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Niños en un aula.

Educación, Opinión

Sobre la Ley Celaá: no hace falta no estar a favor para estar en contra

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Nos falta creatividad y crítica en la vida. La interpretación de la realidad es una constante en cada cosa que vivimos, pero para ello nos falta creatividad y mirada crítica para hacer esa redefinición de una manera coherente y lo más veraz posible

Esto lo hacemos según un filtro inconsciente que confunde la realidad obvia o absoluta (tal cual es) con la realidad sesgada por las diferentes interpretaciones a la que dan pie la diversidad educacional, cultural, generacional, etc. Sólo hay que ver las diferentes interpretaciones de diferentes culturas ante los mismos hechos para darnos cuenta de las distintas interpretaciones.

Debemos ser conscientes de que observamos haciendo lecturas basadas en nuestros principios, creencias, valores, educación, etc. Debemos darnos cuenta de esto y rebelarnos contra ello.

¿Por qué rebelarnos? Porque al rebelarnos damos una respuesta mucho más creativa de la vida a nuestros dramas. Pero, ¿a qué nos referimos con rebelde? ¿Qué es ser un rebelde? De forma simplista es una persona que se opone a algo. Pero conforme crece en su rebeldía, pasa por diferentes etapas. El gran profesor Carlos González las clasifica más o menos así:

-Primera etapa: rebelarse contra el clan contrario. Casi porque sí, porque son el enemigo.

-Segunda etapa: rebelarse contra tu propio clan (etapa de oveja negra). Normalmente contra normas injustas o injustificadas.

-Tercera etapa: rebelarse frente a la educación recibida (de tu propio clan).

-Cuarta etapa: rebelarse contra la idea que tenemos de nosotros mismos.

Todas estas etapas tienen cosas en común y es que en las cuatro creamos dramas en forma de enfrentamientos contra enemigos. Conflictos que nos hacen daño. Nos encontramos siempre en una dualidad: los otros contra los míos o contra mí. El rebelde paga un precio, no es fácil. O te adhieres a algo o te opones a algo. Así se genera estrés, drama, incertidumbres, etc. En realidad, nada nuevo, ¿verdad? Muchos diréis: pues igual que cualquier persona con las cargas de trabajo o de precariedad hoy en día. La diferencia con los no rebeldes, además de la creatividad y la crítica, es que hay un paso más.

El rebelde quiere ser él mismo, pero no desea generar dramas o enemigos. No quiere cederle su identidad a su propio clan ni ir a la contra de la identidad que ha generado el clan en él. En esta etapa, el rebelde se convierte en un indomable. El rebelde se revela contra algo, el indomable es indomesticable. Ya no necesita rebelarse, encuentra su luz, su paz interior en la transformación. Como proceso evolutivo, hay que pasar por las cuatro etapas del rebelde para convertirse en indomable y empezar a transformar la realidad sin generar dramas. Ni me adhiero, ni me opongo, el indomable transforma. Pero no nos vamos a centrar en cómo llegar a ser un indomable, eso para otro artículo. Este iba sobre algo de educación… ¿no?

Los medios de desinformación

Hoy los medios de comunicación nos bombardean con opiniones opuestas y enfrentadas sobre la nueva Ley de Educación (Lomloe). Y la verdad es que se hace difícil diferenciar entre bulos, verdades, medias verdades, manipulaciones… No vamos a ponernos a analizar en profundidad cuáles son las partes más críticas de la llamada Ley Celaá, porque de ello se ha escrito mucho ya.

Lo que aquí pretendemos es hacer ver que todos esos puntos criticables y criticados (el castellano como lengua vehicular, el cierre de los centros de educación especial o el maltrato a la concertada, la religión, la educación sexual, pasar de curso con suspensos…), deben ser analizados como un rebelde. Seguramente tengan partes positivas y aspectos que nos puedan parecer negativos ahora. Pero hay que verlo todo con perspectiva, mirando el pasado y futuro. En este sentido, os comparto un extracto de un comentario leído en Facebook que me parece bastante sensato y esclarecedor:

«[…] Efectivamente, había leído algunos puntos referentes a las lenguas cooficiales, a través de diferentes periódicos. Por lo que, desde ayer, me he leído las 81 páginas de esta nueva ley y algo más de 50 de los otros dos apartados que se pueden consultar en la página oficial del Ministerio de Educación.

Además, consulté con directores de centros educativos tanto públicos como concertados los puntos referentes a este tema.

En el punto 1 de este apartado, incluye como lengua vehicular a la cooficial. En el punto 2, indica que, al finalizar la educación básica, deben alcanzar el dominio pleno en ambas lenguas. En el punto 3, las administraciones educativas deben asegurar el punto número 2 y, para ello, pueden adoptar todas las medidas necesarias para «compensar» las carencias que puedan aparecer.

Esto, en un lenguaje práctico, lleva a (ojo que ya se estaba haciendo) que se pueda impartir en la lengua cooficial todas las horas que la Administración Educativa considere. Es decir, que el castellano se hable, se enseñe leído y escrito solo una hora en clase. Ya cuesta que se aprenda bien el castellano hablado y escrito. Imagina qué resultado tendrá dicha modificación.

Esto, desde mi humilde opinión, me parece muy injusto para aquellas personas que quieran que sus hijos aprendan a hablar, leer y escribir correctamente el lenguaje del país en el que viven.

Por otro lado, me parece, desde hace muchísimo tiempo, una injusticia que el resto de españoles, si queremos estudiar algo en Cataluña, debamos manejar el catalán con un nivel C. Incluso para realizar una oposición estatal.

