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Una imagen que ilustra perfectamente este artículo.

Opinión, Tecnología

Pero… ¿me estás escuchando?

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¿Cuántas veces te has visto oyendo o formulando esa pregunta? Apoyada, por supuesto, en una amplia gama de gestos que van desde tu propio estupor a la hora de los deberes de tu hijo, hasta la des-carada des-conexión de tu pareja durante tu breve resumen del día durante la cena, o el hosco mohín de tu suegra contándote sus infinitos planes de comida…

Pues nada, no te preocupes, que ya hay alguien que te escucha. Te escucha siempre. Inalterable. Inamovible. Desde la cercanía de tu mesa o desde el fondo de tu bolso. Y ése es, nada más y nada menos ¡¡que tu propio móvil!! Hasta que la batería os separe, claro.

Sabe la marca y modelo de tu cisterna estropeada, te envía ese viaje que, misteriosamente, se ajusta al presupuesto vacacional que andas manejando. O te sugiere, coquetamente, ese vestido maravilloso que hará las delicias de los invitados a esa próxima comunión que ya aprieta en tu agenda.

Llegados a este punto, podríamos, quizá, susurrarle cerquita la lista de la compra para que nos diera la mejor receta que pueda salir del contenido de la bolsa de ofertas de hoy…

Requerimientos inéditos

Numerosos experimentos, con mayor o menos enjundia y formalidad, han forzado conversaciones sobre requerimientos inéditos, para comprobar, ipso-facto la milagrosa aparición de anuncios que pretenden dar respuesta y solución a cada una de nuestras absurdas demandas.

Nada probado. No hay que preocuparse. En exceso, vamos. No hay nadie al otro lado escuchando. Ni se llega a almacenar. Sería imposible. Según un estudio de la revista Wired, se usa una media de 3Kb de datos por segundo en cada llamada por internet. Eso, multiplicado por 12 horas de media que la gente está conectada, supondría 130 MB por persona y día. Si contamos sólo a los usuarios de Facebook (1.510 millones), saldrían 121 petabyte al día. 43.560 petabytes al año, y sólo en Estados Unidos.

Olvídate, ¡es imposible! Cuentan que los servidores de Facebook sólo tienen capacidad para unos 300 petabytes. Pero esta información es como el Área 51. Desconocida y misteriosa.

No hay culpables externos

No hay culpables externos. Hemos sido nosotros mismos nuestros propios sepultureros. Con cada conexión constante del día. Con cada Acepto que ni leemos. Con cada miradita, discreta o no, que le echamos a cada momento a nuestro nuevo cerebro digital.

Porque sí, algo es cierto; hemos cedido al móvil el pilotaje de la mayoría de nuestros impulsos neuronales: nuestras aficiones, nuestros ligues, nuestras dudas, el tiempo de ocio, las, casi cada vez más, únicas lecturas que hacemos, nuestra vista cada vez más gastada y, por supuesto, el dudoso honor de alterar la estructura morfológica de las futuras generaciones, coronándolas de una bien hermosa joroba nacida de mirar hacia abajo.

Somos nosotros mismos los que vamos dejando el rastro de piedrecitas (cookies) para que las grandes plataformas nos sigan y nos alienten al consumo mediante la técnica del desgaste mental por purita repetición. Somos números y en números nos convertirán. Seamos followers, likes, compradores o estadísticas.

Y lo peor de todo no es ser escuchado. Es ser anulado, poco a poco, de tu libre capacidad de pensamiento y elección. Es invadir tu silencio mental abrumado por el ruido digital que nunca para. Y es que ya no hay nada que inventar. Todo te lo cuenta tu móvil.


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Un comentario

  1. Avatar Nieves

    Totalmente de acuerdo Maru. Aunque a veces hasta Siri pasa de mí y no escucha😂😂

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