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Inmigrantes en Las Palmas. / EFE

Opinión

Posibles soluciones al conflicto inmigratorio

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Una Administración que se precie tiene que dotarse, entre otras muchas cosas, de una planificación estratégica para afrontar el corto y el medio plazo, tarea que salta a la vista que no siempre es así

Este gobierno ya ha dado sobradas muestras de bisoñez y ahora, en esta crisis de inmigración, también de improvisación. Tampoco se ha quedado corto en cuanto al uso de la mentira. John Arbuthnot, médico y escritor satírico escocés en la primera mitad del siglo XVIII, escribió una obra titulada El arte de la mentira política y la definía como «el arte de convencer al pueblo, el arte de hacerle creer falsedades saludables, y ello con algún buen fin».

Pero los españoles no nos conformamos solo con eso, porque somos algo más y vamos un paso por delante y pasamos de la mentira política a la política mentirosa. El orden de los factores aquí sí altera el producto final. En esto, nuestro presidente se supera a sí mismo día tras día y va cogiendo solera como los buenos vinos. El que le sustituya lo va a tener difícil, el listón lo va a dejar de récord. La bisoñez se puso de manifiesto de forma alarmante cuando dijeron que las mascarillas no servían para nada. Tienen la cara más dura que el zancajo de un indio. Diga usted a la ciudadanía que hay que proveerse de ellas y que eso nos llevará un tiempo, con lo que quedará como un señor y ponga a la industria textil española a producir mascarillas y no vaya a China a hacer el panoli y encima para que lo engañen.

La improvisación la ponen de manifiesto constantemente en esta crisis de inmigración; dejan a más de 200 jóvenes deambular sin medios ni rumbo por las calles de Las Palmas donde los vecinos les proporcionan bocadillos. En la tarde noche del día 18, embarcan más de 200 inmigrantes en un ferry desde Las Palmas de Gran Canaria a Tenerife con la promesa de que, esa misma noche, parten en un buque de la compañía Balearia con destino a Huelva. Llegan al puerto de Tenerife y allí solo aparece el alcalde y algunos de sus concejales a dar la cara. Nadie de la Subdelegación del Gobierno, nadie del Cabildo Insular y nadie del Gobierno autonómico. A buen seguro que estaban atendiendo otras cuestiones más perentorias. Parece que no les dejan embarcar porque no llevan pasaporte. ¡Me muero del ataque de risa, Sr. Ministro del Interior! No tienen ni idea de cómo lidiar este toro ni mucho menos de cómo resolver el problema de la inmigración.

La inmigración como contendiente

Quizás es el momento de dejar las críticas a un lado y aportar alguna hipotética solución, que en eso consiste la crítica sana, la constructiva. No quiero caer en la demagogia tan al uso en estos tiempos, el problema es multidimensional y complicado. Desde la caída del muro de Berlín, el terrorismo, los ciberataques, las fakes news, la desinformación, el crimen organizado y las pandemias son las verdaderas amenazas. El viejo aforismo romano Si vis pacem para bellum (si quieres la paz, prepárate para la guerra) ya no es el referente. Incluso el concepto de guerra está en cambio y hoy hablamos de guerras asimétricas, híbridas, tecnológicas, de cuarta generación… Una inmigración masiva incontrolada puede ser un contendiente.

Todas las soluciones que adoptemos ante cualquier problema tienen sus aspectos positivos y negativos, por lo que se hace preciso someterlas a minuciosos juicios de valor y a una modulación muy ponderada. El mundo globalizado en el que vivimos, los imparables avances de la ciencia, la tecnología, la robótica y la inteligencia artificial constituyen verdaderos hándicaps que no lo ponen fácil, pero ahí estriba el reto. En este escenario adverso, hay que buscar las fórmulas para que estos sectores de la población puedan encontrar alguna solución a sus vidas que les permitan vivirla con unos mínimos de dignidad. En el siglo XXI, la justicia debería reemplazar a la caridad y dejar la asistencia para casos puntuales y circunstancias muy concretas. Hablamos de que quizás sea la hora de plantearse un nuevo reparto de la tarta. A estas personas no les podemos dar el pescado servido en la mesa: hay que enseñarles a pescar y proporcionarles los medios para ello.

Se me ocurre pensar en un sistema dual que compagine:

1.- Cubrir nuestras necesidades de mano de obra por cupos sectoriales de tal forma que los que vengan lo hagan con todas las garantías legales en el marco laboral y social, con los suficientes mecanismos de integración. De esta forma, se contribuye al sostenimiento del sistema pagando las correspondientes cotizaciones e impuestos.

2.- Estamos viendo desde hace ya mucho tiempo cómo el Gobierno de España, sea del color que sea, es constantemente extorsionado, chantajeado y amenazado por el de Marruecos y la solución siempre pasa por poner cantidades de dinero sobre la mesa sin que sepamos con claridad el destino de esas partidas. Quizás la gestión de las mismas debería estar controlada directamente por España y destinada, por ejemplo, a formación profesional y luego a microcréditos que permitan a los más decididos a proporcionarse su medio de vida sin tener que abandonar la tierra que te ha visto nacer y a su propia familia. Abandonarlas y embarcarse a lo desconocido ya es una desgracia. Hay algún mal pensado que sostiene que España paga por esto, porque están preparando una regularización que les permita obtener los papeles y esos son votos constantes y sonantes; no sé, no sé.

Estoy convencido de que medios materiales y económicos hay para hacerlo si hubiera la necesaria voluntad política

¿De qué sirve tanto organismo internacional, agencias ad hoc, ONG internacionales y de carácter nacional como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Defensa, Cruz Roja, Cáritas y un sinfín de agentes que colaboran en estas situaciones si se te cuelan hasta la cocina? Pero no se preocupen, el otro día se reunieron los responsables de seis ministerios: Presidencia, Interior, Exteriores, Defensa, Inclusión y Política Territorial; y el Cabo Furriel que pasaba por allí y se hizo el despistado que si no… Ahí es nada, van a tratar de impedir que se cuelen un tu dormitorio.

Estoy convencido de que medios materiales y económicos hay para hacerlo si hubiera la necesaria voluntad política. Sería incluso hasta más rentable por los retornos que se originarían.

No sigo, queridos y pacientes sufridores, no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante.


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