cansado de teleoperadores

Un hombre pierde los nervios por el acoso telefónico de las compañías.

Economía, Opinión, Sociedad

¡Dejen de llamar a mi teléfono para hacerme ofertas!

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Bancos, compañías de seguros, teleoperadoras, eléctricas, empresas de café… La lista de grandes corporaciones que subcontratan operadores en España, Perú o lugares más recónditos para acosar telefónicamente a las personas es interminable. Siempre han sido molestas, pero ahora se ha abierto la veda y se han convertido en auténticos depredadores del cliente

Suena el teléfono a las cuatro de la tarde. Uno trata de descansar antes de seguir trabajando cuando una voz sensual (o no) trata de engatusarme con la oferta del siglo o, más bien, de principios de siglo: lo más de lo más, pero siempre con una letra pequeña que suele esconder una estafa. No se salva ni uno. Invaden nuestra intimidad y nuestra privacidad como una garrapata intangible que no te puedes arrancar del vientre. Y lo damos por sentado, lo asumimos y nos conformamos. Pues ya es hora de pegar un puñetazo colectivo encima de la mesa de caoba de esos ricos empresarios, algunos de ellos imputados, que desconocen el significado de trato cercano, buen servicio y respeto tanto al cliente como a sus propios teleoperadores. El panorama es penoso en la atención al cliente de estas lucrativas compañías: o voces grabadas que no te solucionan nada o voces humanas que te toman por un tonto aburrido. Esto debe acabarse cuanto antes.

A las personas mayores o pacientes les aturden con su discurso aprendido en un curso de formación para hacer clinc, clinc, caja y al siguiente. Los mismos teleoperadores compiten entre sí para que su nombre aparezca en el primer puesto de la pizarra, el que más vende y, por tanto, el que se lleva una comisión más alta.

La pandemia ha recrudecido el modus operandi de estos desalmados que perturban tu día a día de forma muy invasiva. Por ejemplo, Iberdrola me ha llamado no menos de 10 veces en el último mes desde distintos teléfonos y a distintas horas del día para cogerme desprevenido. Ponen a prueba tu educación y sacan lo peor de ti, porque, por mucho que les dices que, por favor, no te llamen más, lo siguen haciendo. Y, como Iberdrola, una ristra de empresas acosadoras como Movistar+, Vodafone, Jazztel, Orange, Naturgy, Endesa, BBVA, CaixaBank, Banco Santander… Podríamos pasarnos todo el santo día escuchando a comerciales cantarines que elaboran un discurso vacuo, con zanahoria y trampa final, esa letra pequeña que nunca te dicen, pero, ¡ay!, que aparece cuando menos te lo esperas en forma de sanción por irte a la empresa de la competencia.

Un tinglado sombrío y maquiavélico

Es un tinglado sombrío y maquiavélico, porque, para captarte, sí que utilizan a individuos con pinganillo, autómatas que tratan de ganarse la vida por unos cuartos a costa del consumidor y bajo el yugo de la explotación laboral del consejo de administración de turno. Unos ejecutivos que nunca han inhalado el olor a sudor de una sala de teleoperación y nunca han visto cómo un comercial puede acabar llorando porque un cliente le ha deseado la muerte por teléfono, ahíto ya de tanto engaño.

Hace unos años, me enteré de que existía una cosa llamada Lista Robinson, un servicio gratuito de exclusión publicitaria, a disposición de los consumidores, que tiene como objetivo disminuir la publicidad que éstos reciben. El servicio de Lista Robinson se enmarca en el ámbito de la publicidad personalizada, es decir, aquella publicidad que recibe un usuario direccionada a su nombre. «Para el progreso de la actividad económica, el tratamiento de datos de carácter personal es vital», dicen en la web del náufrago con todo el descaro del mundo. Y prosiguen: «En particular, los tratamientos de datos con fines publicitarios se reconocen en el Reglamento (UE) 2016/679″. Por supuesto, me apunté a ella. Entonces, ¿por qué me siguen llamando?

