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Fernando Simón explica cómo hay que ponerse una mascarilla.

Opinión, Salud

Simón y las mascarillas

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Los médicos, y particularmente los cirujanos, llevamos más de un siglo tapándonos la nariz y la boca con una mascarilla con el objetivo de impedir la contaminación de las heridas sobre las que actuamos. Y hasta hace cuarenta años, todas ellas eran de tela, de algodón generalmente, las ahora llamadas mascarillas higiénicas

Recordemos que, con las mismas, a lo largo de la historia se han realizado intervenciones quirúrgicas complejísimas, incluidos trasplantes, donde la infección es un problema de particular importancia al ser obligada la inmunosupresión de estos pacientes. Solo en las últimas cuatro décadas, las mascarillas han sido fabricadas de forma reglada con el objetivo de obtener dispositivos normalizados de los que se conoce su capacidad exacta de filtración de partículas de todas las densidades y dimensiones.

Parece poco discutible que esa medida, no suprimida en ningún momento en la práctica quirúrgica desde entonces, ha evitado la complicación infecciosa de muchas de ellas. Es algo intuitivo que el hecho de dificultar la circulación de aire presuntamente contaminado es eficaz para evitar su sobreinfección por agentes que se transmitan por vía aérea. Es imposible saber cuántas heridas exactamente se han librado de la infección con esta medida a lo largo de más de cien años, pero estaremos todos de acuerdo en que habrán sido muchas más que si no se hubieran usado.

También estaremos de acuerdo en que es más eficaz el uso de mascarillas con alto poder de filtración, como las que se fabrican actualmente, que una de las llamadas higiénicas -para entendernos, de tela– pero, más allá de esta evidencia, la pregunta clave es: ¿Es más seguro para el conjunto de la población llevar una mascarilla de cualquier tipo o no llevar nada en presencia de una epidemia de una enfermedad infecciosa cuya vía de transmisión es aérea? Y esto cuando, además, el uso de la mascarilla no evita, ni siquiera dificulta, la puesta en práctica del resto de medidas aconsejadas como el distanciamiento social o la higiene exhaustiva de manos.

Seguramente, la palabra mascarilla ha sido la más pronunciada en España, y quizás en el mundo, durante los últimos cinco meses. Y muchas de las veces lo ha sido por parte de los políticos y sus asesores. Veamos algunos ejemplos de las que se ha dicho de ellas en España:

El día 25 febrero, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, declaró: “…para garantizar que, donde son necesarias las mascarillas y los productos sanitarios, estos van a estar disponibles. No hay mascarillas para todo el mundo, pero es que no es necesario el uso de mascarilla”.

El 26 febrero, el Dr. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad y principal asesor del gobierno durante esta crisis, dijo: “El uso de las mascarillas sí que puede ser interesante en los pacientes que tengan alguna sintomatología”.

Pérdida de tiempo y dinero

Casi un mes después, el día 25 de marzo, Salvador Illa anunció en rueda de prensa que el Gobierno había cerrado un contrato con China por valor de 432 millones de euros para la adquisición de 550 millones de mascarillas -¿para qué tantas si no eran necesarias?-. Nunca llegaron.

El 23 de abril la Agencia EFE informa: “El Ministerio de Sanidad ha recuperado hasta el último céntimo de los 17 millones de euros del coste de las mascarillas Garry Galaxy -un lote de las cuales resultó defectuoso- que compró a través de una empresa que figura en la lista oficial de suministradores autorizados por el gobierno chino”.

El día 8 de mayo de 2020, El Español informa: “España queda fuera del reparto de 1,5 millones de mascarillas de la Comisión Europea porque no lo solicitó. No figura en la lista de países que señalaron su interés por participar en este reparto de mascarillas para el personal sanitario”.

https://www.youtube.com/watch?v=QezGQ50OCU4

La Vanguardia añade: “La Comisión Europea (CE) repartirá en los próximos días 1,5 millones de mascarillas entre los trabajadores sanitarios de 17 Estados miembros de la Unión Europea (UE) y el Reino Unido, el primer lote de un paquete de 10 millones de máscaras, informó el Ejecutivo comunitario este viernes. El millón y medio de mascarillas se distribuirán entre el personal sanitario de Austria, Polonia, Malta, Chipre, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Países Bajos, Francia, Italia, Croacia, Eslovenia, Grecia, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría, y también de Reino Unido aunque no sea Estado”.

Así pues el Gobierno, por un lado, decía que no eran necesarias pero por otro parecía hacer notables esfuerzos, siempre fallidos, de adquirir un gran número de unidades. Según la información que nos han ido transmitiendo sobre la conveniencia o inconveniencia de su uso, empezaron no siendo necesarias, siguieron con la actitud de desaconsejarlas, después fueron convenientes y ahora, al parecer son imprescindibles.

Durante los primeros días se ridiculizaba a quien la llevaba y en los hospitales, todos los sanitarios hemos vivido cómo los gestores afeaban la conducta de quien las llevaba puestas porque decían que “íbamos a alarmar en exceso a los pacientes ingresados y sus familias”. Quizás, en vez de eso, lo que hicimos fue evitar algunos contagios.

