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Una persona medita tirarse de un puente.

Salud

El tabú del suicidio y sus tentativas, una asignatura pendiente capital de la sociedad del siglo XXI

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Las tentativas de suicidio se incrementaron en un 250 por ciento en la población infantojuvenil durante 2020 en España, según alerta el psicólogo Luis Fernando López, miembro del Colegio de la Psicología de Madrid y coordinador técnico del programa ‘Hablemos de… Suicidio’, impulsado por dicha institución colegial. La sanidad pública está todavía a años luz de poder atajar este grave problema

«Este dato, obtenido de estudios realizados por organizaciones no gubernamentales de atención telefónica y presencial como la Fundación ANAR, nos indican que, sin salud mental, no podemos hablar de salud y, sin planes de prevención adecuados en esta materia, es esperable que las cifras de suicidio sigan aumentando», advirtió López en declaraciones recogidas por Europa Press con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebró el pasado 10 de septiembre.

Asimismo, el psicólogo señaló que, pese a que hubo un total de 3.671 suicidios en 2019, según datos del Instituto Nacional de Estadística, esta es una «cifra infradatada», ya que, en muchas ocasiones, las muertes registradas como accidentales son realmente suicidios, «lo que podría multiplicar el número de casos por 2 o incluso por 3», subraya el experto.

En este sentido, López puso de relieve la necesidad de crear planes de prevención del suicidio, en línea con lo que viene pidiendo la Organización Mundial de la Salud, «con el fin de sintetizar respuestas comunes de un fenómeno que requiere de vigilancia pública». «Diferentes comunidades autónomas están elaborando planes de prevención con resultados que muestran la reducción de cifras de suicidio tras la implantación, por tanto, es sorprendente que no dispongamos de un plan nacional de prevención, cuando se ha datado, en las comunidades que lo han llevado a cabo, que disminuye las tasas de suicidio», ha sentenciado.

Por todo ello, explicó que los objetivos del proyecto Hablemos de… Suicidio es «atender esa necesidad integral de abordar la conducta suicida desde la complejidad del fenómeno con un enfoque multidisciplinar que permita atender los ejes de acción y desafíos futuros, algo necesario si queremos ser agentes de prevención de esta pandemia silenciosa que es el suicidio».

Por su parte, el decano del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, José Antonio Luengo, destacó que, en España, mueren en torno a 10 personas a diario por suicidio, «en el mayor de los casos ocultados bajo el estigma, el tabú y el silencio que envuelve una realidad que causa en torno a un millón de fallecimientos en el mundo cada año, una muerte cada 40 segundos».

El suicidio no siempre va ligado a la enfermedad mental

En este punto, Luengo aclaró la importancia de no situar como sinónimos trastorno mental y suicidio. «Muchas personas que tienen un trastorno mental piensan en la posibilidad de dejar de vivir, pero no todas las personas que se suicidan tienen un trastorno mental», aclaró.

Por ello, ha destacado que el objetivo de Hablemos de… Suicidio es visibilizar esta realidad y acabar con el tabú hablando e informando sobre ello a la sociedad, poniendo fin al «mito» de que, si se hace, se darán «conductas imitativas». «La sociedad tiene que entender la necesidad integral de disminuir las tasas de suicidio y el sufrimiento de personas con ideación suicida», sostiene. En este sentido, el proyecto presentado por la organización colegial desarrollará diferentes iniciativas en torno a diversos ejes de acción, permitiendo hacer de altavoz de profesionales y supervivientes.

«Lo importante es hablar bien y saber mandar el mensaje», subrayó Luengo, para añadir que «no se trata de hablar de los suicidas, sino del fenómeno y de las causas, sabiendo que se puede prevenir». En cuanto a la atención de salud mental que puede recibir una persona con ideación suicida, el experto denunció que la ratio de psicólogos en el Sistema Nacional de Salud y en salud mental especializada es «ridícula», no solo comparada con Europa, sino «con lo que sería necesario».

«La Atención Primaria requiere de más psicólogos», reclamó Luengo, algo con lo que estuvo de acuerdo Román Reyes, de la Plataforma Stop Suicidios, denunciando que el estado de la salud mental en España es «demencial». Reyes da un dato demoledor: «Tienes el triple de probabilidades de que haya un suicidio en tu entorno que un accidente de tráfico».

Los teléfonos gratuitos a los que puede llamar en España una persona que necesite asistencia psicológica inmediata para la prevención del suicidio son:

  • El Teléfono de la Esperanza: 717 003 717 (24 horas).
  • Asociación La Barandilla: 911 385 385 (de lunes a domingo, de 9:00 a 21:00 horas).

