Ahora que la derechona va a merecer llamarse así gracias a esa unión matrimonial entre el PP y VOX, que Feijóo y Abascal ni quieren ni pueden negar, se puede decir con toda seguridad que hemos dejado Málaga para meternos en Malagón
Y es que todo da a entender que vamos a cambiar el peor gobierno que ha tenido la democracia española en sus casi cincuenta años de vida por uno que terminará de llevarnos a la ruina. Y es que todo tiene la posibilidad de empeorarse, menos la muerte, que siempre acierta con la manera de acabar con nosotros. Mi pesimismo siempre brilla más que esa fauna política que se protege en un agujero del que no debería salir.
La despedida del Gobierno de Pedro Sánchez, los podemitas y los siempre despreciables partidos nacionalistas catalanes y vascos es de por sí una buena noticia. Decimos adiós al presidente más guapo y más mentiroso. A uno capaz de destruir cualquier cosa si con ello se aseguraba mantener el poder. El Terminator guapo. Peor actor que Arnold, y eso ya es decir, pero, eso sí, con un apellido más sencillo de pronunciar. Ahí se acaba su sencillez. Su retorcimiento será difícil de olvidar, uno en el que elegía siempre la opción que complicase más la vida de los españoles.
Le dio un ministerio a Irene Montero, para igualar su ineptitud con la de ella. Una mujer cuyos únicos logros son conseguir que las relaciones entre los hombres y las mujeres hayan llegado a su peor punto en la historia moderna de nuestro país. Todos los hombres somos potencialmente violentos para ella, y para su segunda, la no menos desagradable Ángela Rodríguez Pam, cuyo patetismo raya cotas de perfección inalcanzables.
Me alegré como si fuera un éxito propio por la sentencia que obliga a la todavía ministra de igualdad, aunque ya por poco tiempo, o eso espero, a pagar 18.000 euros por acusar a un hombre de forma frívola de maltratador. Y es que ella es la justicia, la verdad y la vida. Supongo que, como casi todo el mundo, sus opiniones se basan en sus experiencias personales, y de éstas, se universalizan las opiniones. Y no parece que sus opiniones se hayan calmado con el paso del tiempo, sino que, por el contrario, cada vez es más radical en sus planteamientos. Y, que yo sepa, el hombre más cercano que tiene en su vida es Pablo Iglesias, con lo que uno no tendría más preguntas, señoría. El que «azotaría a Mariló Montero hasta hacerla sangrar». Pero yo no soy nadie para meterme en la relación sadomasoquista que ambos quieran tener si a ese acuerdo han llegado. Y uno no está hablando de sexo, que, evidentemente, uno no está en su habitación y ni sabe ni le interesa lo que allí hacen. Hablo de aguantarse el uno al otro todo el tiempo que no están en dicha habitación. Ahí sí que debe haber sadomasoquismo del bueno.
Del resto de ministros prefiero no escribir nada, porque casi nadie les conoce y yo no soy una excepción. Eso sí, como buenos defensores del corporativismo y por tanto jugadores de equipo, no han querido destacar y han preferido hacerlo igual de mal o parecido que la susodicha.
Que viene la ‘derechona’
Pero, como decía al principio, parece que ahora va a llegar la derechona para poner las cosas en su sitio. Es decir, en el sitio que ellos quieren, que es el de sus intereses y de los que los defienden. Vuelve el orden. Hacer las cosas como Dios manda. Una España rancia, basada en el antiguo régimen. Como decía el personaje de Alfredo Landa en una serie llamada Lleno por favor, «creo en Dios, en Franco, y en don Santiago Bernabéu». Ahora la frase cambiaría poco y la cantarían a la vez Feijóo y Abascal: «Creemos en Dios, en Franco y en Florentino Pérez«. Y no tengo nada en contra de los católicos, Dios me libre, y sus creencias. Uno también tiene sus dioses, eso sí, bastante más paganos, como mis padres, como Umbral, como Alvite, como Félix Romeo, como lo son mis pocos, y por tanto, buenos amigos. Pero sí me obligan a decirles la verdad, rezar. Sólo le he rezado a mis diosas, todas de carne y hueso, inteligentes, inmateriales.
Y hablando de mujeres y de la derecha, se me viene a la cabeza Macarena Olona. Mujer de pensamientos dispersos, indescifrables, como su rostro de jeroglífico egipcio. Se pone más de perfil que Cleopatra cuando le preguntan si ella es de extrema derecha, lo mismo que hacía la otra cuando no quería ni ver a sus sirvientes cuando le preparaban el baño y la leche de burra era sustituida por la de cualquier otro animal, siempre menos noble. Yo creo sinceramente que no lo es. Ella lo que quiere es beneficiarse de esta partidocracia y, para ello, debe conseguir escaño en las próximas elecciones. Ella defiende sus intereses y cree que hay un electorado cercano a Vox que, en algunas cosas, no se ven representados.
Ha creado un partido nuevo que se llama Caminando Juntos. En su logo, dos zapatos caminan en la misma dirección siendo uno de color rojo y el otro de color azul. La izquierda y la derecha andando en la misma dirección en una supuesta armonía. Eso sí los zapatos elegidos fueron unos de mujer y de tacón. La política debe presentarse de manera elegante y sensual para atraer la atención de la gente.
Macarena quiere que creamos en su falso buenismo, que ella nos guiará con sus zapatos ambidiestros a todos por el buen camino. La Mesías de los Javis sin ella saberlo, y tampoco los otros. Macarena intenta travestirse, pero hay poca seda para una chica tan mona. Andarse por las ramas no le va a funcionar para su desgracia, aunque, para el espectáculo en el futuro Congreso de los Diputados, claro que nos vendría bien. Los zapatos de los políticos siempre han ido por un camino que va en dirección totalmente contraria a la de los ciudadanos. En lo que sí que ha acertado es en elegir unos zapatos de tacón, pues con ellos nos golpean año tras año hasta dejar nuestras cabezas planas, disfuncionales, tanto que nos dejamos llevar por lo que nos dicen durante esos cuatro años y muchos se convierten en seres tan dependientes de ellos que necesitan volver a darles su confianza en las siguientes elecciones para que alguien les guíe en su camino equivocado.
Más que caminar juntos, lo que hacemos ciudadanos y clase política es tropezar entre nosotros cuando nos cruzamos. En ese cruce de caminos se encuentra la libertad. Mientras la sigamos pisando, ella seguirá oculta en el mejor de los escondites.
El tinglado sirve a las ideologías en detrimento de las libertades de todos.
Eso es lo que tenemos y la gran mayoría del personal entretenidos en enfrentamientos sin enterarse de nada.
Ya espabilaram cuando sea tarde.