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Richard Rorty, uno de los grandes defensores del pragmatismo.

Opinión, Política

Ideología versus pragmatismo político

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Relacionar estos conceptos en términos excluyentes quizás no sea una solución demasiado inteligente, pero quizás sí sea hoy absolutamente conveniente y necesario tomar partido por uno de ellos

Ciertamente no cabe ninguna duda de que, a la hora de depositar nuestro voto el día de las elecciones, éste tiene un componente quizás excesivamente ideológico y que, tal vez, deberíamos reemplazarlo por otro que primara más el aspecto de la rendición de cuentas por los políticos. Este último enfoque considera que las elecciones sirven para hacer responsables a los gobiernos de los resultados de sus acciones pasadas, por lo que los políticos escogerán las políticas que a su juicio los ciudadanos evaluarán positivamente.

Ideología es quizás uno de los conceptos más farragosos y con mayor diversidad de significados de la ciencia política. Precisamente por esa circunstancia, me quedo con el concepto que proporciona el Diccionario del Español Jurídico: “Conjunto de ideas sobre la realidad social, política, cultural, económica, religiosa, que pretenden la conservación del sistema (ideologías conservadoras), su transformación (que puede ser radical y súbita, revolucionaria o paulatina -ideologías reformistas-) o la restauración de un sistema previamente existente (ideologías reaccionarias)” o esta otra que nos brinda el Diccionario de la Lengua Española: “Doctrina que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tuvo por objeto el estudio de las ideas”.

Pragmatismo político sin entrar en el campo de la filosofía: podríamos decir que el único criterio válido para juzgar el valor de cualquier doctrina o decisión sería tomar en cuenta sólo sus efectos prácticos, es decir, “lo cierto es lo que funciona”, por lo que tenemos que dejar las ideologías al margen, haciendo lo que sea más adecuado según las circunstancias de cada momento.

Actitud secularista

Fue la filosofía dominante en EEUU en el primer tercio del siglo XX y, de sus rasgos distintivos, podemos destacar una actitud progresista, secularista y que apela incesantemente al sentido común. Los interesados en profundizar en esta cuestión pueden consultar la obra de Richard Rorty.

Pero, bajando a la arena de la política, la cuestión básica sería: ¿La actuación del político debe ceñirse a valores y principios, al programa con el que su partido concurre a las elecciones o debe guiarse buscando la efectividad de sus actuaciones? Aquí puede surgir la contradicción; en nuestra historia democrática hemos visto, en repetidas ocasiones, cómo un líder político ha predicado una cosa y luego ha hecho la contraria, lo que pone en entredicho el concepto de ideología.

La tecnocracia es una de las soluciones, según Nicolás Villodres.

En la situación que estamos viviendo los ciudadanos, entre atónitos y perplejos, contemplando un escenario lleno de incertidumbres tan vitales como: ¿Qué va a pasar con mi puesto de trabajo? ¿Cómo va a ser mi vida? ¿Qué futuro le daré a mis hijos? No es nada halagüeño el panorama. Se avecina una etapa de conflicto, de bronca política y es aquí adonde quería llegar.

¿Es posible que juntos fuéramos capaces de construir un proyecto nacional lo suficientemente ilusionante y esperanzador que nos una en torno a unos objetos previamente definidos meridianamente? Creo que este es el camino que debemos tomar todos juntos, aparcando de una vez por todas visiones particularistas que nos están destruyendo como país. No todo vale en política.

¿Cómo se articula esta solución? Los científicos de la ciencia política seguro que tienen soluciones, pero yo, como mero espectador, apuntaré dos posibles:

1.- La tecnócrata. Serán los que saben los que deben ejercer el poder, la vieja ilusión platónica del filósofo rey; hablamos de la pérdida de importancia de la política frente a la preeminencia de la ciencia y de la técnica en las soluciones a los problemas sociales y económicos de la sociedad. Así lo podemos ver en la obra de Francis Bacon La Nueva Atlántida y, posteriormente, en Saint-Simon, quien introduce elementos del socialismo.

Ya durante el régimen de Franco y para salir de la autarquía y de la crisis de 1956, aparecen tendencias democráticas de oposición que postulaban la necesidad de una modernización económica, intelectual y política que nos acercara a los países más evolucionados de Europa Occidental. Los tecnócratas recomendaban la implantación del liberalismo económico, aunque no el liberalismo político.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa.