En el colmo de su proverbial política errática, el 18 de mayo el ministro de Sanidad Salvador Illa declaró que “hay unanimidad en reforzar el uso de la mascarilla” y dice que “el Gobierno nos va a anunciar que va a ser obligatoria, pues está elaborando una orden para hacer obligatorio el uso de las mascarillas en todos los espacios públicos y no, como ocurre hasta ahora, solo en el transporte masivo. 

Esta actitud inexplicablemente errática, además de confusa y contradictoria, que seguramente habrá hecho mucho daño a la salud de los españoles, quedó perfectamente aclarada cuando el día 20 de mayo pasado el inefable Dr. Simón cerró el círculo declarando en comparecencia pública: “No aconsejamos el uso de mascarillas al principio porque no las había”, añadiendo: “Esto generó un importante problema para todos los países europeos a la hora de dar recomendaciones de uso de un equipamiento que apenas estaba disponible en prácticamente todo el entorno europeo. Las medidas de prevención y control deben ser siempre factibles, que se puedan llevar a cabo”, lo que escandalizó a casi todos los que lo oímos, que pensamos masivamente que eran de juzgado de guardia. Y así fue, efectivamente, pues dicha comparecencia motivó la interposición de varias querellas criminales, al considerar algunos que eran de verdad merecedoras de algún reproche penal.

Un cura, en un entierro de un fallecido por coronavirus.

Las declaraciones, además de ser una confesión de parte de una conducta negligente y de que el Gobierno nos mintió… una vez más, carecen de sentido común, de sensatez y de imaginación, pues tenía una fácil solución, si bien no óptima, sí mucho mejor que la adoptada. Tal era haber aconsejado desde el primer día la fabricación popular de mascarillas higiénicas en los propios hogares mientras no se dispusiera de otras con mayor capacidad de filtración, lo que está al alcance de cualquier familia.

En todos los casos, con unas sencillas instrucciones de fabricación explicadas en televisión, hubiera sido muy fácil que cada español dispusiera de una mascarilla higiénica en un plazo de 48 horas. Recordemos lo dicho al principio de este artículo, que la medicina, concretamente la cirugía, las ha utilizado durante 80 años. ¿O es que los cirujanos hemos estado entonces haciendo el ridículo durante casi un siglo?

Tal actitud pone de manifiesto una vez más la actuación altamente irresponsable del Gobierno de España y sus asesores –¿quién ha asesorado a quién, los unos a los otros o los otros a los unos?-. Una nación que, a pesar de todas nuestras dificultades, pertenece al primer mundo y ocupa un lugar entre los más industrializados del mismo se merece unos políticos más sensatos, más sagaces y más responsables.

En este momento, resulta que son obligatorias en toda España –salvo algunas motivadas excepciones-, en el interior de locales y también al aire libre en toda circunstancia en que no se pueda respetar la distancia mínima entre personas. Pero para mayor abundamiento, son también obligatorias, incluso al aire libre y respetando la distancia mínima entre personas de dos metros, en Baleares, Cataluña, Extremadura y Galicia.

Y lo va a ser de forma inminente –ya lo han anunciado sus respectivos gobiernos autonómicos- en Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-León, Madrid, Murcia, Navarra y País Vasco. ¿Y cómo es que son imprescindibles ahora en casi toda España en cualquier circunstancia, al aire libre incluso, cuando hay solo rebrotes -200 a 300 contagios al día- pero no antes cuando se producían a finales de marzo del orden de los 9.000 contagios diarios? Porque ahora ya no se oye hablar de los distintos tipos de mascarillas, de hecho son miles y miles de personas las que vemos en la calle usando mascarillas higiénicas…


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10 Comentarios

  1. Avatar Jóse Igarzabal

    Suscribo. De pé a pá.

  2. Avatar Federico

    Desinformación pata tapar errores y negligencias, ese es el objetivo. Contrasentidos y huida de explicaciones claras, sencillas y ciertas.
    Yo espero poder seguir trotando por parques muy poco concurridos a primera hora de las mañanas, sin mascarilla. Un abrazo.

  3. Lo mismo pienso. De pe a pa, como dicen en el comentario anterior.

    • Avatar Manuel Calleja

      Muchas gracias, Eva. Por desgracia, yo creo que este asunto está más que claro pero… no hay peor ciego que el que no quiere ver.

  4. Avatar Pilar Garrido- Falla

    Totalmente de acuerdo con este doctor al que por cierto ya se le ha censurado sus comentarios sobre la gestión por parte de Sanidad, se ve que hacen pupa. Puro sentido común, en que cabeza podía caber que para un virus que se transmite por gotas y vía aérea no era necesaria la mascarilla? Es más , llegó a decir el sabio Simón que era perjudicial ? Este señor , en otro país, estaba ya en la carcel. Yo prefiero pensar que es ineptitud e incompetencia y no dolo , pero entonces, q por favor le retiren el título ( si lo tiene)

  5. Avatar Miguel C. Bravo

    Es decir, que el criterio médico para recomendar su uso o no está basado meramente en la disponibilidad de mscarillas, ¿no? Parece un criterio poco científico.

  6. Avatar Manuel Calleja

    Lo que yo creo que es es una sinvergonzonería, Miguel. En cada casa española hay alguien capaz de hacer seis o siete mascarillas en un par de ratos. Solamente pretendían tapar su insolvencia. Saludos.

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