A mí personalmente, me encantaría saber las lenguas cooficiales de mi país. Y hubiera visto bien que en Primaria se hiciese una aproximación o una inmersión en ellas, como enriquecimiento.

Pero obligar y asumir que todos los niños reciban en una lengua cooficial la mayor parte (si no toda) del horario lectivo (insisto, que ya venía pasando), me parece injusto para quien quiera que sus hijos aprendan correctamente el castellano, que por ahora es la lengua oficial de nuestro país.

Y me parecería interesante que ese nivel de exigencia en cuanto a adquirir una segunda lengua fuese también para otras lenguas que aseguren y faciliten la convivencia de estos niños en un futuro con otros países no sólo europeos, sino de otros continentes.

E insisto que han podido desde hace muchos años, cada uno de los gobiernos, acercarnos durante nuestra etapa de educación obligatoria a las lenguas cooficiales y aquellos que hubiesen querido profundizar más pudieron haber tenido facilidades para ello en cualquier territorio del país».

En este texto, podemos darnos cuenta cómo la manipulación ideológica puede llegar a hacernos creer que algo que ya se implementaba, o no se hacía, o que ahora se va a empeorar cuando ya se llevaba a cabo así, o cuantas oportunidades de hacer las cosas bien llevamos perdidas, etc. Que no todo es blanco o negro y que nadie tiene por qué tener la razón absoluta de lo que está bien o está mal.

Un aspecto a tener en cuenta es que la ley ha contado con los votos a favor de PSOE, UP, Nueva Canarias, Más País, ERC, PNV, Compromís… Aunque son muchos, no son todos. La ley anterior (Ley Wert) sólo se aprobó con los votos a favor de PP (Y diréis: claro, si tenían mayoría absoluta). En nuestra opinión, ninguna de las dos leyes, ni por supuesto las anteriores, se han aprobado como debería haberse hecho: con los votos a favor de todos los partidos. ¿Complicado? ¿Imposible? Ya os digo yo que no. Otra cosa es que la polarización existente impida a los políticos llegar a acuerdos más profundos. Evidentemente, si eso pasara, no sería la ley que a PSOE y UP les gustaría, pero sería una ley sin fecha de caducidad y con consenso. Si pretendemos dar pasos muy grandes y saltándonos a los compañeros con los que caminamos, en el futuro, por desgracia, nos encontraremos con zancadillas.

La escuela concertada ha sido durante mucho tiempo el cortijo de algunos, una escuela creadora de injusticias y diferencias, aunque no se pretendiera así

Además, debemos pensar hacia qué modelo de educación queremos avanzar. Los educadores sociales nos posicionamos por una educación pública y de calidad, moderna, que no discrimine, integradora y que sea una herramienta de justicia social. Si estás de acuerdo con esto, en nuestra opinión esto es lo que se debería hacer para avanzar:

La escuela concertada es un modelo anticuado y claramente injusto. Muchos podéis decir que son colegios con una calidad educativa excelente, y yo lo comparto. Mucho mejor que los públicos en algunos casos. Pero esto no es motivo para que sigan existiendo ni justifica que se les deba permitir seguir con sus privilegios, que los han tenido. La escuela concertada ha sido durante mucho tiempo el cortijo de algunos, una escuela creadora de injusticias y diferencias, aunque no se pretendiera así. Si bien en la actualidad podría no serlo en su gran mayoría, debe dar un paso más y abandonar ciertas prerrogativas que en el siglo XXI carecen de sentido. La contratación de personal (por muy bueno que sea) de manera externa o el cobro de cuotas son sólo dos ejemplos.

Pensamos que la concertada debe avanzar hacia la pública, a la vez que la pública debe avanzar hacia la concertada. Y en medio del camino alcanzaremos una escuela pública con la calidad de la que presumen las concertadas.

Contratación transparente y justa

Con una contratación de profesorado más transparente y justa, con una evaluación al mismo para poder despedirlo si fuera necesario, implicando a toda la comunidad educativa, con unos ratios más ajustados a la educación del siglo XXI, con recursos materiales y humanos diversos y suficientes, con aulas adaptadas, escuelas inclusivas para los niños y niñas que lo soliciten y no tengan que depender de un centro especializado, sin imposición de ideologías o religión, con una educación que tenga los pies en la tierra y mucho más cercana a la realidad cambiante, con profesionales de diversos campos sociales, porque la escuela no es una isla en medio de la vida social, sin tantas obligaciones curriculares para poder adaptarse mejor a las circunstancias de cada centro y aula, donde los profesores tengan la libertad para ser rebeldes y creativos y a los niños y niñas se les enseñe a tener criterio y capacidad de rebelarse.

Por lo tanto, y teniendo en cuenta los peligros, riesgos y problemas que puede traer la nueva ley educativa si no se dota a la educación de los recursos necesarios, apostamos por una educación pública y de calidad, con todo lo que ello conlleva. Si esta ley avanza en ese sentido, nos gusta. Si no, no la queremos.

Y, en definitiva, esto es lo que debemos hacer: criticar lo criticable, teniendo en cuenta todas las circunstancias, características de la sociedad actual y el modelo hacia el que queremos ir. Pero por favor, basta ya de dejarnos llevar por ideologías dañinas que sólo pretenden enfrentarnos y polarizan nuestra sociedad. Si queremos criticar algo, hagámoslo con fundamentación y mirada evaluadora. Una crítica sin esto, es fútil y empobrece.


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