2.- Un Gobierno de emergencia. Aquí no se trata de organizar los distintos y variados aspectos de una sociedad en normalidad, si no que hablamos de situación excepcional o de emergencia. Así, este gobierno debe concentrar todos sus esfuerzos en resolver un solo problema, en este caso la grave situación que plantea esta crisis del coronavirus y sus tremendas implicaciones socioeconómicas que se van a derivar de la misma. Debe primar la eficacia, es decir, la capacidad de lograr el efecto que se desea sobre la eficiencia, entendida como la capacidad de disponer de algo o alguien para conseguir un efecto determinado.

Otros sectores lo llaman gobierno de concentración nacional, que debería gozar de un amplio respaldo parlamentario presidido por un hombre o mujer de amplio consenso. ¿Estamos en España a ese nivel?

La pelota está en nuestro tejado y debemos reflexionar sobre ello, máxime cuando estamos viendo para dónde sopla el viento que viene de Europa y que trae cierto olor a descomposición.


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Un comentario

  1. Avatar Ángeles Suárez Pozo

    Bueno acabamos de leer el artículo y vamos a reflexionar un poco acerca de la propuesta.

    en principio lo que percibo es que para tener un mundo ideal lo mejor es quitar la ideología, las políticas de en medio e ir a otro modelo más efectivo, en este caso nos habla de la teocracia.

    Sería como dejarnos de afianzarnos en partidos políticos y unirnos todos para conseguir a personas” cualificadas», sin que tengan nada que ver con la política.

    La idea de Platón era precisamente qué tenían que gobernar los filósofos.

    O sea que, para gobernar no hacen falta ideologías, sino personas altamente cualificadas.

    Eso es lo que deduzco del comentario.

    Yo, sí estoy de acuerdo en este sistema, mientras que este sistema sea consecuente con los problemas reales del mundo.

    Si la tecnocracia hace lo mismo que la política que es darle al pueblo lo que quiere,( aunque obviamente no se lo puede dar a todos) no creo que vayamos en buen camino.

    y no creo que vayamos en buen camino porque ya no se trata de que nosotros estemos bien, que estemos atendidos en las mejores condiciones económicas y sociales.

    yo creo que el problema de nuestra sociedad no se ve por la sociedad, es imposible que la sociedad vea lo que yo quiere ver o lo que no le interesa.

    Y es que hemos construido un modelo de vida conforme a nuestros deseos qué es lo que hace es dañarlo todo.

    Pero este modelo que hemos construido con nuestras habilidades técnicas se nos viene encima.

    Se nos viene encima y nos aplasta,porque es imposible mantener un sistema como el que tenemos, me refiero en este punto al sistema capitalista.
    Seguramente que ya se habrá puesto las manos en la cabeza y dirá ah bueno esta es comunista.

    Pero no van los tiros por ahí, ni mucho menos.

    El capitalismo es un sistema económico que se desarrolló después de la Revolución industrial.

    Quiere decir que los años que lleva operando este sistema nos estamos dando cuenta de las graves consecuencias a las que nos exponemos, en principio porque representa una explotación de los recursos naturales que tiene el hombre para vivir, en segundo lugar porque esa explotación descompone la atmósfera, no es soluble el capitalismo con el mantenimiento y conservación de la naturaleza.

    creo que todo el mundo le tiene que quedar claro este asunto.

    aquí podría escribir un montón de ideas sobre qué es lo que me parece mal del capitalismo, las voy a dejar porque me ocuparía demasiado espacio.

    Por otro lado, hay que pensar unos cambios políticos tienen que ir acompañados por un informe que nos aclare qué dinámica es la que tenemos que seguir para conservar al hombre y conservar todo lo que está en el paquete del hábitat humana..

    La historia de la evolución del hombre ha consistido en desarrollar técnicas y alejarse del lado de la naturaleza y de los animales, este ha sido el gran delito que ha cometido el hombre olvidarse que vive en un mundo que no solamente le pertenece a él.

    El pensamiento del hombre solo está amañado para disfrutar y vivir cómodo, para eso se vale de la técnica, pero el desarrollo tecnológico no es compatible con su medio ambiente.

    por eso mismo creo que las políticas tienen que ir enfocadas a pensar menos en el hombre y más en los despropósitos que hace el hombre.

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