En la modificación del 14 de febrero de 2020, queda un poco más claro que, si tú estás en la Lista Robinson, no deben llamarte para hacerte una oferta bajo ningún concepto: «Las entidades adheridas deberán acceder a la Lista Robinson para excluir de las comunicaciones comerciales, propias o de terceros, a los ciudadanos inscritos, conforme a lo establecido en el anexo I (Reglas de Depuración)». A continuación, pueden ver el documento de modificación:

20200214Modificacion-del-Reglamento-del-Servicio-de-Lista-Robinson

Estamos ante una evidencia de que las grandes compañías tienen patente de corso para saltarse a la torera la ley. Y lo peor es que mucha gente no conoce todavía sus derechos (en este caso, La Ley de Protección de Datos y la existencia de la Lista Robinson). Hay que acabar con este acoso telefónico que retrasa la productividad y el descanso en España y que fomenta la agresividad y la frustración. ¿Tan desesperados están en Nespresso para tener que molestarte por teléfono con el fin de ofrecerte tres tubos gratis de cápsulas por la compra de otros ocho?

La amenaza de Jazztel

Conozco el caso de una señora mayor que se fue con Jazztel cuando se le acabó la permanencia con Vodafone, pero la compañía de las comillas en rojo y blanco le mejoró la oferta finalmente. El problema: el técnico de Jazztel ya le había instalado el aparato. ¿Saben por dónde se pasó la empresa musical el plazo de 14 días para desistir de la oferta sin coste alguno? Por el forro, obviamente. Amenazó a esta mujer con cobrarle 257 euros por la instalación realizada si se le ocurría volver con Vodafone, apelando a una norma de la empresa que, por supuesto, el pizpireta comercial nunca le dijo a esta venerable señora de 84 años. Así que, la anciana, llamémosle Antígona por el sufrimiento al que ha sido sometida, está condenada a estar 12 meses con Jazztel, que también estuvo acosándome por teléfono hace años por cierto, incluso con varias llamadas al día a mi teléfono fijo. Como no hacían caso de las advertencias en un acto de mala educación y de un carácter mezquino supino (todo está robotizado y los números saltan en la plataforma, subcontratada de forma precaria, como si fueran luciérnagas alrededor de un foco de plató de TV, según me dijo hace tiempo un teleoperador tratando de excusarse), tuve que cambiar mi teléfono fijo y expresé claramente a Telefónica que no quería que mi nuevo número apareciese bajo ningún concepto en la guía. Eso no ha evitado que vuelvan a molestarme los de IberNaturgy, CaixaBBVA, Endesafone o Vodatel. Da igual. Todos juegan con las cartas marcadas y con la connivencia de los gobiernos autonómico y central. Nadie hace nada por evitar este atropello.

Ellos dicen que graban la conversación por nuestra seguridad, pero, ¿conocéis a algún cliente estafado al que le hayan facilitado esa grabación en la resolución de un conflicto?

Dejen de darle coba a los comerciales de estas compañías. Cuélgenles el teléfono en cuanto se identifiquen. Es tan fácil como decirles: «No acepto nunca ofertas telefónicas. Si quiere hacerme una oferta, mándemela por escrito a mi correo electrónico o, en su defecto, a mi buzón postal. O ya iré en persona a uno de sus establecimientos cuando deje de estar contento con mi compañía actual, con la que negociaré de nuevo cuando se me acabe la permanencia. Si no llego a un acuerdo, ya os iré yo a buscar». Ellos dicen que graban la conversación por nuestra seguridad, pero, ¿conocéis a algún cliente estafado al que le hayan facilitado esa grabación en la resolución de un conflicto?

Aunque quieran venderle el oro y el moro, nadie da duros a pesetas en esta vida, háganme caso. Si entre todos bloqueáramos esa peligrosa vía de contratación de servicios que es el teléfono, cambiarían su forma rastrera y manipuladora de hacer las cosas, dejarían de explotar laboralmente a esos comerciales-teleoperadores-vendedores y se evitarían muchos engaños y muchos disgustos.


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Un comentario

  1. Avatar Mariano Urdiales

    Muy cierto e inoportuno que suene el tfno a la hora de la siesta. La verdad es que me dan pena esos comerciales que intentan ganarse la vida con esas llamadas. Pero sintiéndolo, no les doy la menor oportunidad, oigo el acento hispanoamericano y antes de que terminen de presentarse, les he dado las gracias y he colgado. Cada vez me llaman menos. Nunca hago un contrato por teléfono.
    Lo que me sorprende, es que nunca hemos sufrido tantas llamadas como desde el momento en que salió la ley de protección de datos. Sirve para algo esa ley, además de en ocasiones incordiar?.

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