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Dos operarios desinfectan un ataúd.

Salud

El estudio de los profesionales funerarios demuestra que el Gobierno miente acerca del número de fallecidos

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Aesprof y cinco organizaciones más han elaborado un informe que registra 43.985 muertes por coronavirus entre el 14 de marzo y el 25 de mayo, cerca de 16.000 más que las cifras oficiales del Gobierno central

La Asociación Española de Profesionales y Servicios Funerarios (Aesprof), la Asociación de Servicios Funerarios de Albacete (ASFA), la Asociación de Profesionales de los Servicios Funerarios de Murcia (Aproserfu), la Asociación Nacional de Profesionales Tanatopractores, la Asociación Nacional de Tanatopraxia y la Unión Funeral han publicado recientemente el Estudio de Mortalidad Real en España por la Pandemia de Coronavirus, en el que precisan que un total de 43.985 ciudadanos (a fecha de 25 de mayo) perdieron la vida a causa del virus, 15.876 decesos más por Covid-19 que la cifra oficial del Gobierno (28.109). En el estudio participaron otras organizaciones y más de 250 especialistas.

En España realmente, las cifras oficiales siguen sin arrojar luz sobre este tema desde el inicio de la pandemia hasta hoy debido a la disparidad de criterios estadísticos de contabilización de los fallecidos sin seguir una trazabilidad concreta. «Cada vez que se cuenta a los fallecidos como meros números, nosotros, como profesionales, nos vemos en la obligación de corregir, para que así nadie se quede fuera, ya no solo del número o estadística, sino del reconocimiento de las autoridades y de la sociedad«, expresan los profesionales de Aesprof en el documento.

«Inviolabilidad de todo ser humano ante la muerte»

El código deontológico de los técnicos funerarios pone de relieve: “Sin perder nunca de vista la inviolabilidad de todo ser humano ante la muerte, los cuerpos serán tratados siempre con el máximo respeto y dignidad”. Palabras que para esta asociación no son ni huecas ni vacías. «Por ello, no podemos pasar impasibles por lo que creemos que se está realizando en la trazabilidad de los datos, ya que esos mismos no son meros números, como hemos señalado en el párrafo anterior, son familias, proyectos y amistades rotos y destruidos por esta terrible situación», sentencian desde Aesprof.

Este es un trabajo realizado con datos reales del personal funerario, incluyendo, por supuesto, los fallecidos sospechosos de Covid-19, “ya que, en las primeras semanas, no se realizaban test de detección y también se incluyen los fallecidos en residencias de ancianos, domicilios y centros hospitalarios, desde el 23 de marzo hasta la fecha del 25 de mayo de 2020″.

«Las concentraciones permitidas por el Gobierno a sabiendas y siendo conocedor de la situación que se avecinaba, como se especifica en el documento que la OMS realizó y España firmó en noviembre de 2019, nos hacer ver que los datos manejados de manera oficial no son los correctos, ya que en gran medida y sobre todo en el inicio de la pandemia ya en febrero y pese a la alerta de la UE, incubaron el virus durante cinco días (según el periodo medio detectado por los expertos), de forma que experimentaron síntomas evidentes muy tarde, el viernes 13 de marzo«, dice el documento.

Un entierro de un paciente con coronavirus.

El Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCII) publicó un estudio cuyos resultados preliminares señalan que el coronavirus entró en España a “mediados de febrero”. El análisis del instituto español descartó la existencia de un paciente cero, de acuerdo a las primeras conclusiones de la investigación. Pues bien, el informe de Aesprof afirma que «el coronavirus habría entrado al país por hasta 15 vías diferentes y ya circulaba en todo su esplendor precisamente el 14 de febrero».

El Ministerio de Sanidad ha subido a la página web del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) un registro de datos de contagios «agregados notificados» por las comunidades autónomas. Así, el Ministerio de Sanidad ha revelado que el número de casos confirmados por las regiones, ascendió el pasado 8-M, día de centenares de manifestaciones, políticas, deportivas, comerciales y de otra índole en toda España.

Pero, ¿qué consecuencias tuvo aquella jornada? El mismo registro que Sanidad ha hecho ahora público que el 23 de marzo los contagios en Madrid se dispararon a 21.531, un aumento del 2.064% con respecto al 8 de marzo.

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Uno de los detonantes de la expansión del coronavirus habría sido, como ya se había mencionado, el partido de fútbol de Champions League entre Atalanta y Valencia. Los tres primeros pacientes identificados en España se detectaron con muestras tomadas los días 26 y 27 de febrero en Valencia, ciudad a la que regresaron de Milán multitud de aficionados valencianistas tras asistir a dicho encuentro disputado el 19 de febrero.

El encuentro, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue una rápida propagación del virus. De hecho, infectó a un 35 por ciento de la plantilla del Valencia. En Valencia fue también donde se registró el primer fallecido con coronavirus de España, un hombre al que le realizaron la prueba después de haber muerto el 13 de febrero y que no tenía ningún vínculo con China.

