la pareja del ano
El consejero de Sanidad, Antonio Sanz, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en el Parlamento andaluz. / P. N.

La perversidad de polarizar un servicio básico para la vida de los ciudadanos

Actualizado 24/04/2026 23:10

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En estos últimos seis años he aprendido que la sanidad pública es un tesoro que, de tanto ser manoseado por canallas de diverso pelaje, está perdiendo todo su fulgor en Andalucía

Tras entrevistar a muchos médicos, enfermeros, auxiliares administrativos y TCAE del SAS, nadie me baja del burro de que un servicio básico como la sanidad no puede tener color político. No debe tenerlo.

He tenido que consolar a cientos de pacientes que, algunos con lágrimas en los ojos, me han contado sus desdichas, sus desventuras en hospitales y centros de salud. La conclusión es clara: el PSOE de Susana Díaz comenzó a recortar en sanidad y empezó a utilizar más de lo normal los conciertos sanitarios. Incluso intentaron fusionar dos hospitales en Granada y ése fue su mayor error, porque surgió la figura inabarcable y carismática de Jesús Candel Fábregas que, de la mano de los activistas sociales Luis Escribano y Antonio Barreda, le echaron un pulso emocionante a todo un Gobierno andaluz. Lograron salvar muchas vidas, porque Díaz reculó y dejó intactos los dos centros hospitalarios.

Pero ahí no terminó la reivindicación. Sólo fue el principio del fin.

Cientos de miles de personas taparon las calles de Andalucía porque, al tirar de la cuerda, se dieron cuenta de que los problemas eran multifactoriales y la corrupción política minaba lo más sagrado: la atención a los enfermos en tu centro de salud más cercano; el colapso de las Urgencias; la falta de personal sanitario; la mafia de la productividad

Así, como el que no quiere la cosa, el PSOE fracasó y salió derrotado de las elecciones regionales de 2018 y llegó Juanma, el moderado, el equidistante, el conciliador, el yerno que toda suegra quiere en su cena de Nochebuena. Tuvo que tirar del chaquetero Juan Marín para gobernar.

Juanma anunció que tiraría de la manta y levantaría las alfombras, pero nada de eso sucedió. Los conciertos con la sanidad privada se acrecentaron y se abusó del troceo ilegal de contratos. Salieron a la palestra personajes de dudosa ética como Miguel Ángel Guzmán, Diego Vargas, Valle García, Rocío Hernández, Catalina García… y el sempiterno Antonio Sanz, el gran vividor de la política.

Cuando el cercano Juanma logró mayoría absoluta, nadie podía imaginar que su mano derecha, el consigliere Antonio Sanz, llegaría a tomar las riendas de la sanidad pública. Pero, claro, había que apagar el fuego de los cribados del cáncer de mama.

Al mismo tiempo, Sanz regó de millones a Carat España (Grupo Dentsu) para meter un buen fajo de billetes en la boca de todos los directores de periódicos, radios y televisiones andaluces con el fin de acallar el runrún de la calle. Al fin el ciudadano veía a Juanma sin el velo pintado, encallado en una contradicción de libro, un manual de convivencia que esconde capítulos negros que nunca se escribieron, los del caso Mascarillas de Almería, pendiente de juicio.

Con la mayoría absoluta ha habido despilfarro de dinero público en tonterías y en alimentos económicos para sus amiguetes de las hermandades, del toreo y de las bandas de Semana Santa. Arquetípico.

Mientras tanto, un centro de salud de Huelva se caía a pedazos, un hospital de Sevilla implosionaba por una gestión demoníaca y la nada se apoderaba del No-Hospital de la Alpujarra. Aún así, Juanma, el moderado que de vez en cuando muestra su rostro de Keyser Söze, ha puesto muchas primeras piedras últimamente para aplastar las innumerables críticas a su gestión sanitaria (tres consejeros de Salud en cuatro años). Pero no lo ha conseguido, porque los enfermos siguen esperando junto al teléfono la llamada para el especialista o para el quirófano.

