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Justicia por la Sanidad es la asociación que más ha luchado contra los recortes sanitarios en España.

Opinión, Salud

Los recortes sanitarios provocaron el actual colapso sanitario

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El mundo tras el paso del Covid-19 ha cambiado. Las pandemias que afectaban a toda la humanidad las estudiábamos en los libros de historia. Las fotos y videos en blanco y negro de hospitales de campaña donde se hacinaban enfermos estaban envejecidas en la memoria de la humanidad. Ni siquiera los que sobrevivieron a la gripe de 1918 las recordaban. Hoy empezamos a recordar la memoria de lo que pasa

El mundo no estaba preparado para esta peste moderna. Los estados y los gobiernos se habían dedicado desde la crisis de 2008 a realizar profundos recortes en sus presupuestos.

De recortes en todos los sentidos. Se impusieron los “ultraliberales” tras los graves problemas de la banca y las hipotecas subprime. En España la quiebra de la banca pública resultó un costo de más de 60.000 millones de euros que hubo que pagar a escote entre toda la población. A lo que hay que sumar el costo de la Sareb, el banco malo.

Hace tan solo dos años, en abril de 2018, el gobernador del Banco de España pedía que los recortes y las reformas debían continuar a toda costa para el crecimiento de la economía. Además, indicaba que el impacto del envejecimiento de la población sobre el gasto público «a medio y largo plazo es un reto de primer orden», ya que si se cumplen las actuales estimaciones, el desembolso en pensiones, sanidad y cuidados de larga duración aumentaría entre 1,5 y 2 puntos porcentuales del PIB anuales en las próximas tres décadas, alcanzando un máximo superior al 21 por ciento en torno a 2050. O sea, que ponía ya límite temporal a la sanidad pública.

En España los recortes sanitarios los hacían las comunidades autónomas de todos los pelajes políticos alentadas por el gobierno central. Metían tijera a los presupuestos mientras se disparaban listas de espera y se recortaban camas

En España los recortes sanitarios los hacían las comunidades autónomas de todos los pelajes políticos alentadas por el gobierno central. Metían tijera a los presupuestos mientras se disparaban listas de espera y se recortaban camas. Aumentaba el sufrimiento de la población ante la insensibilidad de los políticos. No hubo piedad. Todos los gobiernos se pusieron de acuerdo en recortar en sanidad, en invertir lo menos posible en la salud de su pueblo. El recorte sanitario en Andalucía entre los años 2011 y 2014 fue nada menos que 1.622 millones de euros, 270.000 millones de las antiguas pesetas. Construyeron una sanidad low cost en Andalucía.

El portal estadístico Eurostat actualizó en octubre de 2019 su base de datos del número de camas por hospital por cada 100.000 habitantes. Los números son los siguientes: Andalucía, 217,13; Aragón, 370,75; Baleares, 308,86; País Vasco, 330,24; Islas Canarias, 310; Cantabria, 328,9; Castilla y León, 342,6; Castilla-La Mancha, 235,31; Cataluña, 384,86; Ceuta, 209,8; Madrid, 277,09; Comunidad Foral de Navarra, 332,6; Extremadura, 326,2; Galicia, 333,13; Melilla, 189,7; Principado de Asturias, 327,96; Región de Murcia, 323,23; La Rioja, 323,62; Comunidad Valenciana, 236. Estos números sitúan a Andalucía a la altura de las regiones con menos camas hospitalarias de toda Europa, caso del Alentejo portugués, regiones de Grecia o incluso del Kurdistán turco.

Una de las causas del caos en la gestión de la sanidad andaluza fue la creación de 1.300 mandos intermedios que gestionan las 1.060 Unidades de Gestión Clínica creadas tras la reordenación del sector público sanitario. Además, a esto se une que el Servicio Andaluz de Salud paga más sueldo a los médicos que más recortan. Lo hace a través del plus variable de productividad que abona a sus profesionales, en función del cumplimiento de objetivos que se marcan a través de las Unidades de Gestión Clínica (UGC). De esto se habla poco en los medios de comunicación.

La vergüenza de la deuda histórica de Andalucía

El 19 de marzo de 2010 en un Consejo de ministros del gobierno de Zapatero celebrado en Sevilla, se llegaba al acuerdo del pago de la Deuda Histórica para garantizar la prestación de un nivel mínimo de servicios transferidos y compensar el atraso económico de la región. Dicho pago, prometieron y perjuraron durante años, antes del pago y del acuerdo final los entonces dirigentes del PSOE de Andalucía, que irían destinados íntegramente a Sanidad y a Educación. Finalmente, la cantidad acordada destinada en concepto de deuda histórica era de 1.204 millones.

Tras algún tira y afloja –el Parlamento andaluz exigía entre 1.148 y 1.742 millones- la cifra, finalmente, fue acordada a la baja. Parte de esa cantidad se abonó mediante transferencia del Estado, aunque la gran mayoría (784 millones) fueron en especie. Se traspasó la propiedad de varios edificios y solares abandonados por el Ministerio de Defensa a la Junta de Andalucía.

Además, más del 90 por ciento de la superficie de estos solares que se entregaron son suelos no urbanizables, por lo que si hay interés en construir tendrían antes que ser recalificados. Y otros simplemente eriales en medio de la nada. Y para más vergüenza de nuestros gestores políticos de la Junta de Andalucía, diez años después de la entrega en especie, nos cuestan dinero en forma de IBI a todos los andaluces. Esto demuestra que nos volvieron a tomar el pelo una vez más nuestros gestores públicos.


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Un comentario

  1. Todos han recortado, sin duda alguna.
    La sanidad ha sido un trozo de pastel muy suculento al que siempre han deseado darle «mordidas», sin saber que con cada una de ellas, nos abocaban cada vez más al abismo en caso de una pandemia como la que acaba de venir. Aquí no valen excusas: todos han contribuido con su granito de arena a esto:
    – Políticos, con sus recortes
    – Sindicatos, con su inacción y connivencia
    – Funcionarios, por escoger (los que tenían la opción) sanidad privada en lugar de pública
    – Ciudadanos, entrando en el juego del «y tú más» sin molestarse un poquito en ver lo que realmente estaba pasando, que nos esquilmaban todos.
    – Y podríamos seguir…

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