión de que me meta en este jardín, pero haremos un breve recorrido histórico para ver cómo se abordó este tema en el pasado.

El buen ejemplo de la antigua Grecia

En la antigua Grecia muchas funciones se asignaban a ciudadanos seleccionados por sorteo si bien eran conscientes de que era un sistema defectuoso que podía seleccionar a cualquiera, tuviera o no aptitudes para gobernar, pero supieron encontrar arreglos institucionales o correctores para minimizar ese riesgo, como era que sólo los ciudadanos varones y libres mayores de 30 años podían entrar en el sorteo siempre que no estuvieran bajo penas de privación de sus derechos civiles y siempre con carácter voluntario, además de que tenían que someterse a una investigación antes de ocupar su cargo para comprobar si cumplían los requisitos.

Al final de su mandato, tenían que rendir cuentas de su gestión. Así se procedía en el caso de selección de los miembros del Consejo de los 500 que tenían un papel destacado en relaciones exteriores, cuestiones militares, financieras, etc. La legitimidad se fundamentaba en la rotación. Este procedimiento también se utilizó en Roma y en las Repúblicas Italianas de la Edad Media y Renacimiento.

Para la ocupación de otros cargos o funciones se recurría a la elección y sólo tenían opción personas eminentes teniendo así un carácter más aristocrático. El sistema político romano lo podemos definir como una timocracia donde se clasificaban a los ciudadanos en función de la propiedad. Así, la cantidad de riqueza de una persona determinaba el alcance de su influencia política.

Pedro Sánchez tras ganar las Primarias del PSOE.

La mayoría de corrientes doctrinales de la actualidad ignoran la viabilidad del sorteo y se centran en el debate entre la democracia representativa y sus posibles mejoras y la democracia directa y participativa.

La aparición en el escenario de los partidos políticos ha monopolizado la vida política y, con ello, la función de seleccionar el personal de las cúpulas políticas administrativas, llegando hasta el punto que la ciencia política contemporánea describa los sistemas políticos occidentales como democracias de partido que, a mi entender, llegan a secuestrar o vaciar de contenido el concepto mismo de representación política y democracia.

Hay que mejorar el sistema representativo con nuevas fórmulas de acceso que permitan una mayor y mejor identificación con la función de gobernar

A la hora de votar, los ciudadanos no tenemos libertad de votar a los candidatos que consideremos los más idóneos sino que votamos a los que nos presentan en una lista previamente elaborada. Se trata de restar poder a los partidos y mejorar el sistema representativo con nuevas fórmulas de acceso que permitan una mayor y mejor identificación con la función de gobernar y atajar la creciente desafección que estamos observando en la sociedad.

A pesar de que somos conscientes de que la política impregna por completo nuestras vidas, no debemos permanecer impasibles ante esta apabullante realidad. Hoy hay movimientos que piden una mayor representación del pueblo basado en las nuevas tecnologías como internet, lo que siempre va a contar con la oposición frontal de los que no quieren soltar tan suculenta mordida.


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