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Abstención

Votar en esta partidocracia es inmoral y estéril

Corrupción, Cultura, Opinión, Política, Sociedad

“Dejé de votar en España porque es inmoral y estéril”

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Tras un análisis comparado de votaciones en España, se deduce que la posibilidad que tienen los partidos para abusar del poder o corromperse es uno de los factores que más influye en la cifra de participación de votantes, junto a la ignorancia generalizada sobre política.

Los españoles que defienden la partidocracia y su perpetuidad con los votos quedan invitados a expresar sus argumentadas opiniones al final de este artículo, rebatiendo los argumentos de su autor, sin necesidad de ocultarse tras el anonimato o acudiendo al insulto (suelen hacerlo en las redes sociales).

El pasado domingo estuve observando y analizando lo que decían los partidos y diferentes medios de comunicación en España sobre los resultados de las votaciones al Parlamento Europeo, y ninguno mencionó o analizó la cifra más llamativa de todas: más de 18 millones de españoles se han abstenido.

Al día siguiente, tampoco encontré que los medios analizasen tan elevada cifra de abstención, sino que se dedicaron a tratar los resultados obtenidos por los partidos políticos. Este hecho me hace plantear si ese silencio sobre la abstención se debe a favores que los medios deben al Estado de partidos o partidocracia por las ayudas que reciben o que puedan percibir en un futuro, dado que los partidos en España demonizan la abstención hasta el punto de hacerles creer a los españoles que votar es un deber cívico, cuando es un derecho político. Un derecho nunca puede ser un deber, porque ejercerlo o no depende de la libertad de decisión del que lo posee.

Como nos dijo un conocido periodista español a un grupo de personas, él siempre defenderá la partidocracia, porque conseguir prebendas negociando con un partido es fácil, pero intentarlo y conseguirlo en una democracia es casi imposible, pues los diputados no siguen las directrices del partido (si es que pertenecen a alguno), al ser elegido cada diputado directamente en distritos electorales uninominales con mandato imperativo y poder revocatorio de sus electores, y el gobierno está muy controlado por el Congreso de diputados. A partir de esta manifestación, caben muchas reflexiones, y todas son negativas con relación a la partidocracia.

Estas son las cifras de los resultados de las votaciones en España al Parlamento Europeo, que dan pie a investigar y reflexionar sobre los motivos de tan elevada abstención en comparación con los resultados de las votaciones generales y autonómicas: 

La abstención también fue mayoritaria en las votaciones europeas de 2004, 2009 y 2014, con un 54’83%, 55’13% y 56’19%, respectivamente.

Siendo consciente de que los resultados de las votaciones a la UE no son extrapolables al resto de votaciones (generales y autonómicas), ni la abstención produce los mismos efectos políticos que en las generales, sí considero muy necesario resaltar que más de la mitad del censo electoral español se ha abstenido y y que es necesario reflexionar sobre sus motivos. Aclaro una cuestión: digo votaciones y no elecciones, porque los votantes no eligen a nadie, sino que sólo ratifican listas de candidatos elegidos por unos pocos desconocidos. Hay que pecar de cierta ingenuidad para otorgar la confianza en personas no elegidas directamente para representar a uno, sino elegidas por otros. Después se sorprenden cuando se sienten engañados.

Lo primero a resaltar es que, sea por el motivo que sea, una mayoría de españoles no tiene miedo a abstenerse. Por tanto, la pregunta a realizar es: ¿por qué ha participado siempre una mayoría de españoles en las votaciones generales o autonómicas y no en algunas como las europeas? Mi experiencia y conocimientos me llevan a deducir dos motivos primarios, que integran otros motivos derivados:

1º) las redes clientelares de los partidos y las posibilidades de estos para abusar del poder en España son enormes, mientras que en la UE son muy escasas.

2º) la enorme ignorancia de los votantes sobre conceptos básicos de la política (libertad política colectiva, representación, legitimidad, separación de poderes, democracia, forma de gobierno, forma de estado, libertad constituyente, etcétera).

Debe tenerse en cuenta que, en la UE, los partidos españoles no gobiernan y, por tanto, no pueden nombrar a miles de cargos en las instituciones públicas como hacen en España, ni pueden aprobar ni conseguir al votante o afiliado una ayuda o prebenda como hacen en España, ni pueden favorecer a sus allegados con contratos millonarios, etcétera. Las posibilidades de un español de obtener prebendas particulares de los partidos en las instituciones de la UE son muy escasas, y pierde interés en votarlos.

“La corrupción parece ser uno de los factores que más influye en la cifra de participación de los votantes en España”

Por tanto, parece ser que la corrupción es un factor determinante en la cifra de participación de los votantes en España. Este hecho revela que una parte importante de la sociedad española está sumida en la podredumbre, en la falta de ética o valores, sin darse cuenta que perseguir sólo el beneficio particular y no simultáneamente el de la sociedad a la que pertenece es propio de estúpidos y, en su caso, de corruptos: dañar al pueblo o nación a la que uno pertenece acaba dañando a uno mismo.