Más de 700.000 suicidios anuales en el mundo

Cada año en el mundo, cerca de 703.000 personas se quitan la vida (1 de cada 100) y muchas más intentan hacerlo. Todos los casos son una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tienen efectos duraderos para los allegados de la víctima. Puede ocurrir a cualquier edad y, en 2019, fue la cuarta causa de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo, según datos que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso que por guerras y homicidios. Según las estadísticas oficiales, cada 40 segundos alguien se suicida y eso es inadmisible. ¿Cómo una civilización se puede llamar a sí misma avanzada si permite que esté ocurriendo esta aberración día tras día?

Los suicidios no solo ocurren en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, más del 77% de los suicidios ocurridos en 2019 tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos.

Aun tratándose de un grave problema de salud pública, se puede prevenir mediante intervenciones oportunas, basadas en la evidencia y, a menudo, de bajo costo. Para que las iniciativas preventivas de los países sean eficaces, deben aplicar una estrategia multisectorial e integral.

«No podemos –ni debemos– dejar relegado el suicidio», ha señalado el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. «Cada uno es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de muchos meses inmersos en la pandemia de la COVID-19 y cuando muchos de los factores de riesgo del suicidio –pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social– siguen estando muy presentes. Las nuevas orientaciones que la OMS publica hoy ofrecen una vía clara para fomentar los esfuerzos de prevención del suicidio», añadió Ghebreyesus.

Se suicidan más del doble de hombres que de mujeres (12,6 por 100.000 hombres frente a 5,4 por 100.000 mujeres). Las tasas de suicidio masculino son, por lo general, más altas en los países de ingresos altos (16,5 por 100.000). Las tasas más altas de suicidio femenino se registran en los países de ingresos medianos-bajos (7,1 por 100.000).

Las tasas de suicidio en las regiones de África (11,2 por 100.000), Europa (10,5 por 100.000) y Asia Sudoriental (10,2 por 100.000) de la OMS fueron superiores a la media mundial (9,0 por 100.000) en 2019. La tasa de suicidio más baja se registró en la Región del Mediterráneo Oriental (6,4 por 100.000).

Grupos de riesgo

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular, la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos casos se dan en personas que lo cometen impulsivamente en situaciones de crisis en las que su capacidad para afrontar las tensiones de la vida, como los problemas económicos, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos, está mermada.

«Además, se ha demostrado suficientemente que vivir conflictos, catástrofes, actos violentos, abusos, pérdida de seres queridos y sensación de aislamiento puede generar conductas suicidas», aseguran desde la OMS. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables y discriminados, como los refugiados y migrantes; los pueblos indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales; y los reclusos. El principal factor de riesgo es, con diferencia, un intento previo de suicidio.

Métodos de suicidio

Se estima que alrededor de un 20% de los suicidios se cometen por autointoxicación con plaguicidas, la mayoría de ellos en zonas rurales agrícolas de países de ingresos bajos y medianos. Otros métodos comunes son el ahorcamiento y los disparos con armas de fuego.

Conocer los métodos de suicidio más comunes es importante para elaborar estrategias de prevención basadas en medidas de eficacia demostrada, como la restricción del acceso a los medios utilizados.

Prevención y control

Es posible prevenir los suicidios adoptando medidas a nivel de la población, de determinados grupos poblacionales y del individuo. La OMS ha elaborado una guía para prevenir el suicidio denominada ‘Live life’ («Vive la vida»), en la que se recomiendan las siguientes intervenciones de eficacia demostrada que se basan en la evidencia:

  • restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse (por ejemplo, los plaguicidas, las armas de fuego y ciertos medicamentos);
  • educar a los medios de comunicación para que informen con responsabilidad sobre el suicidio;
  • desarrollar en los adolescentes aptitudes socioemocionales para la vida;
  • detectar a tiempo, evaluar y tratar a las personas que muestren conductas suicidas y hacerles un seguimiento.

Estas medidas se deben acompañar de intervenciones básicas como un análisis de la situación, la colaboración multisectorial, la sensibilización, la creación de capacidad, la financiación, la vigilancia, el seguimiento y la evaluación.

Las actividades preventivas exigen la coordinación y colaboración de varios sectores de la sociedad, incluidos los de la salud, la educación, el empleo, la agricultura y la ganadería, el comercio, la justicia, el derecho, las fuerzas del orden, la política y los medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integrales, dado que ningún enfoque puede atajar por sí solo una cuestión tan compleja.

Obstáculos y dificultades

La estigmatización, sobre todo la que se crea en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o tratan de hacerlo y que, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado debidamente porque falta sensibilización sobre la importancia que reviste como problema para la salud pública y por el tabú existente en muchas sociedades que impide tratar sobre él abiertamente. Hasta hoy, solo unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre las prioridades de sus políticas de la esfera de la salud y solo 38 han notificado que cuentan con una estrategia nacional de prevención específica.

Es importante aumentar la sensibilidad de la sociedad y superar los tabús para que los países avancen en la prevención del suicidio.

