El próximo domingo como saben, se deciden los ganadores de uno de los concursos más esperados por el ciudadano de a pie: las elecciones municipales
El certamen, que cada cuatro años reúne a la flor y nata del oportunismo patrio entre medios, afición y concursantes, decidirá quién se queda con la llave de la caja de los dineros de los otros para hacer y deshacer a su gusto, ya con el arte que cada cual tenga. Lo del cheque en blanco, ya sabe.
Nos encontramos en la recta final y los concursantes han participado ya en todo tipo de pruebas de exteriores e interiores, afanándose por demostrar sus habilidades y cautivar así el mayor número de votos del jurado popular. Un jurado que el domingo tendrá a bien decantarse por alguno de los equipos que compiten en su localidad. Al final del día y exhaustos por las pruebas de campaña, los diversos concursantes saldrán a agradecer al respetable su participación, sintiéndose ganadores sea cual sea el resultado porque, al final, hemos venido a jugar y lo importante es la experiencia.
Marcas en el cemento armado de sus jetas
Se trata de una gran fiesta y una cita ineludible para todo discutidor de café que se precie, pero sin duda, de entre todas las pruebas del concurso, la más importante y la que más expectación genera es la del debate televisado, que bien podría llamarse Un, dos, tres, ya que consta de tres fases marcadamente diferenciadas. En la primera, los concursantes se presentan en tono cordial, amable y empático intentando transmitir solvencia y ofreciendo una serie de propuestas romántico-poéticas que buscan tocar el corazoncito del jurado. Acto seguido empieza la animación: el poeta da paso al agreste competidor que, tirado al barro, saca las uñas, reparte leña y recibe porrazos de sus adversarios a diestro y siniestro sin cualquier miramiento. Por último, en el momento final, partida la camisa y ya con marcas en el cemento armado de sus jetas, los concursantes intentan recuperar su tono poético después de haber enseñado sus vergüenzas y se vuelven a dirigir al jurado ya pidiéndole por compasión o por pena que haga-usté-el-favor y me vote.
Al final, todos los esfuerzos merecerán la pena para aquellos que consigan alzarse con la victoria en esta convocatoria: cuatro años de suculentos sueldos asegurados para los equipos vencedores, más los extras que cada cual se agencie a santo de su nuevo carguito. Por lo demás, todo continuará sin pena ni gloria: el precio del combustible subirá o bajará a su antojo sin que nada ni nadie pueda evitarlo, igual pasará con las cifras de desempleo, las decisiones en su ciudad se continuarán tomando en las sombras y usted se enterará el último… Nada nuevo bajo el sol, hasta dentro de otros cuatro años.
Pero, al menos, esta semana estamos todos entretenidos y expectantes. Lo pasamos bien. ¿Y usted? ¿Ya tiene a su Pico de Oro ganador?



Lo mejor la película de «Vota Juan», tendrían que enseñarla en los colegios, porque mientras no cambie el sistema, si alguno «sale bueno» es para considerarlo casi un milagro.
Totalmente de acuerdo, la cosa ha llegado a un extremo que resulta altamente tóxica. Esta tarde, aquí en mi pueblo, va el partido que gobierna, todavía, pitando con los coches banderas en mano, si salen otra vez qué no harán… Ah! Sí, seguir comprando votos como se acostumbra hace mucho en toda España. Un show total, tal y como usted dice.