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Una imagen que representa la diferencia abismal entre ricos y pobres.

Todo por y para los ricos

Actualizado 04/11/2026 20:29

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Decía Julio Iglesias en una de las últimas entrevistas que concedió antes de su enfermedad y su retirada de los escenarios que, a pesar de ser millonario, de tener casas en distintos continentes y de ser propietario de un aeropuerto, había una cosa que no podía comprar ni con todo el oro del mundo: «El tiempo»

Pero, en la actualidad, parece que los que más tienen sí que pueden comprar tiempo, ya que, si puedes pagar una consulta de especialista, te hacen hueco para mañana y no tienes que esperar dos años. Y si pagas a toca teja una operación quirúrgica, Quirón o Pascual te abren un quirófano para esta misma tarde. Y HLA te pone unos cacahuetes con una cervecita mientras esperas. La injusticia es la gran triunfadora en la sociedad más materialista que España nunca ha visto.

Todo sube. El surtidor manda, el petróleo dicta y tú copias con la cabeza agachada. Las líneas del supermercado arden por precios abusivos. Te gastas 20 euros en la frutería en un pispás y otros 80 en la compra no del mes, sino de la semana. ¿A dónde vamos? ¿Al cementerio de los tiesos? Si tienes dinero, te ahorras los ansiolíticos.

La luz… Esa Endesa que ahoga en penumbra (Iberdrola tampoco es la solución). Los mileuristas siguen en Sol por algo. Negarle una vivienda digna a una persona está mal, pero también se le niega ya el ocio. ¿Qué bolsillo aguanta poder ver LaLiga o la Champions? Encima nos hacen pagar cuotas mensuales importantes por ver Netflix o Movistar+ con anuncios. El servicio telefónico de estas compañías es ya robótico. Quéjate a la IA. Que la IA aguante tu furia, que a mí me da la risa.

¿Y los bancos? Ellos nunca pierden. Ellos siempre tienen el pie sobre el escroto del cliente. Unas veces aprietan más con hipotecas o retención de pagos y otras aprietan menos cuando tienen el detalle de dejarte acceder a tu nómina y de no birlarte fondos para especular. Letras pequeñas, para qué os quiero.

Todos los meses hay noticias de condenas judiciales por mala praxis bancaria y, como pasa con las compañías de telefonía y de electricidad, da igual el nombre. Banco Santander, CaixaBank, Sabadell, Unicaja, BBVA… Pirateo en pleno siglo XXI. Uber y Cabify también ejercen la dictadura de los precios. ¿Y qué decir de esos miserables que dirigen las compañías de seguros?

Todos somos esclavos. ¿No siente usted los latigazos en la espalda? ¿En serio no los siente a diario?

Grandes tenedores, pequeños tenedores… Yo quiero ser cuchara para no tener que pagar tanto dinero por cuatro paredes y un techo. Yo quiero ser cuchillo para cortar los hilos que me unen a esta sociedad enferma y avariciosa.

Me parece muy normal que la gente salga a la calle a reivindicar una vivienda asequible y una educación pública digna, pero hay que aprovechar esta ola para exigir mucho más: una sanidad pública en condiciones; precios limitados por ley en los supermercados; fin de los privilegios de los políticos que nos representan; precios limitados por ley de las viviendas de pequeños y grandes tenedores; precios limitados por ley de la electricidad; precios limitados por ley de la gasolina… A ver si así dejamos de recibir hostias como panes todos los meses y recuperamos la capacidad de ahorrar algo para el futuro de nuestros hijos. Que no sólo los ricachones puedan ahorrar.

El ahorro debería ser otro derecho fundamental auspiciado por la Constitución para evitar que la pobreza campe a sus anchas por las calles y los parques de nuestra querida Andalucía.

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