No obstante, otro importante factor con enorme influencia en la participación de los votantes es la ignorancia sobre política, dado que afecta a una inmensa parte del pueblo español. Y, de este hecho, obviamente, se aprovechan los partidos y grupos simbióticos que obtienen grandes beneficios de la partidocracia (medios de comunicación, organizaciones empresariales y sindicales, empresas, entidades bancarias, etc.). Todos saben que, en democracia, la legislación estaría en manos de la nación o pueblo a través de los diputados de distritos electorales uninominales, que tendrían mandato imperativo de los electores, y estos podrían revocar su elección sin esperar a las siguientes elecciones si se corrompen o no cumplen con el mandato. ¿Se imaginan que las leyes no pudieran aprobarlas los partidos a su antojo y para beneficio de unos cuantos corruptos? No es tan difícil.

Yo soy uno de los españoles que no vota desde hace muchos años, ni votará mientras se mantenga en España la partidocracia como forma de gobierno, un sistema que impide que pueda elegir directamente a mi representante en el poder Legislativo y que evita la separación de los poderes Legislativo y Ejecutivo, entre otros grandes vicios.

Con relación a la UE, en su día voté en contra del Tratado de la Unión por muy diversos motivos: trampantojo de una falsa federación de estados; cesión de competencias a un entidad supranacional incontrolable, dada la pérdida de control de los españoles sobre los gobernantes europeos junto a un sistema partidocrático en España (un cóctel explosivo incontrolado); ausencia de representación de la nación o pueblo español en el Parlamento Europeo y, por tanto, ausencia de control de los gobernantes de la UE por los gobernados; etcétera.

Ha sido publicar en X (Twitter) que la abstención es la gran ganadora de las votaciones al Parlamento Europeo, y una legión de defensores de la partidocracia, en su mayoría con cuentas anónimas, ha salido a criticar mi publicación, hablando de la inutilidad de la abstención y de la necesidad de votar a algún partido, o simplemente llamándome ingenuo. Es decir, se han limitado a realizar afirmaciones sin argumentar nada. Incluso emplean como término de referencia el franquismo para concluir que la partidocracia es muy positiva con relación al régimen anterior, en vez de compararlo con una democracia, cuya conclusión es que la partidocracia es muy nociva para la nación española. Esto me recuerda a las manifestaciones de la protagonista de la obra «La historia de Mary Prince, una esclava de las Indias Occidentales: relatada por ella misma«.

Cuando les contesto y les pido que rebatan mis argumentos, no responden o simplemente salen por la tangente o insultando y sin rebatir uno solo de mis argumentos. Observo que la mayoría desconoce conceptos políticos tan elementales como los mencionados anteriormente, incluso desconocen los elementos esenciales de una democracia como forma de gobierno, dado que sólo se nutren de las ideas o soflamas reiteradas por los partidos o medios de comunicación, que replican o divulgan sin conocer los fundamentos de un sistema político, por no hablar del desconocimiento absoluto que tienen del sistema administrativo o judicial.

Y mira que se lo pongo fácil a quienes realizan afirmaciones sin argumentarlas, pidiéndoles que respondan a esta elemental pregunta: si la democracia exige la separación de los poderes Legislativo y Ejecutivo, como forma de prevenir los abusos de poder de los gobernantes, ¿qué hacen miembros del gobierno estatal y de los gobiernos autonómicos sentados como diputados en el Congreso y Parlamentos autonómicos? ¿Se controlan a sí mismos? Nadie responde, y es que la ignorancia es muy atrevida.

“Dejé de votar en esta partidocracia porque es inmoral y estéril”

Cuando les manifiesto a esos osados ignorantes que mis planteamientos y argumentos son fruto de casi 30 años de investigación y denuncia de la corrupción política, así como de haber adquirido conocimientos sobre política que desconocía y confirmaban lo descubierto con mis denuncias, y les pido que me relaten su experiencia denunciando la corrupción política, el silencio es la respuesta. No saben cómo funciona el sistema, pero se dedican a opinar de todo.

Sí, yo era uno de esos ingenuos españoles que votaba hace muchos años, cada vez a un partido, creyendo (y nunca mejor dicho lo de creencia) que así se podían solucionar los problemas que padecemos los españoles, empezando por la corrupción política. Pero, tras la experiencia y conocimientos adquiridos, dejé de votar en esta partidocracia porque es inmoral y estéril.

Digo inmoral porque votar en España es apoyar la corrupción inherente al sistema partidocrático instituido en 1978; es legitimar gobiernos para que abusen del poder impunemente, sean del partido que sean o no pertenezcan a ninguno, conociendo que dicho sistema carece de mecanismos para prevenir los citados abusos; y es dañar a la nación o pueblo español. Y, digo estéril, porque ningún partido va a perjudicarse quitándose poder o acabando con la corrupción sistémica cuando adquieren alguna cuota de poder. Ninguno, ni antiguo ni nuevo, lo ha hecho ni lo hará. Al contrario, los partidos siempre mantienen el sistema que les facilita nutrirse de un pueblo mayoritariamente ignorante, aletargado o corrupto.