«Para prevenir eficazmente el suicidio es preciso intensificar la vigilancia y hacer un seguimiento de los casos consumados y de los intentos de suicidio»

Organización Mundial de la Salud

La disponibilidad y la calidad de los datos sobre el suicidio y los intentos de suicidio es insuficiente en todo el mundo. Solo unos 80 Estados Miembros disponen de datos del registro civil de calidad que se pueden utilizar directamente para estimar tasas de suicidio. Aunque el problema de la escasa calidad de los datos sobre mortalidad no es exclusivo del suicidio, la notificación insuficiente y la clasificación errónea de los casos de suicidio son, probablemente, mayores que con causas de defunción, porque las conductas suicidas son una cuestión delicada e incluso ilegal en algunos países.

«Para prevenir eficazmente el suicidio es preciso intensificar la vigilancia y hacer un seguimiento de los casos consumados y de los intentos de suicidio. Las diferencias entre los países relativas a los patrones, las tasas y las características de los suicidios, así como a los métodos utilizados, ponen de relieve la necesidad de que cada país mejore la integridad y la calidad de sus datos y la rapidez con que se obtienen. Con ese fin, se deben hacer constar los suicidios en los registros civiles y los intentos no consumados en los registros hospitalarios, y se han de realizar estudios nacionales representativos que recopilen información sobre intentos de suicidio notificados por la propia persona», sentencia la OMS.

Una «prioridad» para la salud pública en la teoría, pero no en la práctica

La OMS reconoce que el suicidio debe ser «una prioridad» para la salud pública. En 2014, se publicó el primer informe mundial de la OMS sobre esta cuestión, titulado Prevención del suicidio: un imperativo global, con objeto de aumentar la sensibilización respecto de la relevancia del suicidio y los intentos de suicidio para la salud pública, así como de otorgar la máxima prioridad a su prevención en los programas mundiales de salud pública. Además, con este informe se procuró alentar y ayudar a los países a elaborar o reforzar estrategias integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública.

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El suicidio es también uno de los problemas que aborda prioritariamente el Programa de Acción Mundial para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP, por sus siglas en inglés), que proporciona orientación técnica basada en la evidencia para ampliar la prestación de servicios y la atención a los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias. Asimismo, los Estados Miembros de la OMS se han comprometido, en virtud del Plan de Acción sobre Salud Mental de la OMS 2013-2020, a trabajar para alcanzar el objetivo mundial de reducir en una tercera parte la tasa de suicidios de aquí a 2030. En esto, España tampoco va bien.

Por otro lado, la tasa de mortalidad por suicidio es uno de los indicadores de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo propósito es que, de aquí a 2030, se reduzca en un tercio el riesgo de mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, así como promover la salud y el bienestar mentales.

En definitiva, la crueldad de esta sociedad moderna, competitiva en demasía, es un rasgo que debe desaparecer para con las personas que han intentado quitarse la vida alguna vez. El estigma laboral y el rechazo social tienen que dejar paso a la comprensión y a la integración. Ese Tourmalet no será tan empinado si se implantan de una vez áreas específicas de salud mental para pacientes supervivientes en la sanidad pública con sus planes integrados de concienciación para familiares y sus programas de divulgación social para que la gente sepa el infierno por el que pasa una persona que toma esa drástica decisión. No seremos una sociedad civilizada hasta que no reduzcamos a la mínima expresión este gravísimo problema.


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Un comentario

  1. Avatar Ángeles Suárez Pozo

    Me quedo con la primera frase del titular que me ha parecido bastante llamativa: que la sanidad está años luz de abordar estos problemas.

    Yo creo que cuando una persona sufre de una enfermedad mental, aunque sea leve, ordenar de nuevo esa capacidad cognitiva que se ha ido deteriorando por el paso del tiempo, es muy complicado. Una persona que sufre de una depresión, y que tenga un abordamiento psicológico y psiquiátrico, puede llevar mucho tiempo estabilizarse, y aún así será una persona un tanto vulnerable a estas enfermedades.

    Por eso creo que, habría que averiguar principio en qué sociedad vivimos, cuáles son nuestros hábitos, qué tipo de educación nos dan, y cómo podemos desarrollar nuestras capacidades. sí en principio esta sociedad se nos hace imposible y tenemos que tener grandes capacidades para poderla abordar,y todas las mentes no tienen las mismas fuerzas para hacerlo, tendríamos que tener una educación que nos preparada para ella.

    Yo creo que uno de los principales problemas que tenemos es la enseñanza. los niños a partir de los 3 años van al colegio para desarrollar capacidades que le permitan integrarse en el mundo laboral y en la sociedad.

    Pero no sabemos si estás capacidades que se desarrollan en los colegios es suficiente o están bien enfocadas, para su desarrollo psicológico. Muchos expertos opinan que no, uno de los más seguros de valorar los resultados de la enseñanza, es Jesús Maestro, que a través de su canal lo ha dicho mucha veces: que educamos a jóvenes para que fracasen.

    Nuestro modelo educativo ha sido un fracaso.
    Y nuestra sociedad también lo es.

    Y lo malo de todo esto es que no estamos preparados.

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