Ministros del actual Gobierno, en la manifestación del 8-M.

Las concentraciones permitidas por el Gobierno se hicieron a sabiendas y siendo conocedor de la situación que se avecinaba, como se especifica en el documento que la OMS realizó y España firmó en noviembre de 2019 (Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias). Hubo otro informe técnico fechado el 10 de febrero de 2020 y dos más el 3 y el 6 de marzo de 2020 realizado por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), «que nos hacen ver que los datos manejados de manera oficial no son los correctos«.

Las administraciones permitieron el pasado 8 de marzo la celebración de 480 manifestaciones en toda España (sin contar Cataluña) que reunieron a más de 600.000 personas. Y ello, pese a que para entonces el coronavirus ya se encontraba propagado por el país y especialmente desbocado en la Comunidad de Madrid, donde hubo 41 manifestaciones que reunieron a 136.430 personas, de las cuales 120.000 estaban en la convocatoria principal, además de los asistentes reunidos en el acto de VOX llegados de toda España.

Miles de millones de patógenos zoonóticos

Si examinamos la lista de enfermedades amenazantes, vemos la trascendencia de la carga zoonótica. Se estima que cada año la población de los países en desarrollo sufre la asombrosa cifra de 2.300 millones de infecciones por patógenos zoonóticos. Algunos patógenos se vuelven capaces de propagarse fácilmente de persona a persona, como el SIDA, la gripe o el síndrome respiratorio agudo grave (SARS).

Los patógenos respiratorios de gran impacto, como una cepa especialmente letal de la gripe, plantean riesgos mundiales específicos en la era moderna. Los patógenos se propagan a través de gotículas procedentes de la respiración; pueden infectar a un gran número de personas en poco tiempo y, gracias a la actual infraestructura de transporte, desplazarse con rapidez entre distintas zonas geográficas.

Además de haber mayor riesgo de que surjan pandemias causadas por patógenos naturales, los avances científicos permiten crear o recrear en laboratorio microorganismos capaces de causar enfermedades. En el caso de que un país, un grupo terrorista o una persona con conocimientos científicos avanzados, creara o desarrollara y posteriormente utilizara un arma biológica con las características de un patógeno respiratorio nuevo y de gran impacto, las consecuencias podrían ser tan graves como en el caso de una epidemia natural, o incluso peores, igual que sucedería si se produjera una liberación accidental de microorganismos epidemiológicos.

La OMS elaboró el Plan de Investigación y Desarrollo (I+D) para ayudar a las organizaciones a detectar las necesidades existentes en materia de investigación y colaborar con sus asociados en los países para planificar y llevar a cabo estudios durante las epidemias.

Así, los Estados Miembros de la OMS adoptaron el Marco de reparación para una Gripe Pandémica (PIP) con el fin de mejorar la preparación frente a la pandemia de gripe a nivel mundial y apoyar una respuesta más equitativa.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom.

A través del Marco de PIP, la OMS ha prestado asistencia financiera y técnica a los países para que pudieran mejorar determinadas capacidades esenciales de salud pública y estableció una reserva virtual de vacunas contra la gripe pandémica (actualmente estimada en más de 400 millones de dosis).

La capacidad de producción mundial de vacunas de la gripe ha aumentado hasta 6.400 millones de dosis, de acuerdo con las estimaciones. En el marco del fortalecimiento de la preparación ante la gripe pandémica, el Sistema Mundial de Vigilancia y Respuesta a la Gripe ha crecido hasta agrupar a 151 laboratorios en 115 países y ha recibido elogios en numerosas ocasiones por su contribución a la detección oportuna, evaluación y vigilancia de la gripe y otros patógenos respiratorios, como el MERS y el SARS.

Sin embargo, los expertos consultados por los profesionales de servicios funerarios para elaborar este estudio dictaminan que «los sistemas y capacidades existentes en materia de preparación y respuesta ante brotes epidemiológicos son insuficientes para hacer frente a la enorme repercusión y rápida propagación de una pandemia altamente mortífera, ya fuera de origen natural o liberada accidental o intencionadamente, así como a la conmoción que supondría para los sistemas sanitarios, sociales y económicos».

Los especialistas concluyen que los países, los donantes y las instituciones multilaterales deben prepararse para lo peor: «La propagación rápida de una pandemia debida a un patógeno respiratorio letal (de origen natural o liberado accidental o intencionadamente) conlleva requisitos adicionales de preparación. Los donantes y las instituciones multilaterales deben garantizar inversiones suficientes para el desarrollo de vacunas y tratamientos innovadores, la capacidad de fabricación en caso de aumento de la demanda, los antivíricos de amplio espectro e intervenciones no farmacéuticas adecuadas«.

Todos los países deben poner en marcha un sistema para compartir «de inmediato» las secuencias genómicas de todo patógeno nuevo «con fines de salud pública», junto con los medios para compartir contramedidas médicas limitadas entre países.



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