La pelota está en el tejado de la nación o pueblo español, no en el de los partidos como algunos creen. Cambiar un sistema político que sólo beneficia a los gobernantes es un deber y una responsabilidad de los gobernados, que tienen a su mano los instrumentos adecuados para conseguirlo.

El primero, es conseguir la suficiente hegemonía cultural, es decir, que una cantidad suficiente de miembros de la nación o pueblo conozca la causa del problema y su solución. Una revolución de “pollos sin cabeza” o de “indignados que desconocen la causa del problema y su solución” (ejemplo, movimiento 15-M) sólo nos puede llevar al desastre, como tantas veces se ha repetido en la Historia. El objetivo que hay que tener claro es la institución de una democracia previa conquista de la libertad política colectiva y la apertura de un periodo de libertad constituyente, dejando a un lado las ideologías, porque estas no pintan nada cuando se trata de definir constitucionalmente las reglas políticas fundamentales del juego. Las ideologías (que algunos etiquetan de forma absurda con izquierda, derecha, sus extremos, centro, etcétera) entrarán a jugar una vez aprobadas dichas reglas fundamentales, nunca antes. Por ello, es muy importante informarse adecuadamente, adquirir los conocimientos básicos y tener la cabeza bien amueblada.

El segundo, deslegitimar el sistema partidocrático mediante la abstención, es decir, no otorgando con el voto nuestro consentimiento a ningún gobernante ni a dicho sistema político. Cada vez que un español introduce en la urna un voto en nuestra partidocracia (sea a un partido, en blanco o nulo) acepta jugar con reglas políticas de juego amañadas (“constitución”) y con cartas marcadas; y, lo más incomprensible para quien ama la libertad, el votante acepta padecer los abusos de poder de los gobernantes sabiendo que no podrá impedirlo, dado que los gobernados carecemos de mecanismos efectivos de control sobre los gobernantes en nuestra partidocracia.

El tercero, que debe acompañar al anterior, son las movilizaciones en las calles cuando los gobernantes deslegitimados quisieran seguir imponiendo su voluntad sin contar con la mayoría de la nación o pueblo español, acompañado de una huelga general, insumisión fiscal, desobediencia civil y toda aquella medida que nos lleve a la conquista de la libertad política colectiva y a la apertura de un periodo de libertad constituyente para que la nación se otorgue las reglas políticas de juego que más le beneficie, es decir, para instituir una democracia, única forma de gobierno que previene los abusos de poder de cualquier gobernante o de cualquier mayoría o minoría sobre el resto de la nación, y castiga de forma efectiva los posibles abusos episódicos o individuales que ningún sistema político puede prevenir (es imposible el control de cada persona). Temer a un periodo de libertad constituyente es lo mismo que temer a un gobierno en funciones; en este periodo, las Administraciones siguen haciendo su trabajo, como ocurrió en España desde el mes diciembre de 2015 hasta el mes de octubre de 2016 (316 días), periodo en el que nuestro país mejoró económicamente a pesar de los efectos de la gran crisis de 2012, o como también ocurrió en el periodo de abril de 2019 hasta enero de 2020 (254 días).

Cada vez hay más españoles que van descubriendo la estafa del sistema partidocrático del 78, y se organizan para explicar el problema y su solución, y para difundirlo. Otros publican artículos, libros o vídeos para abrir los ojos a los españoles. Mi gran recomendación a los ciudadanos es que lean, se instruyan sobre la materia y adquieran experiencia sobre el funcionamiento del sistema denunciando la corrupción política en vía administrativa y judicial. Sólo así comprenderán todo lo que he escrito en este artículo.

Para finalizar, les dejo con algunas muestras de obras contemporáneas para leer y reflexionar:

  • “El Estado de Partidos”, de Marcos Peña Molina.
  • “Libertad Constituyente”, de Antonio García-Trevijano Forte.
  • “España o el 78”, de varios autores (Dalmacio Negro, Irene González, Javier Torrox, Juan Manuel Blanco, Jorge Sánchez de Castro, Luis Riestra, Ignacio Ruiz, Javier Esteban y Cristóbal Cobo).
  • “La ley de hierro de la oligarquía”, de Dalmacio Negro Pavón.
España o el impune 78

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5 comentarios

  1. Francisco J. Castillo

    +1

  2. Lamentablemente, la ciudadanía ignora los programas políticos de quien se presenta.No se informa.. Existe la certeza de que se vota por simpatía , algunas veces por interés particular. El interés general, ni se contempla.

  3. Rafael Pérez

    Excelente artículo, como todos los publicados por usted.
    Por desgracia hasta que no haya una crisis muy profunda la mayor parte de la población no se dará por aludida.
    Ahora tenemos Eurocopa, olimpiadas y demás. Pan y circo, regado con miles de millones de Europa para comprar a organizaciones e instituciones.
    De todos modos se agradece que haya personas que luchen contra este sistema podrido. Muchas gracias por su información y sus artículos.

  4. María Reyes Fernández Loaysa

    Cómo siempre, gracias.
    También por la bibliografía, que me ha recordado que tengo que adquirir el de Varios autores, España o el 78.

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