¿Y qué pasa con las pruebas diagnósticas? Mucha gente no sabe que es ilegal que el Gobierno andaluz no publique esa lista de espera desde hace ya siete años. Ilegalidad, irregularidad… Los fanáticos y los estómagos agradecidos tratan de taparlo todo con insultos y con la posverdad (eso que dice EL LIBRE no es cierto, se lo han inventado, pese a que siempre mostramos el documento oficial o el testimonio directo de la persona afectada).

Ahora el CIS le da la mayoría absoluta a Juanma en su última encuesta de intención de voto. Y no lo puedo entender. ¿En serio? ¡Después de todo lo que ha ocurrido en los últimos ocho años, especialmente en los últimos seis meses! Las redes sociales han dibujado este panorama que favorece al que ha gestionado mal el servicio más importante que tenemos los seres humanos: el de ir al médico a curarnos de una enfermedad. Es como si no tuviéramos acceso a la comida o a dormir nuestras ocho horas. Es algo BÁSICO, crucial para los ciudadanos. Y nos lo están quitando poco a poco.

A la derecha está Vox con sus postulados de lunático, con pestilencia a racismo, xenofobia y a la no creencia en una sanidad pública universal. A la izquierda espera la Montero, la peor candidata posible porque ya está amortizada tras verse inmiscuida en múltiples casos de ilegalidades cuando fue consejera de Salud en la Junta de Andalucía (a esto hay que sumarle que puso la mano en el fuego por Ábalos y Cerdán). ¿Tan difícil era presentar un canditato nuevo, aire fresco para una candidatura de progreso? Y, por supuesto, Antonio Maíllo y José Ignacio García no tienen munición ni seguidores suficientes como para despeinar a Antonio Sanz y al marido de Manuela Villena. ¿Qué hacemos?

Si toda Andalucía se abstuviera sería el mayor guantazo al sistema de partidos, pero, al no ser elecciones generales, no se podría deslegitimar la democracia actual que pende de un hilo en España. No lo olviden, esa inestabilidad la han provocado todos esos corruptos, auténticos orcos de la política, que llevan casi 50 años metiendo la mano en la caja. Los colores políticos se desdibujan cuando se trata del poder.

Somos peones en un sistema absolutamente podrido. Acuérdense de eso el 17 de mayo. Piensen en las mujeres que han perdido sus pechos por el mal funcionamiento de un programa de cribado ilegal. O en las que han muerto. O en los usuarios del SAS que han tenido que entramparse para pasar por el aro de un seguro privado. O en los médicos saturados que son pasto de agresiones. O en las enfermeras que hablan con un servidor porque están hasta el coño de su trabajo (ya hay alguna que ha cambiado de sector porque su salud mental estaba en juego). Esas muertes y esas renuncias son el mayor delito de un gobierno. Ahí no hay lados ni escaños ni partidarios. Señoras y señores, entérense ya: nos jugamos la vida. Y estamos en manos de primates, en el planeta sanitario de los simios.

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Un comentario

  1. Buenos días,
    Hay pacientes que siguen esperando citas médicas y atención sanitaria que llega muy tarde mientras el cáncer sigue haciendo su trabajo.
    Moreno Bonilla podrá tapar bocas a base de billetes invertidos en medios de comunicación pero lo que jamás podrá tapar son las bocas de los pacientes, lo que comentamos en las salas de espera interminable de los hospitales.
    Pacientes diagnosticados con cáncer que muertos de miedo y con el rostro desencajado llegan a una sala de espera tras 4 meses esperando para una cirugía. «Me dijeron que me llamarían para operarme pero nadie lo hizo, tuve que venir yo e insistir»
    Jamás perdonaré a Juanma Moreno tener que haber escuchado estos comentarios y haber percibido miradas cargadas de sufrimiento de tanto esperar una atención sanitaria que no llega.
    Se habla mucho de la violencia de género….¿Por qué no hablamos de la violencia institucional?

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