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Felipe González, Pedro Sánchez, José Luis Rodríguez Zapatero y Joaquín Almunia recuerdan a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Opinión, Política

El congreso de la falsedad y del engaño sanchista

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El 40º Congreso del PSOE pasará a la historia como el de la «falsedad» y el «engaño» del sanchismo

Todo fue falso en ese cónclave, desde la pregonada adhesión al sanchismo de Felipe González, que ha sido sutil pero claramente crítico, hasta la pretendida socialdemocracia vigente, que no existe, sin olvidar lacras y dramas que han sido ocultados y oscurecidos, como la actual ruina de España, el desempleo, la fuga de empresas, el saqueo de los españoles a través de impuestos innecesarios y abusivos, el desprestigio internacional de la nación, la crisis de las relaciones de Sánchez con los políticos más influyentes del planeta, que le desprecian claramente, la grave ruptura de la igualdad y la Constitución que representan los privilegios y concesiones a los socios de gobierno, en detrimento del resto de los españoles, y la pretendida fortaleza de un partido que, en realidad, avanza hacia su suicidio.

No está claro contra quién va dirigido el duro mensaje de repulsa a los «tiranos» lanzado en el congreso por Felipe González, si contra Maduro o contra el propio Sánchez, cuyo poder, dentro del socialismo español actual, es férreo y sin precedentes.

El congreso ha pretendido dar una imagen que no tiene, de fortaleza, de unidad y de falso servicio a una España a la que en realidad está arruinando, desprestigiando, debilitando, dividiendo, enfrentando y desuniendo.

Silencio sobre los grandes dramas del sanchismo

El silencio sobre los grandes dramas del sanchismo ha sido clamoroso. Nada se dice del abrazo con el comunismo, rechazado por la mayoría de los españoles, entre ellos muchos socialistas, y por los países pertenecientes al mundo democrático y libre. Nada se ha dicho de la sucia sumisión del partido ante los nacionalismos más extremos y depredadores, que no para de exigir privilegios y ventajas, que el PSOE concede vergonzosamente para mantenerse en el poder. Nada se ha dicho de la convivencia y colaboración con Bildu, heredera de ETA, lo que constituye una traición al más noble sentimiento de los millones de españoles que desprecian y condenan aquella lluvia de asesinatos vascos de ETA. Nada se ha dicho en el congreso del vergonzoso uso del dinero público que el sanchismo hace, utilizándolo para comprar voluntades y medios de comunicación ni de la manipulación constante de la realidad ni de las mentiras del poder, convertidas en política de Estado, ni de las pérdidas significativas de Andalucía y Madrid, que ya no votan socialista ni del despilfarro ni del endeudamiento ni de los sucios y suculentos privilegios de los políticos españoles ni del odio creciente que la clase política genera en la ciudadanía española ni del avance de la corrupción, de la mala gestión de la pandemia y de otras muchas carencias, fracasos y lacras que han sido y son obra del socialismo español, degradado hasta convertirse en sanchismo.

Ni siquiera se ha tomado nota de que en la primera fila había un millonario socialista llamado José Luis Rodríguez Zapatero, al que se le acusa con solvencia de ser propietario de una mina de oro en Venezuela

Ni siquiera se ha tomado nota de que en la primera fila había un millonario socialista llamado José Luis Rodríguez Zapatero, al que se le acusa con solvencia de ser propietario de una mina de oro en Venezuela, recibida como pago por sus oscuros servicios al tiránico y despreciable régimen de Nicolás Maduro.

La realidad del socialismo español actual nada tiene que ver con lo que el 40º Congreso del PSOE quiere vender. El sanchismo es un gigantesco trampantojo que pretende engañar a todo el mundo. Sus obsesiones se ocultan, al igual que sus pecados, carencias y fracasos, mientras se exhibe una realidad inventada, que no existe, donde destacan la unidad del partido, la fortaleza del socialismo y la existencia de una ideología. Nada se dice del intervencionismo, del odio que ahora despierta el socialismo en la mitad de España que en el pasado por lo menos lo respetaba ni de la gigantesca manipulación de la verdad y el uso de la mentira para construir una sociedad sometida de bobos, poco críticos, sensacionalistas, amarillistas, capaz de ser pastoreada por los mentirosos profesionales y de tragar cualquier cosa que el poder quiera que traguemos.

Nada dice el Congreso de que la España que ellos construyen desde el poder está llena de energúmenos sin inteligencia para gobernar, sin capacidad para el análisis racional, sin liderazgo, sólo preparada para repartirse con euforia el botín del poder: dinero, trabajo seguro y un océano de privilegios donde figuran influencias, subvenciones, contratos, encargos y un largo etcétera corrupto y degradado.

El socialismo español ni siquiera reconoce que apuesta desde las escuelas por un país lleno de imbéciles que sacan conclusiones precipitadas y erróneas porque sólo se informa por lo que recibe de medios masivos corrompidos y sometidos al poder.

El socialismo es una transición a una sociedad cada vez más individualista, inmoral y salvaje. La gente con alma socialista o influida por su ideología toma decisiones en función de intereses personales particulares, entre los que figuran, por desgracia, la corrupción y el deseo de parasitar.

El socialismo real, situado a años luz de distancia del falso que se vende en el Congreso, es un eficiente tapón que impide que las ideas liberales y democráticas se expandan, lo que equivale a taponar la libertad individual, la democracia, los derechos ciudadanos y la prosperidad, que son territorios genuinamente de la libertad y la creatividad.

Por fortuna, el 40º congreso, el de la falsedad y el engaño, se clausuró ya, lo que significa que al fin dejó de derramar su ponzoña irreal a lo largo y ancho de España.


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