Denunciar la corrupción en cualquier ámbito de la vida es la eterna lucha entre la convicción de hacer lo correcto y el egoísmo de mirar para otro lado para conservar la confortabilidad. No todos se atreven a perder un estatus, un trabajo o a someterse al desprecio del resto del rebaño (con el alto precio personal y familiar que se suele pagar) por sacar a la luz una ilegalidad, que muchas veces esconde una red de mentiras con maneras mafiosas
Es el caso de la brigada María Serrano, que tiene abiertos 18 procesos judiciales por haber osado enfrentarse a la jerarquía de la Guardia Civil. Denunció un supuesto caso de corrupción en su unidad, en el Seprona de Sevilla, donde detectó unas irregularidades en la tramitación de denuncias sobre el comercio ilegal de productos pesqueros e inmaduros. Ahí empezó su calvario.
Su cruzada le motivó un enfrentamiento con el entonces coronel jefe de la comandancia de Sevilla, Fernando Mora Moret. Una testigo calificó el encuentro entre ambos como «la mayor bronca» que había presenciado en los 24 años que llevaba de servicio. Para un juez militar, en cambio, aquello solo fue una «riña paternal». El caso llegó incluso al Congreso de los Diputados. Entonces, la Guardia Civil denunció a la brigada por denuncia falsa, le retiró la especialidad y ordenó su traslado a Madrid, a las conducciones de detenidos y presos. Y también abrió un procedimiento para desahuciarla de la vivienda en la que residía en el acuartelamiento de Montequinto.
Serrano tiene tres delitos imputados: por denuncia falsa; contra la Administración de Justicia Militar («por hacerles trabajar», explica la brigada); y por verter manifestaciones contra el honor. Son siete años de brega contra la injusticia, el machismo y la omertá. Serrano cuenta todos los detalles de su cruzada en EL LIBRE, que se publicará en dos entregas.
-¿Cómo puede aguantar tantos años de enfrentamiento contra su superior?
-Su mejor arma es el hastío, el desgaste. Hay muchos momentos en los que te entran ganas de dejarlo ya todo y olvidarte. Luego siempre hay alguien que siempre te hace seguir. Recientemente, me vino una contestación del Comité de Peticiones de Europa y tampoco hemos conseguido lo que pretendíamos. Cuando te dan esa serie de mazazos, te quedas bastante tocado, pero no te queda otra que seguir adelante. La corrupción no es algo aislado, sino que te das cuenta de que en todas las instituciones se cuecen habas, porque entran en juego todos los demás estamentos y poderes del Estado que permiten que funcione un sistema corrupto.
-¿Por qué España no cumple la directiva europea de protección de los denunciantes de corrupción?
-Porque no le interesa. Tenemos el ejemplo en los bares de copas: la policía local los denuncia por ruido, pero ese gerente de ese pub prefiere pagar una multa y continuar al día siguiente con su negocio, porque le interesa más lo que gana que lo que paga de multa. Entonces, a España no le interesa trasponer esa norma. Europa le impone una sanción pecuniaria, pero que pagamos todos los españoles. Si tiras cañonazos con pólvora del rey, viva la Pepa. Hablamos de un sistema democrático, pero que está corrompido.
-Habla usted en sus intervenciones en distintos programas de streaming de abolir la justicia militar. ¿Eso es posible o el Gobierno nunca se meterá en eso?
-Debería meterse. El procedimiento es que el Gobierno haga una reforma en el Congreso de los Diputados. En 2020, un partido político entregó una propuesta para esta reforma legal, como están luchando todas las asociaciones de guardias civiles. En el día a día, nosotros hacemos funciones policiales y no tenemos que estar bajo el paraguas de la jurisdicción militar y que ahí se dirima un comportamiento puramente laboral, llevando a cabo ejercicios policiales, y que se dirima en un juzgado militar. Es totalmente anacrónico. PP y PSOE lo prometen muchísimo cuando están en los mítines pero, a la hora de la verdad, no lo llevan a cabo. ¿Por qué? Porque ahí hay una serie de intereses que nadie se atreve a tocar: la jurisdicción militar es un Kremlin y nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Tiene muy poco sentido, porque el que hoy es juez, mañana puede ser fiscal. La objetividad brilla por su ausencia.

-¿Cómo de grande es la injusticia que se ha hecho con usted?
-Ellos te abren estas imputaciones y las cierran cuando consideran apropiado. Todo esto es contra un mando, Fernando Mora, que actualmente es el jefe del Estado Mayor. No se puede premiar al presunto que no lo está haciendo bien y castigar tanto a la persona que está denunciando corrupción. Vivimos en un país en el que se hacen las cosas al contrario.
-¿Puede recordar cómo eran aquellas presuntas irregularidades en la tramitación de denuncias sobre el comercio ilegal de productos pesqueros e inmaduros que usted denunció en 2015?
-Se llevaba haciendo, al menos, desde el año 2000. La Junta de Andalucía ha recibido muchísimo dinero de la UE para la lucha contra comercio ilícito de inmaduros. Mi subordinado era quien hacía el tema de los recursos. Ahí era donde este personaje (Mora) tenía su gran monopolio. Él te denunciaba hoy, mañana te hacía el recurso y Santas Pascuas. O bien lo denunciaba él u otra patrulla o Instrucción Pesquera. Y luego llegaba y se ponía de parte de los denunciados para hacerle los recursos correspondientes para que el expediente sancionador fuera nulo o el mínimo posible.
-¿Y qué lucro conseguía él con eso?
-Evidentemente, uno no hace esas cosas a cambio de nada, pero mi función no es demostrar que él se lucraba, porque el Código Penal no te dice que, como requisito para que eso sea un ilícito penal, te tengas que lucrar. Este hombre (Mora) ha llegado a ir como testigo de Mercasevilla a los juicios después de que el propio cabo denunciara a Mercasevilla.
Comentarios recientes