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La consejera de Salud, Rocío Hernández.

Opinión, Salud

Hernández vuelve a culpar sibilinamente a los pacientes del mal funcionamiento del SAS: «No vamos a ser capaces de recuperarnos porque no estamos asumiendo nuestra responsabilidad individual»

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De la creadora de «quizás, por un catarro común, no hay que ir al médico», llega otra perla en forma de frase provocadora que puede causar mucha indignación a todos los usuarios del Servicio Andaluz de Salud, en la que apunta con su dedo acusador a las personas que hacen cola cada día a las puertas de los centros de salud porque tienen la mala costumbre de ponerse enfermas

Nadie elige ponerse malo. Uno enferma por una o varias causas y el deber del SAS es dar cobertura a las necesidades sanitarias de los andaluces, sean cuales sean esas razones. ¿O no? Escuchando a la persona que Juanma Moreno Bonilla ha colocado como nueva consejera de Salud parece que los pacientes tienen que sentirse culpables por haber contraído tal o cual enfermedad, incluso si esa dolencia viene de la época de la covid-19.

Rocío Hernández pegó un tirón de orejas a los usuarios que van al médico de cabecera por un resfriado con aquella boutade sin sentido («quizás, por un catarro común, no hay que ir al médico«) y hoy, en la sesión plenaria del Parlamento de Andalucía, ha vuelto a arremeter contra todos nosotros, los que no podemos coger una cita médica en ClicSalud+, los que llevan esperando meses o años a una prueba diagnóstica y los que esperan sin dormir durante meses una intervención quirúrgica que les evite la muerte.

La consejera lo ha dicho tras defender lo indefendible, es decir, el fraccionamiento ilegal de los contratos sanitarios, que se lleva haciendo desde la etapa socialista y llega hasta nuestros días, hasta mucho después de que la Organización Mundial de la Salud decretase el final oficial de la pandemia de covid-19: «Los contratos menores es una forma totalmente legal de contratación. Durante la pandemia y durante situaciones puntuales de extrema urgencia que requiere muchísima agilidad, la Ley de Contratación del Sector Público muchas veces no nos da esa agilidad que necesitamos para seguir prestando la asistencia sanitaria a la población. Y con los contratos menores pudimos comprar medicamentos, vacunas y prótesis para seguir prestando asistencia a la población durante la pandemia. Y, a pesar de que se hizo muchísima actividad, es verdad que las listas de espera son muy altas todavía. Todavía nos estamos recuperando de aquello, pero, como sociedad, no vamos a ser capaces de recuperarnos porque no estamos asumiendo nuestra responsabilidad individual«. Ahí queda eso.

¿Cómo interpreta usted, querido lector, esta última frase? Yo leo entre líneas y lo que viene a decir Rocío Hernández es dejen ustedes de molestar, hacinándose en las Urgencias de los hospitales y en las puertas de muchos centros de salud y hagan lo posible por no ponerse malos y no generar más gasto del que ya tenemos. Hagan deporte, no abusen de la carne roja, no beba alcohol ni refrescos con azúcar, no fume, ande una hora todos los días y beba mucha agua. Todavía Rocío no es consciente de que ya no ejerce como médica sino que es una política de alto rango. Y un político debe gestionar los problemas de manera eficiente y dar los servicios públicos que nos merecemos los ciudadanos sin echarnos más tierra encima.

Quizá no se cree todavía el sillón que ocupa y por eso sigue en la inopia, en el discurso absurdo de echarle la culpa al contribuyente de sus propios males sin pararse a pensar que la sanidad pública es un derecho fundamental y hay que protegerlo sin excusas y sin justificaciones partidistas. Ese pesimismo sorprendente que destila la Hernández podría ser la puntilla para el maltratado Servicio Andaluz de Salud.

Hay otra frase para la historia que ha dicho hoy Hernández: la sanidad pública andaluza «es una joya de la que tenemos que sentirnos orgullosos y quitarnos cierto complejo que hay«. ¿Una joya? ¿Sentirnos orgullosos? No sé qué pensarán los protagonistas de las siguientes piezas periodísticas publicadas por EL LIBRE:

Otra metedura de pata verbal de Rocío Hernández hoy ha sido ésta, tras una pregunta parlamentaria sobre el Hospital Universitario Poniente de Almería: «No hemos degradado ningún hospital en absoluto«. Mentira, claro, como a continuación se demuestra con distintos reportajes y entrevistas:

Así las cosas, la pregunta del millón de euros es la siguiente: ¿será posible que Rocío Hernández sea todavía peor gestora que Catalina García? ¿De verdad tenemos que conformarnos con este nivel político de Regional Preferente? Lo que está claro es que Andalucía no se merece esta degradación, este abandono, esta desidia, este descaro, esta inculpación. La responsabilidad es de los que nos gobiernan, los que han provocado y provocan esta situación insostenible.


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